Milán - San Remo
Pogacar conquista San Remo y sólo le falta Roubaix
El esloveno se impuso al esprint a Tom Pidcock después de sufrir una caída. Hha ganado ya cuatro de los cinco monumentos
Tadej Pogacar tenía dudas después de cruzar la línea de meta en San Remo. Se había dejado todo en la última recta, hundió la cabeza en el manillar y aceleró para quitarse de encima a Tom Pidcock. el único hombre que lo aguantó hasta el final. Atravesó la pancarta de meta, miró a su izquierda para ver dónde estaba el británico y recibió la confirmación de que acababa de ganar en San Remo. Es su cuarto monumento, el que más se le resistía, y ya sólo le queda ganar la París- Roubaix para completar los cinco del calendario mundial. Con el maillot agujereado, señal de que se había dejado el alma y algunos trozos de piel en el intento, por fin Pogacar puede disfrutar del triunfo en la Milán- San Remo.
Los otros tres ya los ha ganado varias veces, pero la Milán-San Remo se le resistía. En las dos últimas ediciones se había estrellado contra las piernas de Mathieu van der Poel, pura potencia que había sido incapaz de superar. Le faltaba dureza a la carrera, alguna cuesta más dura en la que poder dejar tirado al neerlandés. Para Pogacar era el tercer año en que desafiaba a Van der Poel. Entre los dos sólo habían dejado de ganar dos monumentos en los últimos tres años. Con este ya han ganado 16 de los últimos 18. Pero Pogacar quería la revancha en San Remo.
La cosa se complicó cuando llegó el tramo decisivo. Pogacar se fue al suelo antes de empezar a afrontar la subida a la Cipressa. También cayeron Van der Poel y Van Aert, con peor suerte que él. «Cuando me he caído he pensado que se había acabado todo justo en el momento más importante de la carrera», confesaba ya como ganador en San Remo. «Pero por suerte me he subido rápido a la bicicleta. No me había hecho mucho daño y la bicicleta, tampoco. Después he visto a Florian [Vermeersch] y a Felix [Grossschartrner] que lo han dejado todo para llevarme otra vez adelante.- He visto que las piernas estaban bien y han hecho un gran trabajo en la Cipressa», añadía.
Vermeersch y Grosschartner, con la ayuda de McNulty después, lo llevaron hasta el grupo para subir la Cipressa. Van der Poel tuvo que hacer la remontada en solitario. Y a Van Aert se le complicó la caída con problemas mecánicos. Pogacar intentó atacar en la Cipressa, convencido de que esta vez tenía que atacar antes que en ediciones anteriores para despegarse de Van der Poel, pero no pudo. Fue en el Poggio donde pudo por fin despegarse del neerlandés. Pero con ellos viajaba Tom Pidcock, más fresco. Mientras Mathieu se iba descolgando, Pidcock se agarraba a la rueda de Pogacar prometiendo batalla hasta el final. «En el Poggio iba a tope, pensaba irme solo, pero Pidcock estaba fortísimo», explicaba Pogacar.
Y tuvieron que jugarse la carrera en el esprint. «Tom es un tipo muy rápido. Todos lo sabemos, es rápido y está en forma. Tenía un poco de miedo cuando me dejó ponerme primero. Pero también sabía que no podía esperar demasiado porque probablemente tiene un golpe de pedal más fuerte que yo», contaba el esloveno «Pero al final sorprendí». Arrancó Pogacar cuando quedaban unos 300 metros y Van Aert, que se había marchado del grupo, asomaba por detrás. Pidcock inició la remontada, se puso casi a su altura, pero la rueda de Pogacar pisó antes la línea de meta.
Su equipo lo esperaba para felicitarlo. Y con ellos, su amigo Carlos Sainz, uno de los primeros en abrazarlo. El piloto español comparte entrenamientos con el esloveno en Mónaco, donde residen los dos. El abrazo se repitió en el podio. A Pogacar ya sólo se le resiste un monumento.