Entrevista
Antonia San Juan, 64 años: "Aprender a no esperar nada de nadie me ha venido bien"
La actriz recibe el Premio Astarté de Honor Nacional del Festival de Cine de Ibiza, Ibicine
Con apenas 21 años decidió dejar atrás su Canarias natal para aterrizar en Madrid con la determinación inquebrantable de triunfar sobre las tablas. Hoy, a pocos meses de alcanzar los 65, Antonia San Juan atesora una exitosa trayectoria de casi medio siglo repartida entre la gran pantalla, la televisión y los teatros. Es precisamente esta herencia artística y su compromiso con la cultura lo que el Festival de Cine de Ibiza, Ibicine, ha decidido honrar otorgándole el Premio Astarté de Honor Nacional el próximo 11 de abril. Un galardón que la actriz recibe con una mezcla de orgullo y pragmatismo, pues no es de las que se detiene a contemplar sus propios éxitos con excesiva nostalgia. «Quiero dar las gracias porque siempre es grato recibir un premio, pero no soy de mirar hacia atrás. El pasado pasó, vivo el día a día mirando al futuro. El pasado es el cimiento de mi presente para seguir construyendo», confiesa a LA RAZÓN.
En las estanterías de su hogar no faltan reconocimientos, pero el Goya –pese a haber rozado la gloria con sus nominaciones como Mejor Actriz Revelación por «Todo sobre mi madre» (2000) y por el cortometraje «V.O.» (2002)– se le sigue resistiendo. Sin embargo, San Juan rechaza con firmeza la idea de reclamar un lugar en los premios más mediáticos de nuestra industria: «Nadie me debe nada. No tengo nada que reivindicar porque todo en mi vida está en orden».
Su explosión mediática llegó de la mano de Pedro Almodóvar, pero ella recalca que el prestigio de un nombre no sostiene una carrera si no hay una constancia feroz detrás. «Trabajar con él te convierte en icónica, pero luego hay que seguir trabajando», afirma con la experiencia de quien conoce bien los altibajos del oficio. Fiel a ese mantra de resiliencia, la actriz no se ha bajado de los escenarios ni en los momentos más oscuros de su biografía, manteniéndose activa incluso tras enfrentarse a un diagnóstico de cáncer de garganta el pasado año. Para ella, su profesión no fue una carga, sino el cordón umbilical que la mantuvo anclada a la realidad en pleno temporal: «Los focos nunca se apagaron, en ningún momento, o así lo sentí yo. No hubo un día de vuelta, porque nunca he desconectado del trabajo ni de lo social». Ese refugio en el trabajo fue, en sus propias palabras, su principal «antídoto frente a la adversidad».
"Los focos nunca se apagaron, en ningún momento, o así lo sentí yo"
Aunque prefiere «no entrar en detalles» sobre un proceso de salud del que está recuperada desde finales del año pasado, confirma que el psicoanálisis ha sido la brújula fundamental para navegar este y otros desafíos vitales: «Cada uno gestiona las etapas difíciles según las herramientas de las que dispone». En ese proceso de introspección y madurez, Antonia reconoce que la independencia emocional ha sido su gran coraza frente a la decepción: «Aprender a no esperar nada de nadie me ha venido bien».
Pequeños placeres
Modesta y ajena a los artificios de la fama, su única ambición es que el tiempo la recuerde simplemente como «una mujer trabajadora». Sus deseos de futuro abrazan los pequeños placeres de la vida: «Quiero seguir escribiendo y contando mis historias. Me gustaría hacer el Camino de Santiago, no porque sea creyente, sino porque me encanta caminar, disfrutar del paisaje, la gastronomía y conocer gente. También tengo ganas de ir a Japón». En cuanto al trabajo, tampoco tiene grandes pretensiones: «Quiero trabajar con directores a los que les guste mi trabajo».
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