Entrevista

Llucia Ramis: «Las políticas de vivienda siempre se han hecho de cara a la propiedad»

La autora publica «Un metro cuadrado», la obra con la que consiguió el Premio de No Ficción Libros del Asteroide

Llucia Ramis
Llucia RamisMiquel González/Shooting

Estamos a las puertas de empezar el cuarto mes del año, pero a estas alturas ya se puede decir que Llucia Ramis ha escrito uno de los grandes ensayos del año con «Un metro cuadrado». La escritora y periodista se alzó con el IV Premio de No Ficción Libros del Asteroide con esta obra que aborda en primera persona la crisis inmobiliaria a través de la experiencia de la propia autora. Este diario mantuvo la siguiente entrevista con Llucia Ramis.

«Un metro cuadrado», ¿es una autobiografía? ¿Es un ensayo? ¿Unas memorias inmobiliarias? ¿Con qué género podemos definir su libro?

Es, al final, una combinación de memorias, una crónica de la transformación de las ciudades —en este caso Barcelona, pero también de lo que sería la isla de Mallorca—. Bueno, e Ibiza también: hablo de la transformación de los lugares. También es un reportaje literario sobre la vivienda, Al final somos los lugares que hemos habitado. Nos marcan mucho. El punto de partida es la pregunta qué hay sobre nosotros en los lugares por los que hemos pasado. Ellos nos determinan, nos condicionan la vida, pero la pregunta es si nosotros también dejamos rastro de nuestra presencia o de nuestro paso por los lugares. Ese es el punto de partida de esta exploración de los pisos en los que viví en un determinado momento de mi vida: vuelvo para ver quién vive ahora y qué relación tiene con aquella casa.

Es una obra muy oportuna y que llega en pleno debate sobre la vivienda.

Claro, cuando presento el libro al Premio No Ficción de Libros del Asteroide, el tema de la vivienda ya era un temazo. Ahora lo es todavía más, pero para mí ha sido importante durante toda mi vida, desde que llegué a Barcelona hace tres décadas. Vi que, además, debía ir acompañado de una investigación o una exploración —no sé exactamente cómo decirlo— de esa parte más factual, que tiene unas dimensiones estratosféricas, supercomplejas, y que yo no me sentí capaz de resolver. Creo que el libro también pone en valor el trabajo de los periodistas, de quienes han hecho una investigación en profundidad sobre el tema de la vivienda. Durante estos tres años he leído muchos libros, muchos ensayos muy interesantes que hablan de ello, y quería explicar también un poco cómo se construye el relato periodístico: es decir, cuál es la pregunta, de dónde surge esa pregunta, cómo vamos a buscar las respuestas, dónde encontramos las respuestas, y a partir de ahí cómo articulamos una manera de explicar el mundo que luego determinará también la forma en que se ve el mundo. Y este ejercicio también forma parte del libro.

El Artículo 47 de la Constitución asegura que «todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada». ¿Esto es verdad?

No, no es cierto por dos motivos. Primero, porque la Constitución dice que no ha de permitir la especulación, algo que todo el mundo olvida. El otro motivo es que el acceso al derecho a la vivienda en este país siempre ha estado confinado, en el fondo, a la posibilidad de tener una propiedad. Es decir, el centro se pone en la propiedad, no en la vivienda. La solución a la vivienda no puede ser que tengas la posibilidad de hipotecarte, la posibilidad de comprar, o la posibilidad de irte a casa de tus padres. Hay muchas personas que no tienen esa posibilidad y, por tanto, no tienen acceso a la vivienda. Tampoco puede ser que el acceso a una vivienda digna dependa de que te lleves bien con tu casero o de que tengas suerte con él. Porque, aunque te llevaras bien, aunque todo fuera bien, el precio del alquiler actualmente está muy, muy por encima del salario medio y eso complica muchísimo la posibilidad de vivir de alquiler en toda España. ¿Qué está pasando ? Pues que las políticas de vivienda siempre se han hecho de cara a la propiedad y no de cara a la vivienda en sí.

Apunta que hay veces en las que el fondo inversor no sabe que es propietario de un piso y no desaloja hasta no ver beneficio económico.

Es algo que veo muy bestia. Cuando empiezas a investigar los casos en que te ocupan la casa porque te has ido de vacaciones, eso es algo totalmente anecdótico. Pero evidentemente tiene mucho calado, porque interesa que el inquilino tenga miedo. Muchas veces esos fondos de inversión tienen carteras de viviendas de una dimensión tan enorme que ni siquiera saben que las tienen. Mientras no haya ocupación, no se dan cuenta durante muchísimo tiempo de su propiedad, aunque haya quejas de los vecinos. Todo cambia cuando ese barrio se pone de moda y entonces dicen: «Ostras, ahora puedo sacar dinero». Entonces sí que les interesa desahuciar.

¿La especulación es un reflejo de esta problemática?

Especular es una de las definiciones de este reflejo, y también es una manera de ver desde una atalaya: ver desde arriba todo lo que te rodea y saber cuál es el movimiento que te interesa hacer para sacar rentabilidad. La primera vez que se utiliza «especular» en este sentido más económico es en el siglo XVIII, con ese sentido de hacer una compra porque luego el mercado te beneficiará de alguna manera.

Afirma que la vivienda da más beneficios económicos cuando su función no es residencial, sino generadora de movimiento.

Esta es la gran perversión. Una casa es el lugar donde hay estabilidad, lo que significa justamente que no tienes miedo de que te echen, que estás a salvo. Cuando lo que importa es el dinero, lo que se hace es ir cambiando constantemente de inquilino, porque cada inquilino te ha permitido poner un precio más elevado y, por tanto, enriquecerte con esa circulación. Es como un producto bursátil.