Las consecuencias del conflicto militar en Irán
Sánchez desempolva el "no a la guerra" para responder a las amenazas de Trump
"Nadie sabe con certeza qué pasará ahora ni están claros los objetivos de quienes iniciaron el ataque", ha explicado el presidente
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha desempolvado este miércoles el "no a la guerra" para responder a las amenazas de Estados Unidos y a su ofensiva en Oriente Medio en coordinación con Israel. El líder socialista ha comparecido para intentar fijar la posición de su gobierno en mitad del ruido geopolítico que sacude al mundo.
El presidente ha arrancado con un mensaje de solidaridad con los países atacados ilegalmente por el régimen de Irán y ha subrayado que la postura de España es la misma que ha mantenido ante la invasión rusa de Ucrania y ante la guerra israelí en Gaza: la defensa cerrada del derecho internacional y rechazo frontal a su quiebra. España, como potencia media, no puede permitirse otra posición.
Sánchez ha articulado su intervención sobre una triple negativa que ha buscado convertir en eslogan político con el que lograr rédito interno: no a la ruptura del orden jurídico internacional; no a la lógica de las bombas como único lenguaje y no a repetir los errores del pasado. Sánchez ha viajado dos décadas atrás y ha evocado de nuevo "el trío de las Azores" para diferenciarse de su predecesor. Aunque la situación es muy distinta.
La síntesis de todo eso ha sido el famoso “no a la guerra” que el PSOE hizo suyo durante su etapa en la oposición a José María Aznar. A su juicio, de la escalada en Irán no ha salido ni saldrá un mundo más justo, sino más incertidumbre económica y previsibles subidas del precio del petróleo y del gas para las que España ya se está preparando. Ese ha sido —ha defendido— el coste inmediato de un conflicto que el Ejecutivo ha rechazado por principios y por interés.
Sánchez ha detallado después la hoja de ruta del Gobierno tras la reprimenda de Donald Trump por impedir a Estados Unidos usar las bases militares de Rota y Morón en la ofensiva contra Irán.
En primer lugar, el presiente ha asegurado que España ha estado asistiendo a los ciudadanos que se encuentran en Oriente Medio -este martes aterrizaron 175 de los alrededor de 35.000 españoles en la zona- para garantizar su regreso y ha transmitido que “serán protegidos y volverán a casa”. En segundo término, ha explicado que el Ejecutivo ha estado estudiando escenarios y posibles medidas para ayudar a hogares, trabajadores y empresas a mitigar el impacto económico si la crisis se prolonga.
En tercer lugar, Sánchez ha reafirmado la voluntad de colaborar con los países de la región que han abogado por la paz y de trabajar con los socios europeos en una respuesta coordinada. Y, por último, el presidente ha insistido en que España ha seguido exigiendo cuando ha tenido voz un cese de las hostilidades y una resolución diplomática.
La palabra “exigir” no es casual; se trata de un intento de mostrar el peso moral del país. España -ha recordado- ha sido miembro de pleno derecho de la Unión Europea, de la OTAN y de la comunidad internacional, por lo que ha considerado legítimo reclamar a Estados Unidos, a Israel y a Irán que detengan la escalada antes de que sea demasiado tarde. “No se ha podido responder a una ilegalidad con otra”, ha advertido, porque así han empezado los grandes desastres de la humanidad.
Sánchez no ha eludido la condena al régimen iraní, al que ha acusado de reprimir y matar a sus propios ciudadanos, especialmente a las mujeres. Pero al mismo tiempo ha rechazado la deriva bélica y ha defendido que esta posición no ha sido ingenua, sino coherente con los valores e intereses de España. El Gobierno, ha asegurado, no ha estado dispuesto a ser cómplice de algo que ha considerado dañino por miedo a posibles represalias. Estados Unidos anunció este martes que suspendería las relaciones comerciales con Madrid.
El cierre de la intervención, desde Moncloa y sin periodistas, ha tenido un tono más político que diplomático. El presidente ha apelado al orgullo de pertenecer a un país que ha estado con los principios recogidos en la Constitución, con los valores fundacionales europeos y con la Naciones Unidas.
Sánchez ha reivindicado que España ha estado con la paz y la convivencia y que ha compartido esta visión con otros gobiernos y con millones de ciudadanos que han pedido menos guerra y más prosperidad. En ese marco ha querido situar a su Ejecutivo: del lado del derecho internacional frente a la lógica de la pólvora.
La memoria de Irak
El presidente ha apelado a la memoria de Irak. “Hace 23 años, otra administración estadounidense nos arrastró a una guerra en Oriente Medio”, ha recordado, para concluir que aquel conflicto “produjo el efecto contrario” al prometido y dejó “un mundo más inseguro y una vida peor”. Sobre el presente, ha sido tajante: “Lo que sí sabemos es que de ella no va a salir un orden internacional más justo” y que lo que ya se vislumbra es “más incertidumbre económica, subidas de precio de petróleo y también del gas”.
A su juicio, “es absolutamente inaceptable” que haya dirigentes que “usen el humo de la guerra para ocultar su fracaso y llenar de paso los bolsillos de unos pocos”. En el plano operativo, ha asegurado que el Gobierno “está asistiendo a los españoles y españolas que se encuentran en Oriente Medio” y que el servicio exterior y el Ejército “están trabajando día y noche para articular dispositivos de evacuación”.
Sánchez ha admitido que las operaciones de evacuación son “muy delicadas”, pero ha garantizado que va "a protegerles y traerles de vuelta a casa”. Además, ha explicado que el Ejecutivo “está estudiando escenarios y posibles medidas” para mitigar el impacto económico y que España cuenta “con los recursos necesarios para hacer frente también de nuevo a esta crisis”.