Evolución

Encuentran un rinoceronte en el Ártico y lo cambia todo

Reformula la historia evolutiva de los mamíferos remontándose 56 millones de años atrás.

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Representación artística del rinoceronte del Ártico.Julius Csotonyi

Durante décadas, el Ártico ha sido imaginado como un escenario extremo, inhóspito, casi vacío de vida en el pasado remoto. Un lugar de hielo, viento y silencio. Pero a veces basta un fósil para desmontar una idea entera. Y eso es exactamente lo que ha ocurrido con el hallazgo de un rinoceronte en el Alto Ártico canadiense.

La especie, bautizada como Epiatheracerium itjilik, vivió hace unos 23 millones de años y sus restos han aparecido en la isla Devon, muy por encima del círculo polar ártico. No se trata de un hallazgo fragmentario: el esqueleto está extraordinariamente bien conservado, lo que ha permitido reconstruir no solo su anatomía, sino también su historia evolutiva con una precisión poco habitual.

Lo primero que sorprende es su aspecto. No era el gigante robusto y cornudo que asociamos a los rinocerontes actuales. Era más pequeño, más esbelto, y probablemente sin cuerno. Pero lo verdaderamente revolucionario no es su forma, sino su ubicación.

Porque encontrar un rinoceronte en el Ártico implica una pregunta incómoda: ¿qué hacía allí? La respuesta obliga a reimaginar el planeta. Hace 23 millones de años, el Ártico no era un desierto helado, sino un ecosistema mucho más templado, con bosques y una biodiversidad inesperada. De hecho, los restos vegetales encontrados junto al fósil apuntan a un entorno capaz de sostener grandes mamíferos.

Restos fósiles de la nueva especie.
Restos fósiles de la nueva especie.Pierre Poirier/Canadian Museum of Nature

Pero el hallazgo, publicado en Nature y liderado por Danielle Fraser, va aún más lejos. El análisis del fósil revela que este rinoceronte está estrechamente emparentado con especies que vivieron en Europa millones de años antes. Esto sugiere que no era un habitante aislado, sino parte de una red de migraciones mucho más amplia.

Y aquí aparece una de las ideas más fascinantes del estudio: la existencia de un corredor natural, el llamado puente terrestre del Atlántico Norte, que habría conectado Europa y América del Norte durante más tiempo del que se pensaba. Gracias a él, animales como este rinoceronte pudieron desplazarse entre continentes, expandiendo su rango y diversificándose. En otras palabras, en aquellos tiempos, el Ártico no era una frontera. Era un paso.

Este detalle cambia profundamente cómo entendemos la evolución de los mamíferos. Durante mucho tiempo, los modelos se han centrado en rutas más meridionales, en climas más estables. Pero este fósil sugiere que las regiones polares, lejos de ser marginales, pudieron desempeñar un papel clave en la dispersión de especies.

“Siempre es emocionante describir una nueva especie, pero la identificación de Epiaceratherium itjilik aporta aún más, ya que nuestras reconstrucciones de la evolución de los rinocerontes demuestran que el Atlántico Norte desempeñó un papel mucho más importante en su evolución de lo que se creía – concluye Fraser -. En términos más generales, este estudio refuerza la idea de que el Ártico sigue ofreciendo nuevos conocimientos y descubrimientos que amplían nuestra comprensión de la diversificación de los mamíferos a lo largo del tiempo”.