Naturaleza
El Mediterráneo secreto de Galicia: cuevas, encinas y paisajes únicos en el corazón de Ourense
Debe su nombre a la gran encina que durante siglos sirvió como referencia para los viajeros y hoy alberga la mayor red de cavidades subterráneas de Galicia
Hay paisajes en Galicia que rompen todos los esquemas. Espacios que, lejos de la imagen habitual de humedad, granito y verde atlántico, parecen trasladar al visitante a otro punto del mapa. Uno de ellos se encuentra en el oriente ourensano, donde el paisaje cambia de piel y adopta rasgos inesperados: encinas, tomillo, roca caliza y un clima que recuerda más al Mediterráneo que al Atlántico.
Hablamos del Parque Natural Serra da Enciña da Lastra, un enclave singular que no solo destaca por su belleza, sino también por su carácter excepcional dentro del territorio gallego. Aquí, la naturaleza juega a ser otra cosa.
El primer impacto llega con el propio entorno. Frente al dominio del granito que caracteriza buena parte de Galicia, en A Lastra mandan los suelos calizos. Este detalle, aparentemente técnico, lo cambia todo: desde la vegetación hasta la formación de cuevas y el propio clima.
El resultado es un paisaje de aire mediterráneo, donde crecen encinas —un árbol poco habitual en Galicia— junto a alcornoques, almendros o tomillares silvestres. El aroma del monte también cambia: el tomillo perfuma los prados y convive con más de 25 especies de orquídeas, configurando un ecosistema único en la comunidad.
Este carácter singular tiene incluso reflejo en el nombre del parque. Según la tradición, una gran encina servía de referencia a los viajeros que atravesaban la zona, convirtiéndose en símbolo del territorio y dando identidad a todo el espacio natural.
Mundo subterráneo
Pero si algo define a este parque es lo que ocurre bajo tierra. La Serra da Enciña da Lastra alberga la mayor red de cavidades subterráneas de Galicia, con cerca de doscientas cuevas —conocidas localmente como “palas”— que convierten este espacio en un referente para la espeleología.
Nombres como Pala da Zorra, Pala do Pombo o Pala de Tralapala esconden auténticos universos de estalactitas y estalagmitas, algunos con cientos de metros de desarrollo. En su interior habita también uno de los mayores tesoros biológicos del parque: importantes colonias de murciélagos, entre las más relevantes de España.
No es solo un espacio natural, sino también un enclave con historia. En estas cuevas se han encontrado restos arqueológicos que se remontan a la Edad del Bronce, lo que evidencia que este territorio ya fue habitado y utilizado por las primeras comunidades humanas.
Aves y grandes paisajes
Sobre la superficie, el espectáculo continúa. El parque es uno de los principales refugios ornitológicos de Galicia, con la mayor concentración de aves nidificantes de la comunidad. Águilas reales, halcones peregrinos y otras rapaces dominan los cielos, aprovechando los cañones y cortados que dibuja el río Sil a su paso por la sierra.
El propio río ha esculpido algunos de los paisajes más espectaculares del entorno, como el estrecho de Covas o los cañones que separan las montañas, generando gargantas abruptas y miradores naturales de gran impacto visual.
A ello se suman enclaves icónicos como los Penedos do Oulego, el barranco del Val do Inferno o los cortados de Pena Falcueira, que convierten la visita en una sucesión de contrastes y panorámicas únicas.
Recorrer la Serra da Enciña da Lastra es también una experiencia de viaje distinta. Las carreteras locales que conectan pequeñas poblaciones permiten descubrir el paisaje de forma pausada, mientras que las rutas a pie —algunas exigentes— abren la puerta a rincones ocultos que siguen siendo, en gran medida, un secreto bien guardado.
El centro de visitantes de Covas y Biobra ofrece además la posibilidad de profundizar en la riqueza geológica, natural e histórica del parque, convirtiéndose en un punto de partida ideal para entender todo lo que ocurre en este espacio singular.