Antropología
¿Y si no fueron los egipcios quienes construyeron las pirámides? Un nuevo hallazgo científico revoluciona el conocimiento sobre su origen
Nuevas hipótesis sobre la antigüedad de las pirámides y hallazgos arqueológicos en Europa y Oriente Próximo reavivan una discusión que parecía cerrada
La historia antigua rara vez permanece inmóvil. De vez en cuando, surge una teoría que promete reescribir capítulos enteros del pasado y obliga a revisar lo que dábamos por sentado. En las últimas semanas, varios nombres propios y estudios han vuelto a poner el foco sobre uno de los grandes iconos de la humanidad: las pirámides de Guiza.
Las pirámides podrían ser anteriores a los egipcios
Según se resume en el vídeo del canal Atraviesa lo Desconocido, “hay varios estudios científicos; no uno, son varios” que cuestionarían la cronología tradicional. La hipótesis más llamativa atribuye a la Gran Pirámide una antigüedad muy superior a la aceptada por la egiptología académica.
La posición aceptada por la mayoría de especialistas sostiene que la Gran Pirámide fue construida hacia el 2580–2560 a. C., durante el reinado del faraón Keops, en la IV Dinastía del Reino Antiguo. Esta cronología se apoya en inscripciones halladas en cámaras internas, en registros de canteras, en restos de aldeas de obreros descubiertas en Guiza y en dataciones por radiocarbono de morteros y materiales orgánicos asociados.
Sin embargo, el ingeniero italiano Alberto Donini propuso una revisión radical basada en el llamado método de erosión relativa. Según su investigación, sus mediciones del desgaste de la piedra caliza arrojarían estimaciones “entre 5.700 y más de 54.000 años, con un promedio de unos 24.900 años”, lo que situaría la construcción en torno al 23.000 a. C.
No obstante, la comunidad académica respondió a su hipótesis con escepticismo, como bien resume en su vídeo Fon Ramos. La erosión superficial depende de múltiples variables (clima, viento, arena, contaminación o intervenciones humanas) y no suele considerarse un indicador fiable por sí solo para establecer cronologías tan remotas. Además, no existen restos materiales que acrediten la presencia en el valle del Nilo de una civilización capaz de levantar monumentos megalíticos de esa magnitud hace más de 20.000 años.
Göbekli Tepe y los símbolos del Paleolítico
El debate se ha visto alimentado por otros descubrimientos arqueológicos que sí cuentan con amplio respaldo científico. En el yacimiento de Göbekli Tepe, en la actual Turquía, datado en torno al 9600 a. C., se han documentado enormes pilares decorados con relieves de animales y patrones geométricos. Su antigüedad, anterior a la agricultura plenamente desarrollada, obligó a replantear la idea de que solo las sociedades agrícolas podían organizar construcciones monumentales tan complejas como las pirámides de Egipto.
Por otra parte, estudios publicados en la revista PNAS han analizado miles de grabados en objetos del Jura de Suabia (Alemania), con una antigüedad de entre 43.000 y 34.000 años. Los investigadores identificaron 22 símbolos recurrentes y plantearon que podrían formar parte de un sistema simbólico estructurado, lo que evidencia una complejidad cognitiva avanzada en el Paleolítico superior.
Estos hallazgos demuestran que hubo sociedades humanas llevando a cabo conocimientos geométricos muy precisos mucho más antiguos, unos 12.000 años, de lo que mucho anteriores a los egipcios. No obstante, dar el salto desde esa sofisticación cultural hasta la construcción de pirámides comparables a las de Guiza exige pruebas arqueológicas directas que, hasta ahora, no han aparecido.
Algunas teorías alternativas también apuntan a la erosión de la Esfinge como indicio de lluvias intensas en periodos anteriores al 3000 a. C., cuando el clima del Sahara era más húmedo. Este argumento ha sido debatido durante años y sigue generando controversia, aunque la mayoría de geólogos considera que no invalida la cronología general del Reino Antiguo.
Más recientemente, investigaciones basadas en radar de apertura sintética (SAR) han sugerido posibles cavidades profundas bajo la meseta de Guiza. Estas técnicas permiten detectar anomalías en el subsuelo, pero su interpretación requiere verificación mediante excavaciones directas que el Gobierno egipcio no facilita. Sin acceso físico y análisis estratigráfico, las imágenes radar no constituyen evidencia definitiva de complejos subterráneos artificiales.
El vídeo también recoge la idea de una supuesta “supercivilización global” con paralelos en lugares como Sacsayhuamán o Baalbek. Si bien estos enclaves presentan arquitectura megalítica impresionante, la arqueología convencional los sitúa en contextos culturales y cronológicos muy distintos, sin pruebas sólidas de una civilización mundial unificada en la prehistoria.
En cualquier caso, estas investigaciones ayudan a concretar más lo que se sabe sobre uno de los monumentos más enigmáticos de la historia de la humanidad. La arqueología es una disciplina que evoluciona con nuevos métodos y está abierta a revisar sus conclusiones cuando aparecen datos robustos y que también exige estándares rigurosos de prueba.
Las pirámides de Guiza siguen siendo un prodigio técnico del Reino Antiguo egipcio. Las evidencias acumuladas (inscripciones, contextos funerarios, restos de trabajadores, herramientas y registros administrativos) forman un entramado coherente que respalda su datación en el tercer milenio antes de Cristo.
Eso no significa que todo esté dicho. El estudio de enclaves como Göbekli Tepe o de los sistemas simbólicos paleolíticos demuestra que la historia humana es más compleja y antigua de lo que imaginábamos hace un siglo. Muy posiblemente, todo lo que sabemos actualmente es la punta del iceberg de un mundo que seguimos descubriendo.