Estreno

Crítica de "El agente secreto": perdidos en una selva de imágenes ★★★★★

Dirección y guion: Kleber Mendonça Filho. Intérpretes: Wagner Moura, Gabriel Leone, Maria Fernanda Cândido, Alice Carvalho, Carlos Francisco, Hermila Guedes. Brasil, 2025. Duración: 158 minutos. Thriller.

Un fotograma de "El agente secreto"
Un fotograma de "El agente secreto"Imdb

¿Quién es ese agente secreto? Podríamos pensar en una clásica película de espías, en el remake de un clásico del Hitchcock británico, en una de James Bond sin James Bond. Pero no hay tal personaje en la excepcional película de Kleber Mendonça Filho, a no ser que consideremos agente secreto a ese ciudadano de a pie (estupendo Wagner Moura) que, como tantos otros, no se doblegó a la maquinaria corrupta de la dictadura militar del Brasil de 1977.El título, en todo caso, quiere despistarnos, porque no se trata de enfocar la atención sobre nadie sino de dispersarla sobre el mundo, dejar que el cine se despliegue sin buscar clausuras, cine de cabos sueltos que invita a que nos colguemos de ellos y viajemos de liana en liana, como salvajes en una selva de imágenes. Y ahí está el placer que depara este filme inabarcable: no hay abrazo que mida su generosidad de espíritu.

Sería fácil pensar que su estructura es más errática de lo que a Mendonça le gustaría, aunque es en ese vagabundeo que el fresco de una época se carga de sentido, precisamente entre dos cadáveres que funcionan como el inicio y el fin de una carrera de fondo. Primero, un muerto sin imagen; en la clausura, la imagen de un muerto. La película, que amplifica los logros de las notables “Doña Clara” y “Bacurau”, contaría, pues, esa inversión visual sin atender a las leyes del relato clásico, a pesar de que resulta difícil imaginar que exista un filme contemporáneo con más ganas de contar cosas que “El agente secreto”: contar la historia de los que resistían y se escondían, de sus verdugos, de un tiburón que se escapó de las marquesinas de los cines para digerir extremidades, de las salas que temblaban con “La profecía”, de una pierna asesina y justiciera, de los afectos entre padres e hijos; en fin, contar la historia de un país, recuperar su pasado para proyectarlo en el presente, con el fin de que no nos olvidemos del péndulo, que siempre vuelve para dictar sentencia, y escuchar las voces que intentaron detenerlo, o quisieron que cambiara de dirección.

No hay que ser impacientes. Durante más de noventa minutos de sus casi tres horas de metraje (que se hacen cortas), Mendonça presenta a su elenco de personajes (atención a la veterana matrona, que regenta con mano firme pero dulce el escondite de todos los que quieren huir del régimen del general Ernesto Geisel), y parece que no va a terminar nunca, pero la foto de conjunto es apasionante, porque todos tienen algo interesante que aportar, aunque no tengamos demasiado claro de qué va la película, que hace de la digresión su razón de ser. Seguro que es un thriller político, pero nunca se conforma con esa etiqueta, a pesar de que su musculosa resolución nos brinde una modélica persecución, en montaje paralelo, que no desentonaría en “La batalla de Argel”, “Z” o sus coetáneas yanquis. Difícilmente se van a encontrar con una película más imprevisible, más inclasificable, más vital durante este año.

Lo mejor:

Su energía inabarcable, su falta de prejuicios al mezclar géneros populares y su compromiso ético contra la corrupción.

Lo peor:

Que tenga pocas posibilidades de repetir la hazaña de “Parásitos” en los Oscar.

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