Naturaleza

El espectacular cabo de Galicia que separa dos rías y esconde playas, castros y baterías militares

Aquí el Atlántico y la historia se entremenzclan configurando uno de los paisajes más singulares del litoral gallego

Cabo Hudra
Cabo HudraTurismo Rías Baixas

Surge casi de repente, mostrando a los pies ese azul infinito que parece querer resumir toda la esencia del Atlántico. Es un pedacito de tierra en la península de O Morrazo; un espacio en el que un pequeño cabo se adentra en el mar y divide, casi como una frontera natural, dos rías diferentes. Allí, frente a las islas de Ons y entre acantilados y rocas, se abre Cabo Udra, uno de los paisajes más singulares del litoral de Galicia.

Este enclave, situado en el municipio pontevedrés de Bueu, marca el límite entre la ría de Pontevedra y la ría de Aldán. Hacia el norte, la costa continúa hacia Punta Cabicastro, en Sanxenxo, mientras que hacia el sur se abre la entrada de la ría de Aldán, creando un paisaje marítimo único en Galicia.

Cabo Udra es una pequeña península cuyas elevaciones apenas superan los 86 metros de altura. En su punto más elevado, el Monte do Castro, se esconden los restos de un antiguo castro prerromano, hoy casi invisibles entre la vegetación y las rocas, pero que recuerdan que este lugar fue ocupado desde tiempos muy antiguos.

El paisaje combina acantilados de altura media con pequeñas playas y calas que se abren entre las rocas. La costa presenta un trazado irregular, especialmente abrupto en su cara norte, donde los afloramientos rocosos caen hacia el mar formando espectaculares miradores naturales.

Cabo Hudra
Cabo HudraTurismo de Galicia

Más allá de su belleza, el cabo está protegido por su valor ecológico. Forma parte de la Red Natura 2000 como Zona Especial de Conservación y está integrado también en el entorno marino de las Rías Baixas, un reconocimiento a la riqueza de sus hábitats terrestres y submarinos.

Vegetación y fauna

La flora de Cabo Udra es sorprendentemente variada. Entre el matorral predominan los tojos marinos y los brezos de pequeño porte, que cubren amplias zonas del paisaje. Junto a ellos crecen especies como la angélica, el perejil de mar, la armería o el cardo marino.

También aparecen plantas características de los acantilados atlánticos, como la margarita grande de acantilado, la corregüela marítima o el jaguarzo blanco, además de numerosos líquenes que colonizan los roquedales expuestos al viento.

La riqueza del lugar también se aprecia en su fauna. Entre los reptiles destaca la presencia del lagarto ocelado, una de las especies más emblemáticas de los ecosistemas mediterráneos y atlánticos de la península.

Pero el auténtico espectáculo llega desde el cielo y el mar. Cabo Udra es un magnífico observatorio para aves marinas, gracias a su posición estratégica en la costa gallega. Desde sus acantilados es posible observar especies como alcatraces, charranes, págalos, araos o negrones comunes, además de las habituales gaviotas patiamarillas y cormoranes.

Entre los matorrales también se mueven aves como colirrojos, tarabillas o currucas, mientras que en el aire no es raro ver sobrevolar al busardo ratonero o incluso al halcón peregrino.

En el mar, la biodiversidad continúa. Las aguas que rodean el cabo son un hábitat habitual para delfines mulares y marsopas, que a veces pueden observarse desde tierra con algo de paciencia y unos prismáticos.

Huellas de la vida tradicional

El paisaje de Cabo Udra no solo habla de naturaleza. También guarda la memoria de quienes trabajaron este territorio durante siglos. Entre las rocas de Chan de Esqueiros todavía se conservan los llamados chozos, pequeñas construcciones utilizadas por los pastores en el siglo pasado para resguardarse del viento y la lluvia. Estos refugios se levantaban aprovechando los huecos naturales entre grandes rocas, integrándose casi por completo en el paisaje.

Cabo Hudra
Cabo HudraTurismo de Galicia

A lo largo de la costa también quedan restos de antiguas fábricas de salazón, como las situadas en las playas de Ancoradouro y A Mourisca, testigos de la intensa actividad pesquera que durante siglos caracterizó a las rías gallegas.

Pasado militar

Entre la vegetación del cabo también aparecen vestigios de un capítulo más reciente de la historia. Se trata de los restos de la Batería J-2, un cuartel militar construido durante el siglo XX como parte del sistema defensivo de la costa gallega.

Estas instalaciones formaban parte de una red de baterías similares situadas en lugares estratégicos como Monteferro, Cabo Silleiro o la península de O Grove. Estaban equipadas con cañones Munaiz Argüelles destinados a defender el litoral ante posibles ataques marítimos.

Hoy apenas quedan en pie el edificio de telemetría, un antiguo almacén, un depósito de agua y algunas estructuras abandonadas que recuerdan aquel pasado militar.