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Fósiles

Un niño de 11 años encuentra el fósil de una tortuga de 48 millones de años

El hallazgo ha identificado el caparazón casi completo de una tortuga del Eoceno, confirmando la existencia de sistemas acuáticos en un periodo de clima cálido en Norteamérica

Un niño de 11 años encuentra el fósil de una tortuga de 48 millones de años Craig Thomas, BLM Rock Springs Field Office

Un paseo en busca de rocas terminó convirtiéndose en todo un descubrimiento científico. Touren Pope, de 11 años, visitaba terrenos públicos del suroeste de Wyoming junto a sus abuelos Patti y Tom Patterson cuando les llamó la atención lo que parecía una roca más del paisaje árido.

Después de observarlo detenidamente, informaron de su descubrimiento al personal de paleontología de la Oficina de Administración de Tierras (BLM) de Estados Unidos.

Este aviso permitió identificar posteriormente el fósil de una tortuga de 48 millones de años, evitando que la erosión causara daños irreversibles.

Un vestigio del Eoceno

Hace 48 millones de años, la Gran Cuenca del Río Green en Wyoming tenía un aspecto muy diferente al actual. El clima era mucho más cálido y el territorio estaba conformado por una extensa llanura llena de lagos, ríos y arroyos.

La tortuga encontrada pertenecía a una variedad de caparazón blando de la familia de los trioníquidos. Tras su muerte, sus restos fueron enterrados y fosilizados mediante diversos procesos naturales.

Durante millones de años, el animal permaneció sepultado hasta que recientemente salió a la superficie debido a la erosión natural.

Recuperación del fósil

La pieza conservada es el caparazón, prácticamente completo, cuya morfología permitió su clasificación pese a la ausencia del resto del esqueleto. Este grupo de reptiles acuáticos ya habitaba en Norteamérica durante el Eoceno.

La extracción se realizó mediante técnicas controladas por profesionales. Se retiró cuidadosamente el sedimento circundante y se protegió el fósil para su traslado al Museo Geológico Tate, depósito autorizado por la BLM.

En el laboratorio, los trabajos de limpieza revelaron con claridad las estructuras óseas internas del caparazón.

Touren y sus abuelos tuvieron el privilegio de participar en la excavación. Como reconocimiento simbólico, el joven pudo bautizar el fósil, llamándolo "Pequeño Timmy".

Desde la institución subrayaron la relevancia de que la ciudadanía contribuya a la protección de los terrenos públicos y del patrimonio científico que albergan.

Más allá de lo anecdótico, el descubrimiento aporta información significativa para comprender mejor los ecosistemas del Eoceno.