Cambio climático
Un mundo sin peces: el calentamiento provoca una disminución anual del 20%
Es la conclusión de un estudio liderado por el CSIC que analizó más de 700.000 estimaciones de cambios de biomasa oceánicas.
Los océanos cubren más del 70 % de la superficie del planeta, regulan el clima, producen gran parte del oxígeno que respiramos y soportan innumerables formas de vida, desde microbios hasta grandes mamíferos marinos. Pero la temperatura del agua está aumentando de manera constante como consecuencia del calentamiento global. Ese calor extra no se queda en la atmósfera: más del 90 % del exceso de energía atrapado por el efecto invernadero acaba almacenándose en los océanos, elevando su temperatura media y alterando profundamente los ecosistemas marinos.
Ahora, un estudio publicado en Nature Ecology & Evolution ha cuantificado por primera vez el impacto de ese calentamiento en la biomasa de los peces, es decir, en el peso total de los organismos que conforman las poblaciones de peces a lo largo de los océanos del hemisferio norte. Los autores, liderados por Miguel Araújo, del CSIC, analizaron más de 700.000 estimaciones de cambios de biomasa provenientes de casi 34.000 poblaciones de 1.566 especies de peces entre 1993 y 2021 en áreas tan distintas como el Atlántico Norte, el Mediterráneo y el Pacífico nororiental.
El resultado es contundente: cuando se elimina el “ruido” de los eventos meteorológicos extremos, como las olas de calor marinas, que pueden causar subidas temporales de población en zonas frías, el calentamiento crónico del océano está asociado con una disminución sostenida de hasta cerca del 20 % de la biomasa anual de peces.
¿Qué significa esa pérdida de biomasa? Cuando hablamos de una caída de biomasa de casi una quinta parte, no es solo una cifra abstracta. La biomasa refleja la abundancia total de peces en el océano y es una medida clave para entender la salud del ecosistema marino. Una reducción de este calibre tiene múltiples implicaciones. La más obvia es que menos peces significa menos alimento. Los peces son una fuente fundamental de proteínas, vitaminas y ácidos grasos omega-3 para miles de millones de personas en todo el mundo. En muchas regiones costeras, especialmente en países en desarrollo, la pesca constituye una pieza esencial de la dieta local y de la economía. Un declive sostenido de las poblaciones de peces podría traducirse en menos capturas, precios más altos y escasez de recursos nutricionales clave para comunidades que dependen casi exclusivamente de ellos.
Pero hay más. Los peces no solo son recursos de pesca: forman parte de complejas redes tróficas. Cuando sus poblaciones disminuyen, se altera el equilibrio entre depredadores y presas, lo que puede desencadenar supresiones o explosiones de otras especies, afectando a la biodiversidad en general. Además, peces más pequeños o menos abundantes pueden tener un impacto menor en funciones ecológicas críticas, como el reciclado de nutrientes o el control de algas.
La pesca comercial y artesanal sostiene innumerables empleos en puertos y comunidades costeras. Desde la industria pesquera hasta el turismo asociado a la observación de vida marina, una reducción de la biomasa puede traducirse directamente en pérdidas económicas y sociales. Además, especies emblemáticas para la gastronomía y la cultura local pueden verse amenazadas, con consecuencias que van más allá de lo ambiental.
El equipo de Araújo también señala que las olas de calor marinas pueden causar picos temporales de abundancia en zonas frías, donde algunas especies se benefician de un ambiente más cálido. Sin embargo, esos aumentos son de corta duración y pueden ocultar la tendencia negativa subyacente asociada al calentamiento continuo.
Aunque el debate público suele centrarse en el clima terrestre, los océanos son uno de los sensores más sensibles del calentamiento global. La caída de la biomasa de peces no es un problema aislado: está directamente conectada con la seguridad alimentaria global, la economía de comunidades costeras, la estabilidad de los ecosistemas marinos y la cultura humana vinculada al mar. El estudio deja claro que el océano no es una entidad aislada: la salud de los mares está entrelazada con la nuestra. Cuando disminuye la biomasa de peces, pierde el planeta entero, porque nuestro futuro alimentario, económico y ambiental depende del ritmo con que actuemos ahora.