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Naturaleza
El bosque mágico de Galicia que guarda una de las poblaciones de hayas más sorprendentes de Europa
En las montañas de Lugo se esconde un tesoro de más de 600 hectáreas donde conviven más de 170 especies vegetales

En las montañas lucenses existe un bosque que parece sacado de un cuento. Un lugar donde la luz se filtra entre troncos centenarios, el suelo cruje bajo una alfombra de hojas y cada estación transforma el paisaje en un espectáculo distinto. Ese lugar es la Fraga da Marronda, uno de los espacios naturales más singulares de Galicia y un ejemplo excepcional de bosque autóctono gallego en un estado de conservación prácticamente intacto.
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Situada entre los municipios de A Fonsagrada y Baleira, esta gran masa forestal ocupa más de 600 hectáreas de extensión en una zona de media montaña que oscila aproximadamente entre los 450 y los 925 metros de altitud, extendiéndose entre aldeas como A Braña, Fórneas, Mendreiras, O Real o Martín.
La magnitud y riqueza de este enclave natural la convierten en uno de los paisajes forestales más impresionantes del interior de Galicia, un territorio donde el bosque domina el horizonte y donde la biodiversidad alcanza una extraordinaria densidad.
Bosque único en Europa
Uno de los aspectos más sorprendentes de la Fraga da Marronda es que constituye uno de los límites suroccidentales del haya en Europa. Esto la convierte en una reserva de enorme valor ecológico, ya que los hayales suelen desarrollarse en latitudes más septentrionales o en zonas de montaña húmeda.
Bajo este prisma, no es casualidad que el bosque esté incluido en la Rede Natura 2000 y forme parte del geodestino Ancares–O Courel y de la Reserva de la Biosfera Río Eo, Oscos y Terras de Burón, espacios protegidos que reconocen su valor ecológico y paisajístico.
Más de 170 especies
Caminar por la Marronda es recorrer un auténtico catálogo de biodiversidad. En sus laderas conviven más de 170 especies de árboles y arbustos, lo que convierte este espacio en uno de los bosques más diversos del noroeste peninsular.
Entre los árboles más representativos destacan hayas, castaños, robles, acebos, abedules o sauces. A ellos se suman numerosos arbustos, líquenes, musgos, helechos y plantas silvestres que cubren el suelo forestal y completan un ecosistema extremadamente complejo.

Este mosaico vegetal sirve de refugio para una fauna igualmente variada. En el bosque habitan jabalíes, corzos, zorros, ardillas o jinetas, además de aves rapaces como el azor o el gavilán, sin olvidar especies como el cuco, la perdiz o numerosos pequeños mamíferos y reptiles.
Cambio a lo largo del año
Uno de los grandes atractivos de la Fraga da Marronda es su transformación a lo largo del año.
En primavera y verano el bosque se cubre de un verde intenso creando una bóveda vegetal casi continua. Con la llegada del otoño, el paisaje cambia radicalmente y el bosque se tiñe de amarillos, ocres y dorados, convirtiéndose en uno de los escenarios más fotogénicos de la montaña lucense.
En invierno, cuando el frío alcanza estas altitudes, la nieve puede cubrir las ramas y transformar el bosque en una imagen silenciosa y blanca que recuerda a los paisajes alpinos.
Senderismo y otras opciones
La Marronda no es únicamente un paraíso natural, sino también un destino perfecto para el turismo. Una de las formas más conocidas de recorrer este espacio es la Ruta da Marronda–Alto Eo, un itinerario que atraviesa parte del bosque y permite adentrarse en su interior entre hayales, robledales y castañares.
Otra forma de contemplar la fraga es desde la carretera LU-750, donde el bosque cae casi vertical sobre el valle del río Martín, formando un paisaje especialmente impresionante cuando el sol comienza a ocultarse al final de la tarde.
A pesar de su enorme valor ecológico y paisajístico, la Fraga da Marronda sigue siendo uno de los grandes secretos naturales de Galicia. Un bosque silencioso, profundo y lleno de vida que demuestra que, en el interior de la comunidad, todavía sobreviven lugares capaces de transportar al visitante a otra época en la que naturaleza permanecía casi intacta.
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