Cargando...

Crisis en Interior

Marlaska pospone su plan de salida de Moncloa

El ministro está en otra tormenta que le ata al Gobierno

Fernando Grande-Marlaska, en el Congreso EUROPAPRESS

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, lleva tiempo con ganas de poner punto y final a su etapa en el Gobierno, según admiten a este diario fuentes del Ejecutivo. Marlaska es, junto a María Jesús Montero (Hacienda), Margarita Robles (Defensa) y Luis Planas (Agricultura), el ministro que más tiempo lleva junto a Pedro Sánchez: desde 2018. Y en todo este tiempo ha tenido que lidiar con decenas de crisis que han mermado su ánimo. El caso de agresión sexual protagonizado, presuntamente, por el exdirector operativo de la Policía Nacional –uno de sus cargos políticos de máxima confianza– ha vuelto a poner al ministro en la diana.

Fuentes del Ejecutivo explican que esta crisis no hace otra cosa que posponer el plan de salida de Moncloa de Marlaska. «Uno, cuando quiere irse, aprovecha momentos de tranquilidad para que la salida no se vincule con el problema. Ahora es justo la situación opuesta» cuenta a este diario un destacado miembro del Gobierno.

Tanto el caso en sí como los ataques el PP han metido a Marlaska en una trinchera de la que no puede escapar. Además, el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, –con quien el ministro mantiene una gran relación personal–, es el primero que le retiene en el sillón.

Además, el papel del PP, según las fuentes consultadas, es otro de los motivos por los que Marlaska no saldrá por ahora de Moncloa. Aunque en verdad otras fuentes del Ejecutivo no descartan que esta crisis sea el epitafio político del ministro. Cabe recordar que el propio ministro comprometió su renuncia en el Congreso si la víctima de la presunta agresión sexual cometido por el número dos de la Policía no se ha sentido protegida o entiende que él le ha fallado.

«La ansiedad ha llevado al PP a precipitarse, porque basar la petición de dimisión en el hecho de que Marlaska conociera la situación antes de que las partes la trasladaran al ministerio es solo fruto de la ansiedad en la que viven el PP y Feijóo. Ese extremo no solo no está demostrado, es que las dos partes ya se han encargado de aclarar que no trasladaron al Ministerio la situación hasta el martes», sintetiza una fuente de Moncloa.

Como ya contó este diario, el ministro presentó su dimisión a Sánchez en mayo del año pasado, pero el líder socialista la rechazó. El detonante fue la compra de balas a Israel. Aquella crisis hundió personalmente al ministro, porque sintió que le metieron un gol dentro de su departamento que estaba pagando caro el propio Gobierno y el presidente. Pero Sánchez no quería otra sacudida y, por eso, le pidió encarecidamente que aguantara.

Poco después de esa crisis llegó el demoledor informe de la Guardia Civil contra Santos Cerdán. El ingreso en prisión provisional del ex «número tres» del PSOE fue otro duro golpe para la relación entre el presidente y Marlaska, que no logró información de la investigación. Ese fue el motivo por el que Sánchez, como desveló este diario en exclusiva, le afeó en un grupo de «WhatsApp» que comparte con todos los ministros que siempre son los «últimos» en enterarse de las revelaciones de la Guardia Civil. En ese momento, la situación política del ministro del Interior volvió a resentirse.

Fernando Grande-Marlaska camina sobre una cuerda cada vez más fina. En los pasillos de Moncloa ya no se discute si su figura está tocada, sino cuánto margen le queda. Si Pedro Sánchez decide pulsar en algún momento el botón de la crisis de Gobierno, el titular de Interior aparece en todas las quinielas para quitarse la camiseta de la coalición progresista. No es una hipótesis lejana: es una posibilidad más que real que forma parte de las conversaciones en voz baja.

Quienes han compartido trinchera con Marlaska recuerdan que el ministro tiene una red de seguridad. Su plaza en la Audiencia Nacional sigue ahí. Y ese regreso le ofrecería algo más que estabilidad profesional: la oportunidad de recomponer su historia. «Podrá reivindicar que sirvió a un Ejecutivo progresista y, al mismo tiempo, sostener que no cruzó determinadas líneas frente a la derecha», desliza alguien que conoció desde dentro los equilibrios de la coalición. En política, como en la judicatura, también cuenta cómo se escribe el epílogo. Aunque este caso, por su gravedad, tiene al ministro y a todo el Gobierno desconcertado. Moncloa, mientras, prosigue el control de daños y repite que actúa cuando conoce.