
Meteorología
La NASA advierte del regreso de “El Niño Godzilla”: el fenómeno climático que puede alterar el clima del planeta
De acuerdo con los expertos es capaz de producir un aumento de las temperaturas globales de entre 2º y 3º centígrados.

En el océano Pacífico ocurre periódicamente un fenómeno capaz de reorganizar el clima del planeta entero. Cuando aparece, puede provocar lluvias torrenciales en unas regiones, sequías devastadoras en otras y, a escala global, incluso empujar las temperaturas del planeta hacia nuevos récords. Ese fenómeno se conoce como El Niño–Southern Oscillation (ENSO), una oscilación climática natural que alterna entre tres fases: El Niño, La Niña y una fase neutral. Cada pocos años, el sistema cambia y altera la temperatura de las aguas del Pacífico tropical, desencadenando una cascada de efectos meteorológicos que se extiende por todo el planeta.
Durante un episodio de El Niño, las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial se calientan más de lo habitual. Ese calor adicional modifica los vientos, desplaza las corrientes oceánicas y cambia la posición de las grandes corrientes atmosféricas. Como consecuencia, algunas zonas del planeta reciben lluvias intensas mientras otras sufren sequías prolongadas, y la temperatura media global suele aumentar temporalmente.
El Niño no ocurre todos los años. Lo habitual es que aparezca cada dos a siete años, alternándose con su fase opuesta, La Niña, en un ciclo natural que los climatólogos vigilan con enorme atención. Las repercusiones pueden ser enormes. Un episodio intenso puede desencadenar inundaciones en partes de América y África, sequías en regiones de Asia o Australia y alterar incluso la actividad de los huracanes en el Atlántico. Por eso, el seguimiento del fenómeno se ha convertido en una prioridad para organismos meteorológicos internacionales.
Entre las instituciones que monitorizan continuamente este sistema destacan la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) de Estados Unidos y la World Meteorological Organization (WMO), que coordinan redes globales de satélites, boyas oceánicas y modelos climáticos. Los modelos climáticos indican que el Pacífico podría estar acercándose a un nuevo cambio de fase. Tras varios años dominados por condiciones cercanas a La Niña, algunos modelos sugieren que El Niño podría desarrollarse a lo largo de 2026.
La NOAA estima actualmente entre un 50% y un 60% de probabilidad de que El Niño se forme hacia el segundo semestre del año, aunque las previsiones todavía son preliminares. La WMO, por su parte, ha señalado probabilidades cercanas al 40% de aparición entre mayo y julio, cifras que podrían aumentar a medida que avance el año y se disponga de más datos. Por su parte, los climatólogos advierten además de un obstáculo bien conocido: el llamado “barrera de predictibilidad de primavera o SPB por sus siglas en inglés, una etapa del año en la que resulta especialmente difícil predecir con precisión si el sistema ENSO evolucionará hacia El Niño o permanecerá en fase neutral.
Pero el problema es cuando El Niño se vuelve “Godzilla”. En ocasiones excepcionales, El Niño puede alcanzar una intensidad extraordinaria. Los científicos denominan a estos episodios “super El Niño” o, de forma más informal, “Godzilla El Niño”, un término popularizado tras algunos de los eventos más extremos registrados. Algunos modelos climáticos tempranos sugieren que el calentamiento que comienza a observarse en el Pacífico podría evolucionar hacia un evento particularmente fuerte hacia finales de 2026 o principios de 2027.
Estos episodios son raros: suelen ocurrir solo una o dos veces por década, pero pueden dejar una huella profunda en el clima global. El episodio de 1997-1998, considerado uno de los más intensos del siglo XX, provocó una reorganización climática global muy marcada. En la costa occidental de América del Sur, especialmente en Perú y Ecuador, las lluvias torrenciales causaron inundaciones masivas y deslizamientos de tierra. En otras regiones del planeta ocurrió lo contrario: partes de Indonesia y Australia sufrieron sequías extremas e incendios forestales generalizados. La NOAA estima que este evento causó miles de muertes y daños económicos superiores a 4 billones de euros en todo el mundo.
Otro ejemplo importante fue el El Niño de 2015-2016, comparable en intensidad al de 1997-98. Este episodio elevó temporalmente la temperatura media global y contribuyó a que 2016 se convirtiera en el año más cálido registrado hasta ese momento. También produjo sequías severas en África austral y partes de América Central, al tiempo que generó lluvias intensas en zonas de Sudamérica.
Si finalmente se desarrolla un El Niño intenso, lo hará además en un contexto muy distinto al de décadas anteriores: un planeta que ya se ha calentado considerablemente por el cambio climático. Ese contexto podría amplificar algunos de sus efectos, elevando aún más las temperaturas globales y aumentando la probabilidad de fenómenos meteorológicos extremos.De acuerdo con los expertos es capaz de producir un aumento de las temperaturas globales de entre 2º y 3º centígrados.
Por ahora, los científicos siguen observando con atención el Pacífico. Las aguas ecuatoriales de ese océano funcionan como una gigantesca caldera climática: cuando su temperatura cambia, el planeta entero siente las consecuencias.
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