Ciclismo

La desgracia de Taaramae le hace perder el maillot rojo

El estonio se volvió a caer y pierde el liderato en favor de Elissonde. Philipsen gana su segunda etapa

Rein Taaramae perdió el maillot rojo en Albacete
Rein Taaramae perdió el maillot rojo en AlbaceteAlvaro BarrientosAP

«Espero aguantar el maillot rojo hasta la etapa de Alicante», confesaba Rein Taaramae en la llegada del martes en Molina de Aragón. Había sufrido una caída, pero en el espacio protegido de los tres últimos kilómetros, lo que le permitió mantener el maillot de líder. En Albacete no tuvo tanta suerte. En su segundo día de rojo sufrió su segunda caída, pero esta vez a once kilómetros de la meta. Su ilusión rodó por los suelos.

No imaginaba Taaramae que Albacete fuera el final de su liderato. «El jueves va a ser duro, hay un repecho de un kilómetro en meta y tendré que mantener la atención porque 30 segundos no es mucho», confesaba en Molina de Aragón. Pensaba en el Alto de la Montaña de Cullera como un posible final para su maillot rojo, no en la planicie de Albacete.

«Las rachas de viento pueden endurecer la jornada», advertía Escartín en su comentario en el libro de ruta. Sabe lo que dice por propia experiencia el ahora director técnico de la carrera. En Albacete el viento es tradición. Camino de la capital manchega la Once de Manolo Saiz dinamitó la carrera hace 25 años. La habilidad del equipo en los abanicos hizo que perdieran diez minutos aquel día dos de sus grandes rivales, Tony Rominger y Fernando Escartín. La Vuelta ya se había trasladado al verano, era la segunda edición que se disputaba entre agosto y septiembre y l esfuerzo tuvo premio para el equipo de Manolo Saiz, el triunfo en Madrid se lo llevó el suizo Alex Zülle.

«Me hubiera gustado batir a Rein sobre la bici, dando pedales y no así, pero no controlo todo lo que sucede alrededor», confiesa Kenny Elissonde, el nuevo líder de la Vuelta. Él marchaba delante en el pelotón cuando se produjo la caída. «Sabía que había esa posibilidad de corte o de caída», explica. Taaramae no tuvo tanta suerte. «Me da pena lo que le ha pasado, es buena persona y se le coge cariño, pero es lo que tienen los abanicos», asume el francés. Taaramae aún pudo lucir su sonrisa en el podio al recibir el maillot de la montaña que también lidera desde su victoria en el Picón Blanco.

““De nuevo fue un golpe de mala suerte, pero estoy casi bien, incluso mi ropa está de una sola pieza. En realidad, fue una mala idea estar delante porque la caída ocurrió cerca de la parte delantera y los que iban detrás se libraron pasaron. Yo quedé atrapado y tardé algunos minutos en volver”, confesaba el estonio al finalizar la etapa. “No estoy tan triste por perderlo. Lo habría perdido el jueves o el viernes, así que no es gran cosa. Creo que puedo defender más la camiseta de lunares que la de líder”, añadía.

Elissonde ya había tenido su momento de gloria en la carrera española cuando ganó en el Angliru en 2013. Aquella etapa le sirvió para conseguir su única victoria en una grande después de haber rozado el abandono unas semanas antes en Andorra. Aterido de frío y empapado, llegó el último cuando ya casi no se le esperaba. Pero se recuperó para ganar en la cima asturiana el mismo día que Chris Horner confirmó su victoria en la general ante Vincenzo Nibali. Se veía en aquel momento a Elissonde como una gran promesa del ciclismo francés, pero no ha vuelto a ganar desde entonces. Ahora recibe el premio de vestir de rojo en la Vuelta.

Un maillot al que aspira Mikel Landa, otro de los afectados por la caída. Pero Mikel, que apenas sufrió un rasguño en la pierna, sí pudo enlazar con los primeros. «Hay mucha tensión y todos queremos ir delante», asegura el ciclista del Bahrain, que se muestra «muy contento» con su rendimiento hasta ahora.

Menos suerte tuvo Mikel Nieve. No tiene nada roto, pero le costaba incluso andar cuando se bajó de la bicicleta. Llevaba tiritas en la cara, en la barbilla y en la ceja, vendadas parte de las dos piernas, y el brazo derecho. Sólo el brazo izquierdo lo llevaba desnudo, pero también con algunos raspones.

A Philipsen, el ganador en la meta de Albacete, no le sorprendió la llegada. Estaba preparado para viajar delante en el pelotón y para no cometer errores en el esprint. «Los abanicos son siempre posibles y si llegan tenemos que estar ahí», advertía en la salida. El martes por la noche, en el hotel, había analizado la llegada en Molina de Aragón en la que le superó Jakobsen. «Había algunas cosas pequeñas que no se hicieron bien», confesó. En Albacete no hubo errores y consiguió su segunda victoria.