RAE
La lengua española y los desafíos ante un nuevo orden mundial
El ensayo «Geopolítica del español», publicado por la RAE y el IEEE, analiza los retos del futuro

Basta con echar un vistazo a las páginas precedentes en este diario. El mundo se encuentra en una nueva convulsión y la cultura hispana tiene que estar preparada para lo que puede llegar, para buscar su lugar en el futuro. Con ese propósito, la Real Academia Española (RAE) y el Instituto Español de Estudios Estratégicos publican «Geopolítica del español» (Espasa), un ensayo sobre los nuevos desafíos que presenta el orden internacional y en el que un nutrido grupo de académicos, políticos, militares, intelectuales y escritores analizan diferentes puntos de vista sobre la capacidad de la llamada «diplomacia blanda», basada en la cultura y la comunicación, de la cultura hispana.
En el acto de presentación del libro, cuyo prólogo ha sido escrito por el Rey, el director de la RAE, Santiago Muñoz Machado, matizó que la fuerza del español «no es solo una cuestión de números» si lo contemplamos desde el hoy, sino un problema de la unidad de la lengua gracias al esfuerzo continuado de la RAE a lo largo de tres siglos. Como recordó Muñoz Machado, la independencia política de los virreinatos no generó una disparidad de lenguas «gracias a que la única institución que nunca salió de América fue la Real Academia Española. La única de todas. Y era porque su prestigio, su poder blando, siguió intacto en la Historia». «Tiene algo de extraordinario que durante tanto tiempo se haya mantenido la unidad de un idioma sin que haya una utilidad que lo imponga. Es una cuestión de autoridad», enfatizó el director de la RAE. Por su parte, el jefe de Estado Mayor de la Defensa, el almirante general Teodoro López Calderón, afirmó que no hay duda de que la cultura y la lengua tienen una dimensión geopolítica. El concepto de «poder blando» alude a «la capacidad de un país para influir en otros actores internacionales a través de la cultura y los valores en contraposición al uso de la fuerza, el llamado poder duro. El idioma desempeña un papel central que permite la difusión de valores y narrativas de una comunidad política facilitando que sean interiorizadas por otras sociedades», entre otros factores.
El discurso de Cervantes
En la presentación también tomó la palabra el académico Juan Luis Cebrián, coordinador del volumen, que citó el discurso de Cervantes de Don Quijote sobre las letras y las armas y destacó que se trata de un libro «serio y entretenido». Uno de los autores del volumen, el teniente general del El director del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (Ceseden), Miguel Ballenilla y García de Gamarra, fue muy elocuente al respecto de las capacidades de la lengua: «No son tiempos aparentemente propicios para escribir sobre el poder blando. Vivimos una etapa en la que el poder militar, tecnológico y financiero ocupan de nuevo el centro del escenario», dijo, para después matizar: «El poder duro carece de legitimidad en sus fines si no es capaz de generar adhesión. Despreciar el poder blando sería eliminar el humanismo de la geopolítica», quien también habló sobre el terreno en Bosnia, Irak, Líbano y Afganistán: «El español es, a mi juicio, un gigante silencioso del poder blando global. No es un instrumento de imposición, es un espacio de encuentro. No solo se trata de un vehículo de comunicación, es un ecosistema cultural compartido por cientos de millones de personas. La música, el deporte, el cine y la literatura han convertido al español en una lengua de consumo cultural global más allá de sus naturales fronteras demográficas. Cuando centenares de millones de personas en EE UU escuchan canciones en español sin necesidad de traducción y jóvenes de todo incorporan expresiones hispanas a su vocabulario cotidiano, cuando competiciones deportivas proyectan referentes hispanohablantes a escala planetaria, estamos ante una forma de proyección geopolítica». No se trata, añadió, «de nostalgia imperial ni de romanticismo lingüístico, sino de comprender que en un mundo fragmentado donde la competencia estratégica se está intensificando, la capacidad de atraer, de conectar y generar afinidad cultural es un activo estratégico de primer orden. Con el poder duro, se disuade; con el blando, se persuade».