Client Challenge

Opinión

Tiempo para estudiar

El tiempo, que es lo único que tenemos, y que, como parece que nos sobra, tantas veces lo desperdiciamos

MADRID.-La 'Reina Roja' de Gómez-Jurado o la Guerra Civil de Uclés, entre los libros más demandados en bibliotecas madrileñas
LibrosEuropa Press

“La educación y la formación es lo único que iguala a los seres humanos”, leí hace poco en algún sitio. Y es verdad, porque son el fundamento sine qua non de la igualdad de oportunidades, porque son las únicas, o casi, que de verdad propician el desarrollo personal, y porque son el único medio de emanciparse y subir en la escala social a los que no tienen medios económicos. De ahí la trascendental importancia que tuvo siempre en nuestro país la escuela pública, también en lo que ahora insisten en llamar el oscuro franquismo, como ascensor social para las clases menos favorecidas, que veían en los libros y el estudio el único medio de prosperar y mejorar: sin estudios no hay futuro, nos decían.

“A mis 63 años, dedico siete u ocho horas diarias a estudiar. Me levanto a las cinco de la mañana y me lo paso pipa”: son palabras, del todo admirables, de Ferran Adrià, recogidas la semana pasada en las páginas de este diario. Porque, efectivamente –quien lo probó lo sabe–, se disfruta estudiando, y las horas se pasan volando cuando se tiene delante un libro, un libro que nos cuente, por ejemplo, los hechos que han ocurrido en el pasado, o que nos explique los secretos del mundo y de la naturaleza, o que nos enseñe a hablar y escribir en otra lengua.

Estudiar, una de las ocupaciones más nobles del ser humano. Y más a esas alturas, pasados los sesenta, cuando ya no se hace por obligación. Qué mejor manera, en llegando a la edad y condición de jubilados, de aprovechar el tiempo que poniéndose a estudiar un rato cada día. El tiempo, que es lo único que tenemos, y que, como parece que nos sobra, tantas veces lo desperdiciamos. Matar el tiempo, se dice también a veces, cuando no sabe uno qué hacer con él, y es esta una actividad que el tópico y la leyenda le han adjudicado por posición y naturaleza al jubilado. El modo como este la ha venido ejerciendo ha variado poco desde que se instituyó el milagro en forma de ingreso seguro en la cuenta corriente al final de mes: tomar el sol en un banco y mirar para las palomas de la plaza, visitar las obras, inspeccionar las nubes y, desde lo de la internet, darle al móvil, que se ha convertido en el recreo predominante, y en algunos casos absorbente.

Y dado que son inseparables, y que mutuamente se complementan, añadimos al estudiar la ocupación de leer, también noble y antigua, pues tanto la una como la otra, juntas o separadas, son probablemente el mejor remedio para no andar rebuscando continuamente en el rincón de las cosas perdidas, aquellas que, por unas u otras razones, se nos fueron quedando, pospuestas, aplazadas o a medio hacer, por el camino de la vida.