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Religión

San Pedro de Alcántara: el santo que cruzaba el río Tajo... andando sobre las aguas

Nacido en el seno de una familia pudiente de Alcántara, este fraile franciscano protagonizó asombrosos milagros, desde cruzar ríos a pie hasta hacer florecer una higuera de su bastón en tierra yerma

"Hermano, partid vos hacia Garrovilla, que nada por mi podéis hacer y yo solo retrasar vuestro camino puedo. Partid, que yo aquí espero la ayuda que mandéis al amanecer" Wikipedia

En 1499 nacía en la villa cacereña de Alcántara Juan de Sanabria, hijo de una de las familias más pudientes de la localidad. Tras dejar sus estudios en la Universidad de Salamanca, tomó los hábitos franciscanos en 1515 cambiando su nombre por el de Pedro de Alcántara.

Su vida, entregada a la contemplación, la penitencia y la caridad, quedaría marcada por numerosos prodigios que la memoria popular ha conservado hasta nuestros días.

Uno de los milagros más conocidos está ligado a la fundación del convento de El Palancar. Durante uno de sus viajes, el santo se detuvo en un paraje que consideró idóneo para levantar una ermita, sus compañeros franciscanos dudaban de que un lugar tan inhóspito pudiera sustentar vida alguna.

Para calmar su incredulidad, San Pedro clavó en el suelo mustio la vara que portaba. Ante el asombro de todos, del bastón brotó una hermosa higuera cuyos frutos, según la tradición, poseían propiedades milagrosas y curaban enfermedades, este árbol, hoy desaparecido, fue venerado durante siglos junto a una cruz de oraciones y una fuente de aguas también consideradas milagrosas.

El prodigio de la nieve y el paso del río Tajo

En otra ocasión, viajaba con un hermano franciscano por la Sierra de Gredos montado en su inseparable asno cuando una intensa nevada los sorprendió sin refugio. Mientras el santo se entregaba a la oración, la nieve respetó sus ropajes sin calarlos y formó a su alrededor un cobijo blanco que lo protegió del frío.

Las crónicas añaden que una legión de ángeles descendió del cielo para abrigarlo. La noticia del suceso se extendió y en aquel lugar se levantó una ermita, aunque cayó en el olvido tras la desamortización de Mendizábal.

Pero sin duda, el episodio más sobrecogedor ocurrió a orillas del Tajo, camino de Garrovillas, su compañero fray Miguel se lesionó un pie con una roca en la oscuridad. Ante la urgencia de los asuntos que requerían su presencia en el convento de San Francisco, fray Miguel le insistió para que partiese solo.

"Hermano, partid vos hacia Garrovilla, que nada por mi podéis hacer y yo solo retrasar vuestro camino puedo. Partid, que yo aquí espero la ayuda que mandéis al amanecer", le dijo el compañero.

San Pedro caminó por el bosque guiado por la luz de una hoguera donde encontró al barquero de la zona, le rogó que lo cruzara a la otra orilla. El barquero, extrañado, respondió despectivamente: "Padre, ya estáis en el margen izquierdo del río, váyase a dormirla".

Y así, sin comprender cómo, el santo llegó a su destino dando gracias. Al día siguiente, cuando fray Miguel preguntó al barquero, este negó haber cruzado a fraile alguno. "No hay más barca ni más barquero que yo, y andaba yo en el margen izquierdo y no lo pude pasar, mas apareció él en la noche, seco de ropa y cuerpo. ¿Cómo pudo cruzar?" La respuesta fue contundente: "Dios obró el milagro. Aquel que viste cruzar el río a pie no era otro que San Pedro de Alcántara".

El santo, que repetiría este prodigio en otras ocasiones sin ser consciente de ello, falleció en 1562 y fue canonizado en 1669.