Periodismo cultural

Habla la ex editora de «Book World», cerrado por Jeff Bezos: "Le importa más el apoyo de Trump a su carrera espacial"

Dos de los ex responsables del diario, adquirido por el magnate, reflexionan en torno a la deriva del diario y de la prensa estadounidense en el contexto actual

Marie Arana, ex editora de «Book World», cerrado por Jeff Bezos
Marie Arana, ex editora de «Book World», cerrado por Jeff BezosLa Razón

Este 4 de marzo se cumple un mes desde que «The Washington Post» ejecutó drásticos recortes que también se llevaron por delante a «Book World», su histórica sección de libros. El golpe llegó en medio de una oleada de despidos más amplia que afectó aproximadamente a un tercio de la plantilla (375 trabajadores). Además de borrar de un plumazo las reseñas literarias, el diario también desmanteló la sección de deportes, recortó varias corresponsalías en el extranjero y suspendió el podcast Post Reports. «Una completa negligencia a la ciudad que sirve», asegura Marie Arana, la exeditora adjunta de la sección a LA RAZÓN, «darles la espalda a las artes, la cultura, los libros, la fotografía, los deportes y a la ciudad misma es una farsa. El periódico está siendo claramente castigado y desmembrado a propósito», asegura.

La dirección del Post ha presentado el ajuste como una cirugía imprescindible para sobrevivir a los cambios tecnológicos y a los nuevos hábitos de consumo, pero Arana no compra este relato. Sin rodeos, la veterana editora que llegó a «Book World» en 1993 y se mantuvo en la sección hasta el 2008, apunta a un cierre marcado por motivaciones personales que van más allá de las métricas y los clics. En una entrevista con este diario, sostiene que la decisión responde a las ambiciones del actual propietario del medio, Jeff Bezzos «porque tiene otros intereses, como Blue Origin, su programa espacial, que necesitan el apoyo de Trump y de las oficinas gubernamentales», asegura la periodista cultural.

«Tráfico e interés»

Para su excompañero Marty Baron, el primer editor ejecutivo del Post durante la era Bezos, el recorte no es solo un daño interno, es un golpe directo al lector. A su juicio, «estamos fallándoles a la hora de ofrecerles temas culturales». Un gran diario, asegura, no puede reducirse únicamente a a política e información, necesita algo más para no perder su misión. Baron reconoce que los libros quizá no generen «el mismo tráfico digital que otros temas, como la política», pero insiste en que la salud de un periódico no se mide solo en clics. «Es muy importante que los periódicos tengan una relación directa y sólida con sus lectores y suscriptores. Una forma de fortalecer esa relación es ofrecer una amplia variedad de cobertura disponible para los lectores cuando la necesitan, y creo que la están perdiendo».

Portada del "Book World"
Portada del "Book World"La Razón

A su juicio, el coste para el público es enorme, porque se limita el acceso «a ideas que de otro modo no habrían escuchado. Pierden una guía sobre lo que deberían leer y lo que no querrían leer, y los libros también son un pilar de la democracia, donde se intercambian ideas». Baron, que llegó a su puesto en 2013 y se mantuvo en el cargo durante 8 años, cree que el Post debería haber conservado su cobertura literaria y pone en duda que priorizar la última hora de información vaya a genera mayor «tráfico e interés entre sus lectores». En su forma de verlo, la actualidad atrae, pero no necesariamente fideliza, por eso cuestiona que esta nueva estrategia lleve a los lectores a «mantener su suscripción». El riesgo está en parecerse demasiado a todo lo demás, justo cuando lo más importante en los tiempos que corren es saber diferenciarse, y con esta decisión el periódico reduce personalidad.

La esperanza

Por eso precisamente apostó Jeff Bezos en 2013, cuando compró el diario. Entonces publicó una carta de presentación en su nuevo medio asegurando que sus valores «no debían cambiar», y que «el deber del periódico seguirá siendo con sus lectores, no con los intereses privados de sus dueños». Hoy esa declaración suena lejana, se impone la rentabilidad y con ella una paradoja que Arana pone sobre la mesa sin adornos. «Es el empresario que levantó su imperio con los libros», dice en referencia al nacimiento de Amazon en 1995 como librería online, «tiene dinero de sobra para salvar el periódico», pero «no quiere invertir en su futuro ni en su reinvención; ni quiere venderlo», y remata con una acusación directa, «¿Qué significa eso para usted? Significa que está satisfaciendo el odio de Trump hacia el Post y todo lo que representa».

"Book World" nació en 1972, en los años inmediatamente posteriores al estallido de Watergate, como una apuesta del periódico por darle un espacio propio a la crítica literaria dentro de un diario generalista. Arrancó con un equipo mínimo de cinco personas, pero musculado, que sacaba adelante cinco reseñas diarias y llenaba 16 páginas del suplemento dominical. Con el tiempo, la sección fue ensanchando su huella. En 2025, al menos nueve periodistas se hacían cargo de preparar el contenido que se publicó por última vez el pasado 8 de febrero. Cuatro días antes, el equipo había abandonado la redacción para no volver. «Siempre existe la esperanza de que algo nuevo surja de las cenizas. Y es muy posible que surja una nueva reseña literaria independiente. El talento está ahí; los lectores están ahí. Algo nuevo nacerá de esto».

Las muestras de apoyo han llegado desde múltiples frentes, incluido un homenaje en la mítica librería Politics and Prose de la capital del país, Washington D.C. La convocatoria desbordó todas las expectativas. Más de 400 personas llenaron la librería, entre ellos editores, autores, periodistas, curiosos y también lectores habituales del periódico que quisieron dar el último adiós a «Book World», la sección que durante décadas sirvió de brújula para descubrir libros y asomarse a nuevas ideas que no siempre tienen cabida en la sección de actualidad informativa. Precisamente Arana fue la maestra de ceremonias por su larga trayectoria de 23 años primero como editora adjunta y más tarde como editora jefa desde 1999. Al encuentro también asistió la poeta Rita Dove, que contó cómo para ella se había convertido en un ritual del domingo «sorprenderse» con las reseñas que trajera la sección literaria del Post. Dove contó como una conocida suya le decía que abrir el «Book World» cada domingo era «como si mordiera un chocolate sin saber qué relleno iba a tocarle, coco, turrón o crema de frambuesa». Ese azar era parte del pacto no escrito entre el periódico y sus lectores que el pasado 8 de febrero se rompió para siempre. Corren tiempos difíciles para las secciones de los medios de comunicación que suman prestigio, pero no aportan liquidez. El pasado septiembre, la agencia de noticias Associated Press también cerró su apartado de reseñas de libros, un servicio del que se nutrían muchos medios locales y redacciones más pequeñas. Otro varapalo a la industria cultural que cada vez queda más reducida mientras las inversiones se desplazan a otros escaparates como Instagram, Tik Tok y las newletters.

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