Problemas de fe

Guillermo el Conquistador y Guillermo V… ¿el Creyente?

El príncipe de Gales rompe su silencio espiritual en un momento clave para su futuro como monarca y cabeza de la Iglesia de Inglaterra

El príncipe Guillermo
El príncipe GuillermoGtres

Durante años, el enigma de la fe de Príncipe Guillermo ha sido uno de los silencios más comentados -y menos comprendidos- de la familia real británica. A diferencia de su padre, Carlos III, o de su abuela, Isabel II, cuya devoción era pública y constante, el actual príncipe de Gales había mantenido una distancia casi hermética respecto a la religión. Hasta ahora.

El pasado 22 de marzo, en una revelación tan inesperada como estratégica al diario The Times, Guillermo confesó que también es creyente. Una declaración que llega en vísperas de su asistencia, junto a Kate Middleton, princesa de Gales, a la investidura del nuevo arzobispo de Canterbury el 25 de marzo. Un gesto que no solo es institucional, sino profundamente simbólico: el heredero al trono comienza a perfilar su papel como futuro líder espiritual de la Iglesia de Inglaterra.

Bautizado a las seis semanas de vida y confirmado a los 14 años, poco antes de la muerte de Diana de Gales, Guillermo nunca había articulado públicamente su relación con la fe. Fuentes cercanas aseguran que ahora busca "establecer un vínculo sólido y significativo con la Iglesia y sus líderes", consciente de que su destino no es solo político, sino también espiritual.

Vacío emocional

Sin embargo, la religión en su vida no puede desligarse del trauma. El 31 de agosto de 1997, en Balmoral, Guillermo y su hermano príncipe Harry despertaron con la noticia de la muerte de su madre en París. Aquella misma mañana, la familia asistió a la iglesia de Crathie Kirk. El sermón no hizo mención a la tragedia. El desconcierto fue absoluto.

El príncipe William durante el funeral de Lady Di.
El príncipe William durante el funeral de Lady Di.JOHN GAPS IIIAgencia AP

Harry recordaría años después aquel episodio en sus memorias, Spare, con una mezcla de incredulidad y vacío emocional. Las imágenes existen, pero los recuerdos no. Un silencio que, quizás, marcó la relación de ambos hermanos con la espiritualidad.

Guillermo, por su parte, ha reinterpretado ese momento con el paso del tiempo. En 2023, durante una visita a Escocia, habló de haber encontrado cierto refugio en aquel entorno. Pero nunca convirtió esa experiencia en un discurso de fe pública. Hasta ahora.

Su reciente declaración parece responder menos a una epifanía personal que a una necesidad institucional. En un contexto marcado por la enfermedad de su padre y de su esposa, y tras la desaparición de figuras clave como Isabel II, Guillermo parece asumir que el silencio ya no es una opción.

"Su compromiso con la Iglesia es más discreto de lo que se percibe", desliza un asesor. Tal vez demasiado discreto para una institución que vive de los símbolos.