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El sorprendente laberinto subterráneo de la ciudad del vino en Valencia

Bajo las calles empedradas de La Villa de Requena hay un entramado de bodegas y trullos interconectados, excavados directamente en la roca

El sorprendente laberinto subterráneo de la ciudad del vino en Valencia
El sorprendente laberinto subterráneo de la ciudad del vino en ValenciaDavid Soler CrespoLa Razón

Bajo las calles empedradas de La Villa de Requena, el barrio medieval que corona la ciudad, se extiende uno de los conjuntos subterráneos más singulares del patrimonio vinícola español. Un entramado de más de 20 bodegas y trullos interconectados, excavados directamente en la roca, que conforman un auténtico laberinto bajo tierra. Un mundo oculto que durante siglos fue tan cotidiano como invisible.

Los trullos, nombre con el que los requenenses se refieren a los antiguos lagares subterráneos, no eran espacios excepcionales: eran parte de la casa. Cada familia elaboraba su propio vino bajo sus pies, aprovechando unas condiciones naturales extraordinarias. A unos siete u ocho metros de profundidad, la temperatura se mantiene constante, en torno a los 12–14 grados, con una humedad estable que favorecía la fermentación y la conservación del vino durante todo el año.

La mayoría de estas bodegas datan de entre los siglos XII y XV, aunque algunas estructuras podrían ser anteriores. Excavadas sin un plano general, crecieron de forma orgánica, ampliándose según las necesidades de cada vivienda. De ahí su trazado irregular: pasadizos estrechos, cambios de altura, galerías que se cruzan y respiraderos verticales —los llamados zarceras— que conectan con la superficie y permitían la ventilación de las tinajas de barro.

Se calcula que más de 30 tinajas de gran formato llegaron a estar en uso simultáneamente en este subsuelo, algunas con capacidades superiores a los 3.000 litros. El vino no se producía para el comercio a gran escala, sino para el consumo familiar y local. Era un vino de subsistencia, ligado al calendario agrícola y a la vida cotidiana.

Con la llegada de las bodegas industriales en el siglo XX, muchos trullos quedaron abandonados o sellados. El laberinto permaneció dormido durante décadas, hasta que las labores de recuperación sacaron a la luz un patrimonio excepcional. Hoy, una parte de este entramado es visitable y forma parte de la Ruta del Vino Utiel-Requena, convirtiéndose en uno de los principales atractivos culturales de la ciudad.

Requena es conocida por sus viñedos de altura y por la bobal, pero guarda su historia más íntima bajo tierra. Un lugar donde el vino no se exhibía, se protegía; no se explicaba, se vivía. Y donde, aún hoy, cada galería cuenta una historia excavada en silencio.

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