Coronavirus

El suspenso matemático de Simón: Sin cifras para controlar la pandemia

Cambios en el recuento. Desde el inicio de la pandemia, el Gobierno modificó hasta en ocho ocasiones los criterios a la hora de contabilizar los contagiados y fallecidos

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«Si los datos son malos, los análisis posteriores serán también de dudosa calidad». Es lo que repiten los expertos en matemáticas y estadística consultados por LA RAZÓN para analizar la metodología del Ministerio de Sanidad para informar sobre los casos de positivos, fallecidos y curados durante la pandemia.

Lo primero que subrayan es que la buena calidad de los datos es clave para «determinar las capacidades del sistema sanitario y para hacer modelos epidemiológicos ya sea tipo SEI, estocástico o bayesiano» y que, a día de hoy, al «no mantener la serie inicial de contabilidad es difícil hacer un análisis descriptivo de cómo evoluciona la pandemia». Desde el inicio de la crisis sanitaria, el Ministerio de Sanidad ha cambiado de metodología y añadido un sinfín de asteriscos en sus informes con el objetivo de aclarar imprecisiones o depurar los datos. Sin embargo, la falta de transparencia y explicación detallada de por qué se depuran los números conduce a una sensación de falta de rigor a la hora de informar. El último de los cambios se produjo el pasado lunes cuando el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, anunció una modificación en la serie histórica y en el caso de las defunciones se pasó 28.752 a 26.834, un ajuste que responde, entre otras cosas, a que a partir de ahora esos datos se dan por fecha de defunción, no de notificación. «Estas revisiones son comunes pero hay que mantener el conjunto de datos antiguos porque sino el modelo no es fiables», explican las fuentes consultadas por este periódico.

El Gobierno comenzó en febrero a informar a diario de los aún pocos positivos que notificaban las comunidades autónomas y a principios del mes siguiente incluyeron en la estadística también las altas que se iban produciendo. Las comunidades ya por entonces empezaban a reportar sus fallecidos por coronavirus y Sanidad también fue incorporando en sus informaciones diarias el número de pacientes que se encontraban en la UCI. No fue hasta la aprobación del real decreto de estado de alarma cuando el Ejecutivo estableció que las comunidades debían remitir a Sanidad la información epidemiológica, de situación de la capacidad asistencial y de necesidades de recursos humanos y materiales. Sin embargo, ya existía diferencia de cifras puesto que había comunidades, por ejemplo, que ofrecían sus datos de prevalencia de personas en UCI y no el total desde el inicio de la epidemia. El Gobierno modificó el 17 de abril el procedimiento de notificación de la información epidemiológica de las autonomías, que debía incluir el número total de fallecidos en cada una de ellas desde el pasado 31 de enero. Según la orden, que modificaba lo entonces vigente desde el 14 de marzo, las comunidades tenían que enviar los datos acumulados de casos confirmados de fallecidos por PCR –la prueba más fiable para detectar el virus– y por test de anticuerpos. Días después, el 24 de abril, Sanidad volvió a hacer cambios. Modificó el criterio del recuento total de casos positivos para considerar como tales solo los diagnosticados por PCR, en lugar de sumar también, como lo había hecho hasta ese momento, los detectados por test de anticuerpos. De esta forma, la cifra de positivos diarios comenzó a ser inferior al dejar fuera a los de los test de anticuerpos. El enésimo cambio llegaría a finales de abril cuando Sanidad volvió a informar de los casos totales que precisaban hospitalización y también de los que estaban en UCI –algo que no incorporaba desde hacía días– pero no la suma total de los nuevos, algo que sí empezó a hacer ya al día siguiente. Todos estos cambios y la ruptura de las series históricas han supuesto un verdadero caos para el análisis de la curva epidemiológica, lo que ha llevado a muchos expertos a abandonar sus estudios porque «los datos iban cambiando cada semana».

Preguntados por las dificultades para ofrecer una radiografía real de los casos y muertos, los expertos señalan dos fundamentalmente. Por un lado, el Ministerio de Sanidad no tiene apenas competencias, ya que están traspasadas a las comunidades y, por lo tanto, con el mando único decretado por el estado de alarma, dependía su información de las comunidades. Por otro lado, la pandemia ha puesto en evidencia las carencias de digitalización de la Administración Pública. «Si los registros no están digitalizados no se puede trabajar con esos datos», explican. Además, reprochan la presentación de la información a través de un formato .pdf cuando lo deseable sería un .csv. «Lo ideal es que hubieran desarrollado una API para poder consultar y descargar la información entre un intervalo de tiempo», explican. De hecho, existen países como Bélgica que cuentan con una web con toda la información sobre el coronavirus que actualizan diariamente. Los expertos critican, además, que no se incluya información agregada de contagios por sexo y edad para poder realizar modelos más completos y analizar la influencia de estos factores en la evolución de la enfermedad.