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Teatro de la Comedia

Calderón de la Barca y los límites del juego del escondite

La 7.ª promoción de la Joven Compañía debuta con 'El escondido y la tapada', una comedia de enredo dirigida por Beatriz Argüello y versionada por Carolina África

'El escondido y la tapada' lleva la acción al Madrid del siglo XVII Mauro Testa

«El escondido y la tapada», de Pedro Calderón de la Barca (ahora en versión de Carolina África), es una obra que nunca se había hecho en la Compañía Nacional de Teatro Clásico; lo que automáticamente convierte el estreno en «un acontecimiento cultural», afirma Beatriz Argüello, responsable de la dirección de un montaje que supone el estreno de la 7.ª promoción de la Joven Compañía. Pero esta ausencia en la programación del Teatro de la Comedia contrasta con lo que fue esta comedia de enredo en su época. Si bien ha pasado desapercibida hasta ahora para directores y directoras de la casa, a pocos metros de allí, en la plaza de Santa Ana la estatua del propio Calderón (de Juan Figueras, siglo XIX) da fe de lo que debió ser la pieza en el pasado, pues una placa de bronce recrea esta historia en su base.

Y no es de extrañar que el pueblo capitalino rinda homenaje a una función que es extremadamente madrileña y a la que Argüello ha querido rendir tributo («una sorpresa», dice) con la fuente de los Caños del Peral, en Ópera: la comedia, heredera de «La dama duende», transcurre en el interior de una casa que es una metáfora de ese Madrid del siglo XVII «de calles estrechas, oscuras y llenas de recovecos», define la directora.

Una maquinaria teatral "perfecta"

Ese es el escenario de lo que Argüello señala como «una maquinaria teatral perfecta de ritmo preciso y musical» que comienza cuando Celia llega a la ciudad acompañada de Mosquito, su criado. Ambos huyen de la justicia tras haber matado a un hombre. «Todo es posible en estas comedias –comenta la directora–; y aquí, sus objetivos se verán desbaratados desde la primera escena». Por su parte, César ha viajado hasta Madrid porque ha recibido una carta de Celia –una de sus dos enamoradas– en la que le dice que se esconda en su casa, en el interior de una escalera, y poder así continuar en secreto su relación. «Y, como en otras obras», continúa Argüello, «Calderón confía de nuevo en los personajes femeninos. Celia es una mujer activa y transgresora que utilizará su ingenio para urdir un plan».

Sin embargo, los planes se complican con la llegada de Félix, hermano de Celia; momento desde el que se desencadena una serie de enredos que obliga los hermanos a abandonar la casa, dejando encerrados en ella al amante y al criado. Y la situación se vuelve aún más delicada cuando Lisarda, la otra mujer pretendida por César y hermana del hombre al que este ha dado muerte, se instala en la misma casa en la que ellos permanecen ocultos.

La lógica del trampantojo

Para Argüello, «Calderón lleva al límite el riesgo del juego del escondite y del querer descubrir lo oculto, lo encubierto... Hombres embozados mostrando solo ojos y mujeres tapadas mostrando solo labios. Todo parece lo que no es, o todo no es lo que parece». Una “lógica del trampantojo” en la que los personajes van fracasando una y otra vez en sus objetivos. La imposibilidad de conseguir lo que se proponen y el estar a merced de acontecimientos imprevistos, mantiene la función en vilo».

Así, el texto de Calderón, afirma África, «destaca por la minuciosidad con la que están ideados los detalles» de una trama en la que la adaptadora ha «intentado agilizar los diálogos y subrayar el carácter lúdico», para lo que se ha permitido «algunos guiños cómicos que dialoguen con nuestro presente, como la alusión al precio imposible de los alquileres o llamar ladrones a ciertos “amigos de lo ajeno” que a veces ostentan cargos públicos». Además, la autora pone el dedo en acentuar «la crítica de las normas imperantes sobre el honor, cuestionándolas y reivindicando el papel de la mujer como motor dramático».

  • Dónde: Teatro de la Comedia, Madrid. Cuándo: hasta el 26 de abril. Cuánto: desde 6 euros.