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Centenario

'Tirano' de 1926; tiranos de 2026

'Tirano Banderas', la "esperpéntica" novela de Ramón María del Valle-Inclán, cumple 100 años de su publicación completa

Ramón María del Valle-Inclán, padre del "esperpento" Archivo

Juan Manuel de Prada define a don Ramón María del Valle-Inclán como «el último virrey de Indias de la literatura española». Con la vista y la pluma clavadas en un horizonte de eternidad –continúa–, el escritor brindó al lector, desde hace ahora un siglo, una obra que no es ni del pasado ni el presente. Ni tampoco de ningún futuro concreto: «Una literatura que es la metamorfosis final del esperpento, como poética del sentido trágico de la vida española, fundida en cónclave o aquelarre con la palpitación telúrica de América, con los ríos subterráneos de su alegría y su dolor desaforados», escribe el prologuista en la nueva edición de «Tirano Banderas» que acaba de publicar Espasa para conmemorar el centenario del lanzamiento de esta novela.

Un título que es historia de nuestras letras y que tardó cerca de tres años en completarse. El 14 de noviembre de 1923, el autor ya daba fe en una carta que le escribió a Alfonso Reyes de lo que tenía entre manos. En «estos tiempos», decía, trabajaba en lo que denominó «una novela americana»: el texto de un tirano con rasgos del Doctor Francia, de Rosas, de Melgarejo, de López, y de don Porfirio. También bebió de quien gobernaba España en aquella época, el general Primo de Rivera, a quien el escritor no tenía ningún afecto.

Una suma de modismos americanos

Para dicha empresa, Valle se había propuesto emplear una «suma de modismos americanos de todos los países de lengua española, desde el modo lépero al modo gaucho». Y proseguía con sus explicaciones de esa República de Santa Trinidad de Tierra Firme, «un país imaginario, como esas cortes europeas que pinta en algún libro Abel Hermant». Un país, añadimos ahora, que no nos suena tan lejano si miramos el mundo en marzo de 2026: Tirano Banderas ejerce un poder absoluto de manera despiadada, junto a él, está una corte de aduladores y un ejército poco fiable que se sublevará. En el otro bando, está la tropa revolucionaria unida más por el odio al tirano que por un programa político. Y por otro lado están los gachupines, los españoles, el cuerpo diplomático, que aún conserva una gran influencia política y económica en la región.

O, como resumía el director de teatro Oriol Broggi cuando la llevó a las tablas en 2013: «Hay un tirano que es el que manda, que representa unos intereses que no son los del país, ni los de España, son unos intereses económicos»...

De junio de 1925 a octubre de 1926, el escritor de «Luces de bohemia» fue dando a conocer en diversos medios de comunicación diferentes partes de la novela que, con ampliaciones, reubicaciones, correcciones de distinto signo y nuevos textos, convirtió, en el verano-otoño de 1926, en la versión final que apareció el 15 de diciembre de 1926. «Valle se muestra en esta novela como un gran artista exasperado. Y lo que le irrita y angustia es ver copiadas, incluso aumentadas a veces, en Hispanoamérica, las lacras españolas. Y no encontrar salida», subrayaba Francisco Caudet en su edición de 2017 (Cátedra).

Valle-Inclán continuaba así añadiendo platos a su menú de las esencias del esperpento.