Día Mundial del Cuidado del Oído y la Audición
"La sordera te aísla, pero el implante coclear mejora la vida al 100%"
Carlos, quien sufrió una pérdida auditiva severa debido a una enfermedad hereditaria y degenerativa, fue el primer paciente operado desde que Vall d'Hebron retomó los implantes cocleares en adultos hace un año
"Cuando dejas de oír, pierdes conexión con la gente. La sordera te aísla; yo dejé de participar en conversaciones", recuerda Carlos, quien incluso "había perdido la ilusión de volver a escuchar música".
Sin embargo, desde hace cerca de un año, un implante coclear le ha cambiado la vida. "Vuelvo a defenderme solo frente a la vida: puedo ir a comprar, hacer trámites... y he vuelto a escuchar música y el canto de los pájaros, ha disfrutar de la montaña con todos los sentidos", destaca ilusionado Carlos, el primer paciente operado en Vall d'Hebron desde que su Servicio de Otorrinolaringología retomara el programa de implantes cocleares, que se suspendió hace más de un década, cuando este servicio se centralizó en el hospital del Sant Pau. En el año que lleva en marcha, ya se ha hecho un implante coclear a una decena de pacientes de entre 23 a 82 años.
Y es que como señala la jefa de la sección de Otología de Vall d'Hebron, Elena Hernández, quien reconoce que "la intervención de Carlos, al ser la primera, fue muy emotiva" y, al acabar, se puso a "llorar de alegría", la sordera no es solo una limitación sensorial, sino que diversos estudios la asocian con un mayor riesgo de deterioro cognitivo y demencia, especialmente en personas mayores.
La falta de audición se relaciona también con "situaciones laborales precarias, una escasa vida social, falta de autonomía...", añade la doctora, algo de lo que puede dar buena fe Carlos. "Desde que empecé a perder audición de forma progresiva, fui dejando de entrar en conversaciones porque no entendía nada y poco a poco me fui asilando, ya no solo a nivel de relaciones sociales, sino de alicientes que tienes en la vida, como ir al cine o escuchar música y todo eso, poco a poco, lo vas dejando".
Pero es que además, Carlos vio como, de forma progresiva, iba perdiendo autonomía. "El hacer gestiones administrativas, ir a la compra"...eran tareas que cada vez le resultaba más complicado llevar a cabo sin apoyo.
Son muchas las causas de pérdida auditiva, pero en el caso concreto de Carlos, se debió a una miopatía miocondrial hereditaria, una enfermedad degenerativa por la cual, hace cerca de una década, empezó una pérdida auditiva progresiva hasta que llegó un momento que esta era tan severa que, sin audífonos, ya no oía nada.
La magia del implante
Entonces, los especialistas del Servicio de Otorrinolaringología de Vall d'Hebron que hacían el seguimiento a Carlos valoraron su caso para, finalmente, considerar que era tributario de un implante coclear. El criterio principal que debe cumplir una persona para optar a ello es que "sufra una hipocusia severa que afecte al oído interno y que el audífono ya no le funcione", explica la doctora Elena Hernández.
Al respecto, indicar que en condiciones normales, cuando el sonido entra por el oído, vibran unos huesos pequeños que lo amplifican y esa vibración llega hasta el oído interno, donde un líquido pone en movimiento miles de células ciliadas dentro de la cóclea, que tiene forma espiral, como un caracol. Sus vellosidades transforman el movimiento en impulsos eléctricos que viajan por el nervio auditivo hasta el cerebro, donde las neuronas interpretan las señales para convertirlas en sonidos.
Sin embargo, la mayoría de pacientes con pérdida auditiva en el oído interno tienen las células ciliadas dañadas, aunque el nervio de la cóclea mantiene su funcionalidad. En este contexto, el implante coclear mejora la audición de estas personas "transformando las señales acústicas en estímulos eléctricos que activan directamente el nervio auditivo", explica la doctora.
Este dispositivo electrónico está formado por dos componentes, uno externo que se coloca detrás de la oreja y recoge el sonido para enviar una señal al segundo componente, que es un implante ubicado bajo la piel, tras el oído, y que envía las señales de sonido a través de un cable muy fino que tiene pequeños electrodos de sonido y atraviesa la cóclea para que activen el nervio que envía información a las neuronas.
Carlos se sometió a esta intervención hace cerca de un año, pero la recuperación de la audición no es inmediata, sino que tuvo que hacer rehabilitación logopédica para conseguir el máximo rendimiento del implante coclear.
Rehabilitar para recuperar
"Al principio, cuando me activaron la parte externa del implante a las semanas de la intervención, el sonido era artificial, como metálico y uniforme", explica Carlos, quien entonces "no podía distinguir ni voces, ni entonaciones ni sonidos diferentes".
Es ahí donde la unidad de foniatría y logopedia juega un papel clave. "Tras la intervención, el paciente no oye igual que antes de perder la audición porque, en este caso, la información llega con impulsos y entonces trabajamos con la escucha activa y hacemos una terapia auditiva verbal para que aprenda a interpretar ese golpe metálico como un sonido", explica Álvaro Pérez, logopeda rehabilitador de la unidad de foniatria y logopedia.
En el caso de los adultos, los pacientes parten con una ventaja porque ya han desarrollado el lenguaje antes de perder la audición, de manera que tienen un recuerdo auditivo, mientras que en neonatos y la primera infancia esto no sucede. Por lo tanto, el trabajo de rehabilitación logopédica con el paciente adulto se centra "en ayudarles a reconectar con su mundo sonoro", indica Álvaro Pérez.
Vuelta a la vida
Al respecto, Carlos recuerda que "con el implante, poco a poco, después del trabajo de logopedia y que el cerebro recuperó ese sonido artificial como un sonido que yo ya identificaba como antes, empecé a tener una independencia real". Y cuando a los 6 meses recibió el alta de logopedia, ya pudo empezar a "experimentar un cambio gradual de mejora en todas las rutinas de la vida, de apertura al mundo y de sentirse integrado en la sociedad" .
"Empecé a recuperar funcionalidad", señala Carlos, quien a día de hoy incluso ha podido volver a disfrutar de la música y de la montaña, dos de sus grandes pasiones. Y es que como indica Álvaro Pérez, el resultado de la intervención y la rehabilitación logopédica varía mucho en función del caso, pero con Carlos ha sido un éxito puesto que "incluso ha podido volver a oír el canto de los pájaros".
Y todo ello ha generado en el paciente "mucha emoción". "Ahora vuelvo a ir a la montaña con la ilusión de escuchar los diferentes sonidos que produce la naturaleza, como los pájaros, las ramas...y eso es una alegría", confiesa Carlos, quien además dice "haber recuperado las ganas de escuchar música y la posibilidad de hablar por teléfono, algo que no hacía desde hace años".
En este sentido, una de las principales dificultades a la que han de hacer frente las personas con implantes cocleares es a gestionar las interferencias exteriores. "En ambientes donde hay ruido o varias personas hablando a la vez, estos necesitan focalizar la atención para poder seguir una conversación", explica Álvaro.
Pero cuando se trata de ver la televisión, hablar por el móvil o escuchar música, el implante les ofrece una ayuda extra y es que este cuenta con una tecnología que permite que su procesador se conecte directamente con los dispositivos, sin que el sonido tenga que pasar por la parte externa del implante, por el micrófono. De esta manera, Carlos recibe el sonido sin interferencias del exterior, de manera muy nítida.
En cualquier caso, lo que está claro es que para él, el implante coclear "es una mejora de la vida del 100%"