Literatura
Las rutas familiares de Helena Resano
La periodista debuta en la novela con «Las rutas del silencio», obra que ubica en Biarritz el principal escenario
Desde los diversos miradores que se extienden por la costa de Biarritz, resulta hipnótico observar cómo la luz lo riega todo con un brillo cambiante. Un reflejo que varía según el día: «Si no hacía viento, el naranja lo inundaba todo: el horizonte, las dos rocas que cerraban la bahía... Si hacía viento, el agua de las olas rompiendo creaba una especie de luz blanca que cubría buena parte del paseo y que difuminaba los perfiles de los edificios y del casino». Estas palabras las escribe Helena Resano en una novela que, ambientada en gran parte en esta ciudad francesa, presentó in situ a finales de marzo, junto a un grupo de periodistas que le acompañamos en una jornada en la que, por cierto, hacía un poco de viento. Un lugar que, confesaba, «me ayuda a desconectar completamente de todo. Aquí vuelvo a ser anónima». La reconocida periodista, que hace 10 años publicó «La trastienda de un informativo» (Alienta), debuta en la ficción con una obra cargada de experiencia personal, imaginación y sensibilidad por el entorno.
Navarra, París y, ante todo, Biarritz, son los paisajes que el lector recorrerá para seguir los pasos de Amalia, la protagonista de «Las rutas del silencio» (Espasa). Tras la Guerra Civil, la familia de esta joven soñadora sobrevive vendiendo ajos en un pueblo cercano a Pamplona, pero la sequía ha arrasado las cosechas. La chispa emprendedora de Amalia la llevará hasta conocer a Dominique, un sofisticado restaurador francés que le da su primera gran oportunidad laboral: cruzar la frontera para ayudarle en su nuevo restaurante. Junto a sus padres, se instalarán en Biarritz, una ciudad empeñada en recuperar su antiguo esplendor después de la Segunda Guerra Mundial, y donde también conocerán a John, un excombatiente norteamericano con el que la protagonista vive su primer gran amor y encuentra un gran cómplice para su negocio: una empresa de transportes que crece hasta conectar el sur de Francia con París, Italia y España.
En este trabajo reside el germen de la novela, pues la idea le surgió a Resano cuando, en 2020, «un francés que comparte conmigo el apellido me contactó por Instagram, preguntando por mi árbol genealógico», recuerda, «él estaba buscando los orígenes de su tatatarabuelo, quien salió de Navarra a principios de 1800 y llegó a Biarritz, donde montó una línea de camiones que acabaron vendiendo en 2010 a DHL. Ese hombre, sin saberlo, me regaló una historia». Y a partir de ella comenzó a formular su propia novela, adaptándola a características más cercanas a su propia experiencia, y resultando en una obra cargada de amor romántico y familiar, así como de mujeres fuertes y con agallas.
Aroma marítimo
Asegura Myriam Galaz, editora de Espasa, que al personaje de Amalia «jamás se le puso un pero. Lo tenía muy claro desde el principio y su arco está muy bien hecho». Opina la periodista que «en todas las épocas, incluso ahora, una mujer ambiciosa está mal vista, es poco menos que sibilina, traicionera, con malas artes. Mientras que un hombre ambicioso es un triunfador. La ambición de Amalia, y es el caso de esa época, nace no por buscar el éxito individual, sino por el prosperar de su familia. Algo que pasamos por alto es que, en el caso de Amalia, uno de los detonantes de su ambición es Dominique, un hombre bueno, listo y currante. Ella demuestra su valía, pero no sin él, o sin su padre, que la comprende y la apoya».
Durante la visita a Biarritz, la autora nos descubría los escenarios que hacen que la novela cuente con un brillo especial, con un aroma marítimo esperanzador. Desde el encantador e íntimo Chateau Claire de Lune hasta el espectacular Hôtel du Palais, que se levanta majestuoso frente a la bahía, Resano también se ha impregnado de rincones de la ciudad que le han llevado a dejarse embaucar por las anécdotas del barrio de marinero, o por el sabor de la crêpe de la Pâtisserie Miremont. Todo ello, en un proceso creativo que ha durado casi dos años, y que ahora deja en manos de los lectores: «Si yo soy crítica leyendo, pienso en cómo va a ser la gente que va a leer la novela. Tengo todas las expectativas abiertas. Los que damos la cara todos los días –en televisión– convivimos con las críticas, estamos todo el día expuestos. Bueno, cada uno tiene su opinión», concluye.
Cartas a una hija
La novela también viaja a finales de los años 90, cuando Esther, la hija de Amalia, descubre unas cartas que le escribió su madre ya fallecida. Una relación epistolar que le llevará a conocer más sobre el pasado de su familia, y que también tiene resonancias en la vida de Helena Resano. «Llevo escribiéndole a mi hija desde que supe que estaba embarazada de ella», asegura la autora, puntualizando que en gran parte también escribía para sí misma. La escritura «me ayudó en el momento en el que iba a ser madre. Era un alivio, porque yo era muy joven, me veía muy desbordada, y escribir me ayudó a procesar, a entender que me iba a perder oportunidades laborales», recuerda.