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Fórmula Uno

La nueva F-1 se marcha al parón entre el caos, los cabreos y los accidentes

El hartazgo de los pilotos con las nuevas normas provoca una situación insostenible. Las nuevas reglas generan diferencias de velocidad que provocan situaciones muy peligrosas

Alonso, en el Gran Premio de Japón AFP7 vía Europa PressEUROPA PRESS

Cuando la empresa americana Liberty Media tomó el control de la Fórmula Uno, los más escépticos pusieron en duda que pudieran mejorar cualquier aspecto de la competición. La realidad es que no sólo lo han hecho, sino que han llevado el show a cotas nunca vistas en espectáculo, seguimiento y popularidad. Y, sobre todo, han logrado atraer a un público distinto y han abierto nuevos mercados. Sin embargo, en su intento por mantener esta línea ascendente, el cambio de reglamento técnico y la arquitectura de los coches para favorecer las luchas cuerpo a cuerpo y los adelantamientos está fracasando con estrépito. Es cierto que han escuchado las peticiones de los fabricantes de coches, que desean mayor presencia eléctrica, tal y como está demandando el mercado, con lo que la F-1 se puede convertir en un laboratorio de pruebas de alto nivel. Pero la gestión de la batería, la potencia y la aerodinámica activa han provocado un efecto contrario al que se estaba buscando.

Alonso ya describió los nuevos adelantamientos como maniobras evasivas porque, de repente, en comparación con la vuelta anterior o las curvas más recientes, el coche delantero se queda sin batería, desciende la potencia disponible y el monoplaza que le persigue corre mucho más. Pero no es una cuestión de destreza, valor u oportunidad. ¿Por qué se produce esta circunstancia? Cada piloto gestiona la potencia disponible a su manera. Unos tienen más equilibrio y más opciones y otros deben conformarse con lo que tienen. Es decir, hay partes del circuito que las puedes hacer con 900 caballos de potencia y otras con 850… y eso se nota en cuanto a velocidad. Esto provoca que muchos pilotos rueden a velocidades distintas y el diferencial, en ocasiones, es muy grande y, por tanto, peligroso. Y esto exactamente fue lo que ocurrió el pasado fin de semana en Suzuka.

En la vuelta 22, Oli Bearman se encontró con un diferencial de velocidad muy grande con el coche de Colapinto después de la curva Spoon. Debió esquivarle y chocó con el muro a gran velocidad. Los sensores marcaron 50G, una cifra muy alta. Todos los pilotos han sido críticos con esta nueva reglamentación técnica de los coches. Desde Verstappen, que incluso se está planteando la retirada visto el panorama, a Alonso, Leclerc o Sainz.

El madrileño fue muy claro en Dazn al término de la carrera japonesa: «Llevamos avisando los pilotos a la Federación Internacional de Automovilismo y a la FOM –empresa que define el calendario– que era cuestión de tiempo que un accidente así pasase. Espero realmente que la Fórmula Uno recapacite y los equipos no se pongan muy de frente, porque está claro que esta reglamentación tiene lagunas y problemas que hay que solucionar antes de ir a Miami y a otro tipo de circuitos».

Los pilotos ya han alertado de las diferencias de velocidad provocadas por el uso del «boost» que libera la máxima potencia. «Me da igual que vayamos medio segundo o un segundo más lentos por vuelta. Creo que, como categoría, tenemos que mejorar y estoy convencido de que si nos escuchan a los pilotos harán cambios», dice Sainz.

Para Alonso, las curvas han dejado de ser un desafío: «Desapareció un poco Suzuka, como desapareció también la curva rápida de Australia, donde veíamos siempre imágenes espectaculares. Desaparecerá Yeda, desaparecerá Eau Rouge y desaparecerán todas las curvas del campeonato», advirtió. «Es una nueva F-1 que te puede gustar más o menos, pero las curvas rápidas ahora son puntos de recarga», terminó.

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