
Empleo
"Quittoking", ahí te quedas: la renuncia laboral por redes
El fenómeno supone una transformación radical en la forma de dejar un empleo. Lo que antes era un acto privado se convierte en un espectáculo compartido a través de TikTok.

Duró menos de un minuto, pero cambió la forma de renunciar a un empleo. En 2021, se difundió en TikTok un vídeo que mostraba un local de McDonald’s en La Mesa (California), en el que sus empleados abandonaban el bloque su empleo. La filmación rápidamente se volvió viral y, a día de hoy, acumula más de 16 millones de visualizaciones. Este momento simbólico mostró el poder de las redes sociales para compartir actos de resistencia laboral e inspiró a muchos otros empleados a hacer públicas sus renuncias laborales. Para muchos, el vídeo fue un acto de liberación; para otros, una imprudencia… pero, sin duda, se trató de una reacción imposible de ignorar.
De esta manera, se daba el pistoletazo de salida a una nueva tendencia que, desde entonces, se ha extendido en todo el mundo: el «quittoking», o lo que es lo mismo, renunciar a un empleo en directo. Según un análisis de RH Brew, la tendencia «QuitTok», que agrupa muchas de estas renuncias en directo, se contabilizan más de 2.500 vídeos subidos, con un total acumulado de unas 82 millones de visualizaciones.
Pero, ¿qué es exactamente el «quittoking»? El término describe una tendencia viral en redes sociales, especialmente en TikTok, en la que un trabajador graba el momento de su renuncia y lo publica. Este fenómeno está creciendo sobre todo porque las redes han ampliado la forma en que hablamos abiertamente sobre el trabajo y nuestras experiencias profesionales. Hoy, los empleados están más informados que nunca sobre la cultura laboral, los límites profesionales y lo que implica.
Así, lo que tradicionalmente era un acto privado, contenido, se convierte en un espectáculo público. «Las malas experiencias en el trabajo que se comentaban únicamente con personas de confianza del entorno familiar o dentro de la propia empresa, ahora, se comparte públicamente como parte de conversaciones más amplias sobre salud mental, valores, desarrollo profesional y bienestar», expone Jasmine Escalera, experta en desarrollo profesional de Livecareer, una plataforma líder en creación de currículums y orientación profesional.
En su informe, «El quittoking: el nuevo arte de renunciar en directo en TikTok», que profundiza en el análisis de este fenómeno, recoge que, actualmente, el mismo va más allá de transmitir en directo la mera renuncia laboral. Así, en los contenidos más populares, los usuarios también denuncian otras malas prácticas laborales, como puede ser el maltrato a compañeros o clientes, así como culturas corporativas tóxicas.
Pero no todos los que renuncian lo hacen por motivos negativos. Algunos se van por un empleo mejor o para iniciar una nueva carrera. Aun así, se graban durante su salida y muestran una reacción positiva y comprensiva por parte de sus jefes. Los internautas pueden, además, encontrar en estos vídeos consejos sobre cómo dejar bien una empresa o cómo mantener un equilibrio sano entre vida personal y profesional.
Para entender mejor el «quittoking», conviene fijarse en otros fenómenos que le precedieron. Por un lado, está el «quiet quitting», o «renuncia silenciosa», que no suele implicar dejar un trabajo, sino reducir el compromiso, es decir, hacer solo lo estrictamente necesario, sin desgaste personal. No se trata de abandonar necesariamente el empleo, pero sí el trabajador deja de invertir más de lo necesario.
Por otro lado, destaca el «loud quitting», una renuncia ruidosa, con declaraciones, emociones, muchas veces dramatizadas ante compañeros y, a veces, incluso ante clientes o público.
El «quittoking» nace, pues, como una evolución de estas dos ideas. Y es que ya no basta con renunciar o hacer lo mínimo. Ahora, la renuncia se convierte en un espectáculo mediático.
Al contrario de lo que puede parecer, estas prácticas están lejos de ser anecdóticas. Y como muestra, un botón. Según datos recientes, en 2025, 3 millones de personas en España podrían haber renunciando voluntariamente a su empleo. En una reciente encuesta sobre «Revenge Quitting», o renuncias abruptas, recoge que cerca del 47% de empleados admitió haber abandonado un trabajo sin previo aviso como protesta ante un entorno laboral que consideraban tóxico o insatisfactorio. Estos datos apuntan a que la desafección, la pérdida de compromiso y las salidas repentinas se están volviendo cada vez más frecuentes.
«Generación Z»
El vídeo protagonizado por los empleados del McDonalds, además de una protesta, se convirtió en una llamada para muchos jóvenes que viven sus trabajos como algo pasajero, subvalorado o explotador. El mensaje que transmite es claro: «no tienes por qué aguantarlo; puedes partir, y contarlo».
Por este motivo, el «quittoking» conecta especialmente con la «Generación Z», nacida después de 1997, cuyo peso creciente en el mercado laboral está transformando la forma en que los jóvenes conciben el trabajo y la relación con las empresas.
Esta generación, que ha crecido con internet, no se identifica con los modelos tradicionales de empresa. Para quintas anteriores, una carrera estable era un camino hacia el éxito y la integración social. Para muchos jóvenes de hoy, el desarrollo personal pesa más que el profesional, y el trabajo pasa a un segundo plano cuando se trata de bienestar. Eso no significa que no quieran trabajar; simplemente sus prioridades son diferentes.
En España, según ManpowerGroup, el 86% de los jóvenes de la «Generación Z» quiere un empleo alineado con sus valores, y el 70% considera «muy importante» la estabilidad horaria y contractual a la hora de elegir un trabajo. La flexibilidad también es clave. Estudios como el de Randstad muestran que alrededor del 40% de los jóvenes «Z» abandona su empleo en menos de un año, a menudo por salarios insuficientes o falta de flexibilidad. Para esta generación, la autonomía, el bienestar y un entorno laboral saludable pesan tanto, o más, que la remuneración.
Equilibrio
Por tanto, valoran un entorno de trabajo sano e inclusivo. No les gustan las jerarquías rígidas y prefieren estructuras horizontales donde todos sean tratados por igual. También esperan respeto por el equilibrio entre vida personal y profesional, y son menos tolerantes con culturas empresariales exigentes o tóxicas.
«Los profesionales ya no solo priorizan aspectos como el salario o el cargo, sino que también buscan una cultura alienada con sus principios, un sentido de propósito y mayor flexibilidad», añade Escalera.
Para los empleados, el «quittoking» pone de manifiesto que el comportamiento profesional también tiene una dimensión digital, con todas las implicaciones que esto conlleva en términos de ventajas y riesgos. Compartir logros, aprendizajes o avances en la carrera profesional puede resultar muy positivo, fortaleciendo la marca personal y generando oportunidades, pero cuando se trata de renuncias públicas, es imprescindible abordarlas con prudencia y profesionalidad. Como advierte la experta de Livecareer, el contenido que se publica en línea puede permanecer disponible durante años y, por lo tanto, influir de manera duradera en la reputación laboral de quien lo comparte.
Sin embargo, los riesgos no se limitan únicamente a los trabajadores. Para las empresas, esta tendencia evidencia hasta qué punto está hoy expuesta la cultura de trabajo. Los empleados ya no solo transmiten sus experiencias en plataformas como TikTok, sino que también lo hacen en espacios de opinión profesional, como Glassdoor, donde cualquier comentario puede ser consultado por compañeros, candidatos potenciales o incluso clientes.
Por ello, la reputación de los empleadores se vuelve cada vez más transparente y sometida al escrutinio público. Las organizaciones deben asumir que la manera en que tratan a su plantilla y la cultura que construyen influye directamente en la percepción que los profesionales tienen de ellas y, por ende, en la visión que proyectan hacia sus clientes y el mercado.
En este contexto, invertir en un entorno laboral sano, coherente y seguro se vuelve más importante que nunca. La gestión de la cultura interna no solo tiene impacto en la motivación y la retención del talento, sino que también puede tener repercusiones sobre la seguridad de la información de la empresa. Incluso vídeos que parecen inocuos, como un empleado anunciando su renuncia, pueden revelar información sensible de la compañía, incluyendo políticas internas, detalles de proyectos confidenciales o prácticas estratégicas.
Para evitar que una insatisfacción laboral llegue a convertirse en un contenido público viral, las empresas, según Livecareer, deben garantizar una comunicación interna eficaz, responder rápidamente a las quejas y establecer mecanismos claros de resolución de conflictos. De esta manera, actuar con anticipación resulta fundamental para prevenir situaciones que puedan dañar la reputación de la organización o la confianza de su plantilla.
Comunidad
Estos vídeos difundidos a través de redes sociales se han vuelto tan populares que incluso han generado una comunidad en torno al fenómeno «QuitTok», acumulando millones de visualizaciones. Algunos usuarios han aprovechado esta visibilidad para convertirse en verdaderos influencers dentro del ámbito profesional, ofreciendo consejos sobre desarrollo de carrera o denunciando prácticas laborales poco éticas. Como señala Escalera, «el ''quittoking’’ no es solo una moda viral, sino que refleja un cambio profundo y duradero, porque las redes sociales ya forman parte permanente de la manera en que nos comunicamos en todos los ámbitos, tanto personales como profesionales».
Más allá de su dimensión mediática, el fenómeno pone de relieve una transformación de fondo en el mundo laboral: los profesionales reclaman mayor transparencia, exigen que las empresas rindan cuentas por su cultura y prácticas, y buscan ambientes coherentes con sus valores. Esta tendencia demuestra que las redes sociales no solo están modificando la forma en que se trabaja, sino también la manera en que se habla del trabajo, obligando tanto a empleados como a empleadores a adaptarse a un nuevo escenario de comunicación y responsabilidad compartida.
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