Hípica
Bariloche impulsa la adopción de caballos sueltos
Una de los enclaves turísticos más reconocibles del sur de Argentina trata de solucionar así un problema estructural
San Carlos de Bariloche, uno de los enclaves turísticos más reconocibles del sur de Argentina, arrastra desde hace años una problemática que contrasta con su imagen de destino natural: la presencia de caballos sueltos en calles y carreteras. Este fenómeno, vinculado tanto a usos tradicionales del caballo como a situaciones de abandono o tenencia irregular, ha generado riesgos para la seguridad vial y ha puesto el foco en el bienestar de los animales. Ante este escenario, el municipio ha puesto en marcha un programa de adopción responsable de equinos que introduce, por primera vez, un procedimiento claro para gestionar estos casos.
La iniciativa nace para cubrir un vacío normativo. Hasta ahora, la intervención municipal ante la aparición de caballos en la vía pública se limitaba a su retirada, sin un protocolo definido cuando no se identificaba a un propietario. La nueva herramienta establece un circuito completo de actuación que permite dar continuidad a la gestión de los animales y ofrece una salida legal y controlada a aquellos que quedan sin titular.
El contexto local explica la dimensión del problema. Bariloche, con cerca de 150.000 habitantes, mantiene una arraigada cultura ecuestre. El caballo ha sido históricamente un recurso de trabajo en zonas de difícil acceso, ligado a actividades forestales, ganaderas y, en los últimos años, también al turismo. Sin embargo, la falta de control administrativo sobre parte de la cabaña equina ha derivado en la presencia habitual de animales sin supervisión en espacios urbanos.
Argentina, además, cuenta con una de las mayores poblaciones equinas del mundo, con más de dos millones de ejemplares. En este escenario, ciudades intermedias como Bariloche registran tanto animales correctamente documentados como otros fuera de control registral.
Para abordar esta situación, el Ayuntamiento ha reforzado los medios del área de Sanidad Animal. Durante 2024 se incorporó un vehículo adaptado para el traslado seguro de equinos, lo que ha permitido intensificar las intervenciones desde su puesta en funcionamiento. Desde entonces, el equipo municipal ha realizado más de cuarenta actuaciones.
El programa se articula en torno a un protocolo definido. Cada equino capturado es sometido a una revisión veterinaria, desparasitación y registro. Si el propietario aparece, puede recuperarlo tras asumir los costes derivados y la correspondiente sanción. En ausencia de titular, el animal pasa a custodia municipal y se habilita su incorporación al sistema de adopción.
El acceso a este proceso está condicionado por requisitos estrictos. Los adoptantes deben acreditar instalaciones adecuadas con cierre perimetral, formalizar la tenencia mediante declaración responsable y registrar el equino en un plazo determinado. Además, se establece la obligación de presentar informes veterinarios periódicos y aceptar inspecciones aleatorias.
El funcionamiento del programa descansa en un equipo técnico que combina la atención clínica con la gestión operativa.
En este marco se sitúa el caso de "Coco", el primer caballo adoptado bajo este sistema. Cuando fue recogido, presentaba un estado crítico, con desnutrición severa, múltiples traumatismos y una herida cortante en uno de sus miembros posteriores. Su condición corporal evidenciaba un proceso prolongado de abandono.
Tras su traslado al predio municipal, inició una recuperación progresiva basada en tratamiento veterinario, suplementación y alimentación controlada. Una vez estabilizado y sin que apareciera ningún propietario que lo reclamara, fue incorporado al programa de adopción. Una familia interesada en la iniciativa decidió hacerse cargo del animal.
La adopción supone un cambio de escenario para el caballo, que pasa de una situación de desatención a un entorno con cuidados continuados y supervisión. Su evolución dependerá del manejo, la alimentación específica y el seguimiento clínico que reciba en esta nueva etapa, en la que el compromiso del adoptante resulta determinante. El caso de "Coco" constituye el primer resultado de una política que busca consolidarse como respuesta estructural.