Encuestas
Los catalanes prefieren vivir bien antes que tener un sistema democrático
Un 43% se muestra a favor de cuestionar el voto universal y la mitad confía más en los expertos que en los políticos

La última ola del Panel Ciutadà de Catalunya, elaborado por el Centre d’Estudis d’Opinió (CEO), revela una tendencia significativa en la percepción de los catalanes sobre la relación entre democracia y bienestar. En una escala del 0 al 10 —donde el 0 representa la preferencia por vivir en un sistema plenamente democrático aunque no garantice un buen nivel de vida, y el 10 prioriza un nivel de vida adecuado incluso en un sistema no plenamente democrático— la media se sitúa en el 5,5. El dato sitúa a la sociedad catalana ligeramente inclinada hacia la preferencia por el bienestar material frente a la calidad del sistema democrático, una posición que refleja cierto pragmatismo o, según se interprete, una desafección parcial hacia las instituciones políticas.
En paralelo, el estudio también mide la ubicación ideológica de los encuestados en el eje izquierda-derecha. En este caso, la media se sitúa en el 4,3 en una escala donde el 0 representa la izquierda y el 10 la derecha, lo que apunta a una sociedad que se percibe a sí misma como mayoritariamente de centroizquierda moderado.
Más llamativos son los resultados vinculados a la calidad democrática. Ante la afirmación de si “habría que cuestionar el voto universal”, un 17% de los encuestados se muestra "totalmente de acuerdo" y un 26% "de acuerdo", lo que suma un 43% de posiciones favorables a poner en duda este principio. Frente a ellos, un 15% se declara en desacuerdo y un 14% totalmente en desacuerdo, mientras que un 19% mantiene una posición intermedia.
En la misma línea, la idea de que “las mejores decisiones políticas las toman los expertos y no los representantes elegidos democráticamente” también obtiene un respaldo considerable. Un 19% está totalmente de acuerdo y un 31% de acuerdo con esta afirmación, frente a un 12% que se muestra en desacuerdo y un 7% totalmente en desacuerdo. Un 23% se sitúa en posiciones intermedias. Los datos apuntan a una confianza relevante en fórmulas tecnocráticas frente a los mecanismos tradicionales de representación.
Incomodidad ante determinadas relaciones
Estos resultados se enmarcan en un contexto más amplio sobre percepciones sociales y convivencia. La misma encuesta muestra que la incomodidad es especialmente elevada cuando se plantea que los hijos mantengan relaciones sentimentales con personas de origen árabe o magrebí. Un 45% de los encuestados reconoce sentirse incómodo ante esa posibilidad, frente a un 38% que se muestra cómodo, con una puntuación media de 4,8 sobre 10.
En el caso de las personas gitanas, el rechazo también es significativo, aunque menor: un 37% expresa incomodidad, frente a un 43% que lo vería con normalidad o de forma positiva.
Las actitudes son notablemente más favorables hacia otros orígenes. Solo el 17% muestra incomodidad ante una pareja negra, frente a un 64% que se declara cómodo. Con personas hispanoamericanas, la incomodidad es del 19% y la comodidad alcanza el 62%. En el caso de Asia oriental, los datos son aún más positivos: un 13% se siente incómodo y un 67% cómodo.
Una sociedad dividida ante la inmigración
El estudio también refleja una percepción ambivalente sobre el impacto de la inmigración. En una escala del 0 al 10 —donde 0 significa que la inmigración hace de Cataluña un lugar peor para vivir y 10 que lo mejora— la media se sitúa en el 5,1, prácticamente en el punto de equilibrio.
Esta división de opiniones tiene su reflejo en el panorama político catalán. En los últimos años han ganado protagonismo partidos que sitúan la inmigración y la seguridad en el centro del debate, como Vox o Aliança Catalana. Al mismo tiempo, otras formaciones han endurecido su discurso en esta materia: el Partido Popular y Junts han adoptado posiciones más firmes, mientras que Esquerra ha comenzado a introducir el vínculo entre inmigración e inseguridad en su agenda.
Por su parte, el Govern presidido por Salvador Illa ha puesto el acento en el refuerzo de la seguridad, con medidas como el Plan Kanpai y un mayor énfasis en la lucha contra la multirreincidencia.