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Juicio

Así es Jésica Rodríguez, la primera testigo del "Caso Ábalos"

El Supremo inicia este martes un juicio con 13 sesiones, 80 testigos y miles de documentos para esclarecer las presuntas comisiones ilegales en los contratos de mascarillas adjudicados durante la pandemia

Jéssica Rodríguez, expareja de Ábalos, a su llegada al Tribunal Supremo para declarar como testigo EUROPAPRESS

El caso mascarillas entra este martes 7 de abril en su fase decisiva con el inicio del juicio en el Tribunal Supremo. Serán 13 sesiones, hasta el día 30, en las que desfilarán 80 testigos y se examinarán miles de documentos sobre las presuntas comisiones ilegales en los contratos de mascarillas adjudicados durante la pandemia de 2020 por un valor total de 54 millones de euros.

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En el banquillo se sientan el exministro de Transportes José Luis Ábalos, su entonces asesor Koldo García y el empresario Víctor de Aldama, acusados de delitos de cohecho, tráfico de influencias, malversación, organización criminal, uso de información privilegiada, falsedad y prevaricación.

La Fiscalía pide 24 años de cárcel para Ábalos, 19 años y medio para Koldo y 7 años para Aldama, cuya colaboración con la Justicia se considera atenuante. Además, Anticorrupción reclama multas de hasta 3,9 millones de euros, indemnizaciones a Ineco y Tragsatec, y el decomiso de 430.298 euros en ganancias ilícitas.

El caso, que estalló tras la detención de Koldo García hace más de dos años, provocó la salida de Ábalos del PSOE, su renuncia al escaño y su ingreso en prisión provisional, donde permanece junto a su exasesor por riesgo de fuga. El juicio coincidirá a diario con el del caso Kitchen en la Audiencia Nacional, lo que convierte abril en un mes judicialmente explosivo.

La Fiscalía sostiene que Ábalos, Koldo y Aldama articularon un “ilícito negocio”desde Adif y Puertos del Estado para adjudicar contratos a Soluciones de Gestión, empresa dirigida por Aldama, a cambio de comisiones económicas y beneficios personales.

Entre ellos, según el fiscal, pagos en efectivo, estancias en chalés, alquileres ventajosos y el abono de la renta de un piso para Jésica Rodríguez, entonces pareja del exministro. También se investiga la contratación de Rodríguez en Inecoy Tragsatec, donde cobró 43.978 eurosentre 2019 y 2021 sin desempeñar funciones, según el escrito fiscal.

Quién es Jésica Rodríguez

Jésica Rodríguez, expareja de José Luis Ábalos, se ha convertido en una de las testigos más relevantes del juicio. Su nombre apareció por primera vez en los informes de la UCO de la Guardia Civil, que la situaron como una figura vinculada al entorno personal y profesional del exministro durante los años clave de la investigación.

Rodríguez, entonces una joven estudiante de odontología de unos 20 años, acompañó a Ábalos en más de 15 viajes oficiales entre 2019 y 2020, cuando él dirigía el Ministerio de Transportes.

La UCO documentó estancias conjuntas en hoteles y desplazamientos internacionales, describiendo su relación como “particular”. En ese periodo, Rodríguez fue contratada en Ineco y Tragsatec, empresas públicas dependientes del Ministerio, donde percibió casi 44.000 euros pese a que, según el fiscal, “no desempeñó tarea alguna”.

Uno de los elementos más sensibles del caso es el piso de Plaza de España, donde Rodríguez residió durante dos años y medio. La Fiscalía sostiene que el alquiler, 2.700 euros mensuales, fue abonado por Víctor de Aldama a través de uno de sus socios, como parte de las contraprestaciones derivadas de los contratos de mascarillas. Aldama lo reconoció ante el juez.

Por su parte, Koldo García ofreció otra versión: aseguró que se trataba de un piso de empresa que Rodríguez solo utilizaba para dormir y cuyos gastos asumían los socios de Aldama, hasta que él mismo tuvo que hacerse cargo de los pagos, incluso recurriendo al dinero de su hija menor.

La relación entre Ábalos y Rodríguez se hizo pública en 2021, cuando fueron fotografiados en un asador de Segovia. Más tarde circularon imágenes en redes sociales que coincidían con la descripción de la joven. Hoy, Rodríguez comparece ante el Supremo como primera testigo del caso, con un cambio de imagen respecto a aquellas fotografías: del rubio al moreno.

Su testimonio será clave para esclarecer cómo se financiaron sus viajes, su vivienda y su contratación en empresas públicas, y para determinar si su presencia en el entorno del exministro estuvo vinculada a la presunta trama de adjudicaciones irregulares.