
Crisis independentista
Llegan las elecciones a una ANC más en crisis que nunca: estas son las principales entidades del independentismo civil
El soberanismo afronta un doble desgaste político y social mientras sus principales organizaciones pierden músculo, influencia y cohesión interna

El independentismo catalán entra en una nueva fase de incertidumbre. Entre el 14 y el 18 de abril, la Asamblea Nacional Catalana (ANC) celebrará elecciones internas en un contexto marcado por el declive del movimiento soberanista, tanto en su vertiente política como en su tejido civil. Durante años, el independentismo se sostuvo sobre dos grandes pilares: el institucional —con partidos como ERC, Junts o la CUP— y el civil, articulado en torno a entidades como la ANC, Òmnium Cultural o el Consell de la República. Hoy, ambos atraviesan una crisis profunda.
En el plano político, la pérdida de apoyo electoral de Esquerra, Junts y la CUP contrasta con la irrupción de nuevas fuerzas como Aliança Catalana, que, además, según las encuestas la mitad de su electorado no es independentista. Pero este desgaste también se replica en la sociedad civil organizada: menos socios, menos movilización y crecientes tensiones internas. Las elecciones en la ANC llegan, así, en un momento especialmente delicado para una entidad que fue clave en la movilización del “procés” y que ahora lucha por redefinir su papel.
La ANC: de motor del ‘procés’ a una organización en retroceso
La ANC fue durante años el principal instrumento de movilización del independentismo. Su capacidad para llenar las calles en las Diadas y marcar la agenda política la convirtió en un actor central del movimiento. Sin embargo, la entidad atraviesa hoy una crisis evidente. Desde 2020 arrastra una caída sostenida de socios —acentuada en los últimos dos años— que ha supuesto una pérdida de ingresos de unos 840.000 euros. Este descenso ha obligado incluso a lanzar campañas de captación para intentar frenar la sangría.
A nivel interno, la situación tampoco es mejor. La etapa de Lluís Llach ha estado marcada por fuertes tensiones, dimisiones en bloque por considerar que la entidad había sido absorbida por el establishment —incluyendo figuras como Josep Costa— y críticas por la reforma de estatutos que blindó a la actual dirección. Además, la implantación territorial se ha debilitado: muchas asambleas locales han perdido actividad y la dirección ha reducido su influencia en las más dinámicas.
El Consell de la República: crisis de legitimidad y escándalos
El Consell de la República nació tras el referéndum de 2017 como una estructura destinada a "internacionalizar el conflicto" y ejercer una suerte de “gobierno en el exilio” del independentismo. Impulsado por Carles Puigdemont desde Bélgica, el organismo ha ido perdiendo peso con el paso del tiempo. Su crisis se agravó tras los escándalos que afectaron a su exvicepresidente, Toni Comín, por presunto uso indebido de fondos y acusado de acoso sexual.
La pérdida de liderazgo, la salida de delegados territoriales y la falta de recursos han dejado al Consell en una situación delicada. Su actual presidente, Jordi Domingo, defiende su papel como “autoridad nacional”, pero el organismo sigue lejos de la transversalidad que reivindica y arrastra problemas de credibilidad, además de una pérdida de socios importante.
Òmnium Cultural: resistencia desde el ámbito cultural
Òmnium Cultural ha sido históricamente el gran referente cultural del catalanismo, con una fuerte implicación en la defensa de la lengua y la identidad catalana. A diferencia de otras entidades, ha logrado mantener una base social relativamente sólida y una mayor estabilidad interna. Su estrategia, centrada en el ámbito lingüístico y cultural, le ha permitido adaptarse mejor al nuevo contexto político. Sin ir más lejos, es la que tiene mejor sintonía con el Govern de Salvador Illa.
No obstante, también ha reducido su perfil político más combativo y ha optado por una línea más pragmática, buscando interlocución con las instituciones. Este giro le ha permitido conservar influencia, aunque a costa de perder parte de la centralidad que tuvo durante los momentos álgidos del procés.
Plataforma per la Llengua, Intersindical y AMI: influencia sectorial en retroceso
Otras organizaciones del ecosistema independentista civil mantienen un papel más específico. La Plataforma per la Llengua centra su actividad en la defensa del catalán; la Intersindical-CSC en el ámbito laboral; y la Asociación de Municipios por la Independencia (AMI) en el municipalismo.
Estas entidades siguen siendo relevantes en sus respectivos campos, pero su capacidad de incidencia global ha disminuido en paralelo al debilitamiento del movimiento independentista en su conjunto. La pérdida de impulso del procés ha reducido su visibilidad y capacidad de movilización, situándolas en un segundo plano respecto a años anteriores.
El declive de estas entidades no es un fenómeno aislado, sino el reflejo de una crisis más amplia del independentismo. La desmovilización social, el desgaste tras años de confrontación política y las divisiones internas han erosionado un movimiento que llegó a parecer hegemónico pero que hoy es apoyado solo por alrededor del 35% de la población.
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