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Artemis II

¿Por qué los astronautas de la misión Artemis II no han pasado la cuarentena?

Apenas 24 horas después de su regreso, ya están con sus familias, sin pasar por ningún protocolo de aislamiento.

Neil Armstrong, Michael Collins y E. Aldrin saludando a Nixon tras su viaje a la Luna (1969) NASA

Hay algo paradójico, casi contradictoriamente intuitivo… o intuitivamente contradictorio: 14 días antes de salir de la Tierra, los astronautas se aíslan del mundo, pero al volver de uno de los entornos más extremos imaginables, regresan directamente a él. Sin cuarentena. Sin barreras. Como si el peligro estuviera aquí abajo… y no ahí arriba. Y, en cierto sentido, lo está. La razón por la que las agencias espaciales como la NASA obligan a sus tripulaciones a pasar una cuarentena antes del lanzamiento tiene menos que ver con el espacio y más con algo mucho más cotidiano: los virus, las bacterias y esa fragilidad invisible que damos por sentada en la vida diaria.

Antes de una misión, como la reciente Artemis II, los astronautas entran en lo que se llama programa de “estabilización de la salud”. Durante unas dos semanas viven en aislamiento controlado, evitando lugares públicos, usando mascarillas y limitando incluso el contacto con sus propias familias. En el espacio, una simple gripe deja de ser algo menor. Allí no hay hospitales, no hay especialistas, no hay margen para parar. Un resfriado puede impedir compensar la presión en los oídos durante un cambio de cabina; una infección leve puede volverse seria en un entorno donde el sistema inmunitario se debilita. Y, sobre todo, no hay sustitutos.

Una misión como Artemis II es una coreografía milimétrica en la que cada astronauta tiene un papel insustituible. Si uno enferma antes del lanzamiento, no solo peligra su salud: puede retrasarse o cancelarse una misión de miles de millones de euros. Por eso la cuarentena es, en realidad, una forma de proteger algo más grande que el propio cuerpo humano: el tiempo, la precisión, la ventana exacta en la que todo debe ocurrir. Es, si se quiere, una cuarentena contra el azar.

Pero entonces surge la pregunta inevitable: ¿por qué no ocurre lo mismo al regresar? La respuesta es porque no hay nada que “traer de vuelta”. Durante los años sesenta y setenta, en plena era de las misiones Apolo, existía un miedo muy real a la contaminación extraterrestre. Los astronautas que regresaban de la Luna eran aislados, junto con las muestras lunares, por si acaso habían entrado en contacto con microorganismos desconocidos. Era una precaución lógica en una época en la que sabíamos muy poco sobre otros mundos. Pero esa incertidumbre se fue disipando.

Hoy sabemos que la Luna es un entorno extremadamente hostil para la vida: sin atmósfera, sin agua líquida estable, bombardeada por radiación. La probabilidad de que un astronauta traiga consigo un patógeno lunar es, en la práctica, nula. Por eso las cuarentenas post-misión desaparecieron tras las primeras misiones Apolo. En otras palabras: el riesgo biológico no está ahí fuera.

Además, hay otra razón menos evidente y más humana. Al regresar, los astronautas sí pasan por controles médicos exhaustivos, pero el objetivo no es proteger a la Tierra de ellos, sino a ellos de la Tierra. Su cuerpo ha cambiado: han perdido masa ósea, su sistema cardiovascular se ha adaptado a la microgravedad, su equilibrio ya no es el mismo. Lo que necesitan no es aislamiento, sino readaptación. Volver a caminar ya es bastante desafío. Así que la lógica se invierte. Antes del viaje, se protege la misión del cuerpo humano. Después, se protege el cuerpo humano del regreso.

Hay algo profundamente simbólico en esta asimetría. Durante siglos, imaginamos el espacio como una fuente de peligros desconocidos, casi biológicos, como si el universo estuviera lleno de amenazas invisibles esperando cruzar la frontera. Pero la realidad es otra: el mayor riesgo sigue estando aquí, en nuestra propia biosfera, en ese ecosistema microscópico del que no podemos escapar.

La última misión lunar estadounidense que regresó a la Tierra, el Apolo 17, no tuvo que someterse a cuarentena a su regreso en 1972. No obstante, para las misiones a otros planetas, sí se aplicarán estrictas medidas anticontaminación.