Elecciones en Extremadura
Una negociación envenenada: Guardiola inicia el deshielo con Vox
La candidata popular pondrá encima de la mesa su oferta de formar un gobierno de coalición
La semana que viene comenzará en Extremadura una negociación de lo más genuina. En la misma mesa se sentarán dos actores que no buscan beneficiarse. Tampoco es que dos partidos que se ven obligados a dialogar, porque las circunstancias así lo disponen, tengan que procurar lo mejor para la contraparte.
Pero es que, en el caso extremeño, el PP busca perjudicar a Vox y Vox busca, directamente, acabar con el PP. O, al menos, con su presidenta en esta región: María Guardiola. Némesis de Santiago Abascal. «Machista» o «feminazi» fueron algunas de las perlas que se dedicaron mutuamente en campaña. Ahora, llega la hora del entendimiento.
La victoria de Guardiola, con un 43,18% de los votos, «mayoría suficiente» –esto es, más escaños que toda la izquierda junta–, y una distancia de 17 puntos sobre el PSOE no le bastó para su verdadero objetivo: librarse de Vox. Antaño, en 2023, quedó para la antología de los cambios de opinión en política aquel transcurso del «no gobernaré con quien tira a la basura la bandera LGTB» a firmar una coalición en un lapso de escasos días.
Esta vez, la baronesa popular cambia radicalmente el paso de su estrategia anterior y, en el preludio, pone sus cartas bocarriba. Lo desvelaron este jueves fuentes próximas a la negociación. «Se ofrecerá a Vox entrar en el Gobierno para que puedan gestionar y asumir responsabilidades en base a lo que han pedido los extremeños en las urnas».
El PP extremeño es consciente de que la formación verde, desde su espantá autonómica hace año y medio, ha claudicado de cualquier responsabilidad institucional. Lo más probable, por tanto, es que diga que no. Una negativa que, piensan los populares, irá en su perjuicio. «Si no quieren gobernar le irá bien durante un tiempo, pero no todo el tiempo», dijo hace poco Alberto Núñez Feijóo en una entrevista en Servimedia.
El señuelo de Guardiola a Vox, para empezar, representa una enmienda a la totalidad a la promesa de Feijóo en el último congreso nacional del PP, donde la principal idea-fuerza del discurso de cierre fue que llegaría a la Moncloa en solitario. Pero los tiempos cambian y una cosa es la política nacional y otra, la autonómica. Con tres citas más a la vista, el PP quiere meter en un brete a Vox. Y si dice que sí, miel sobre hojuelas. Porque en Génova se ha instalado la teoría de que volverá a descender en la demoscopia en cuanto pise moqueta de nuevo.
Para la próxima semana, está previsto que Guardiola se reúna con Óscar Fernández, candidato territorial de Vox. Aunque, aseguran personas que conocen bien el funcionamiento interno del partido verde, «Vox va a mandar a Óscar a negociar sin poderes».
Llamativa fue la amenaza que, en campaña, esbozó Abascal si se daba un escenario parecido al actual y el PP necesitaba los votos de Vox, ya sea por la vía del «sí» o de la abstención, para una investidura. «Cambiar a la candidata». No está escrito que, en algún momento, la cuerda se tense tanto que la profecía resulte autocumplida.
Porque el ánimo de Vox no es, ni mucho menos, facilitar la reelección de Guardiola. En su voluntad está el que pague el más caro de los peajes. «Guardiola pensará que cierra algo con el candidato extremeño, pero hasta que no se siente con los de Madrid, nada de nada». La intención última, pues, es que acabe mirando al PSOE.