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Estreno

Crítica de "Whistle: el silbido del mal": papilla para plataformas ★★ 1/2

Director: Corin Hardy. Guion: Owen Egerton. Intérpretes: Dafne Keen, Sophie Nélisse, Sky Yang, Percy Hynes White. Fotografía: Björn Charpentier. Estados Unidos, 2026. Duración: 136 minutos. Drama.

Por cada estreno de terror elevado, hay diez subproductos de terror en las catacumbas. Son películas que, en la década de los ochenta, eran carne del directo a vídeo, y ahora parecen diseñadas para reciclar la inteligencia de los títulos de primera división en papilla para plataformas. Ni siquiera son filmes con la personalidad de la serie B, porque su estética y sus soluciones narrativas parecen haber pasado por la licuadora de la estandarización. Así las cosas, “Whistle. El silbido del mal” es intercambiable con títulos como “Tarot” o “Siete deseos”, por poner dos ejemplos donde una maldición también acosa a un grupo de jóvenes.

No importa que, como en este caso, la excusa sea una reliquia azteca, que invoca la muerte de quien se atreve a utilizarla como silbato, porque el resultado es el mismo que si el objeto culpable hubiera sido una baraja del tarot, una ouija o una caja mágica. Lo más curioso es que siempre se trata de películas que se toman muy en serio a sí mismas, y que trabajan con personajes marcados por el trauma, que se culpabilizan tanto por haber fallado en el pasado como por negarse la posibilidad de un futuro. Ese pesimismo ontológico atraviesa la trama de “Whistle”, que, en realidad, es una variación del argumento vertebral de la saga “Destino final”.

No es el único homenaje que se permite hacer el filme a clásicos del terror reciente, como demuestran los ecos de la notable “Smile 2” en el clímax en la fábrica de acero abandonada. La originalidad no es lo que busca “Whistle”, por mucho que, marcando la diferencia, su débil trama romántica sea de tono ‘queer’. Tampoco las muertes, sangrientas pero en exceso digitales, pasarán a los anales del cine "gore". ¿Qué nos queda, pues? Preguntarnos qué demonios hace Nick Frost en una película tan poco propensa al chascarrillo, y desear que a nadie se le ocurra caer en la tentación de hacer una secuela aprovechando el tópico del final abierto y el silbido infinito.

Lo mejor:

La crueldad de alguno de los asesinatos, especialmente el de la habitación y el accidente de coche.

Lo peor:

Que a alguien se le ocurra aprovechar el final abierto para perpetrar una secuela.