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Sector agrícola
Banco Santander y el campo español: 5.800 millones para sostener la transformación agroalimentaria
La financiación crece un 8% y refuerza el papel del banco como aliado estratégico de un sector que invierte en innovación, digitalización y sostenibilidad

Presionado por diferentes y diversos factores, como son el cambio climático, la evolución de los mercados o la necesidad de mejorar su competitividad, el sector agrícola ha tenido que pisar el acelerador en la adopción de nuevas tecnologías para conseguir modelos de producción más eficientes y estrategias orientadas a la sostenibilidad.
El acceso a un tipo de financiación que conozca las particularidades del campo es clave para el éxito de este impulso. A lo largo del año pasado, Santander canalizó 5.800 millones de euros a empresas y profesionales del sector, lo que supone un 8% más con respecto al ejercicio anterior y la consolidación de la entidad como principal socio financiero para más de 425.000 clientes agro en todo el país. Pero este respaldo va más allá de la provisión de crédito: se trata de un acompañamiento integral que combina financiación a medida, asesoramiento especializado, presencia territorial y apoyo a iniciativas estratégicas a largo plazo.
Un sector estratégico en plena reconversión
El sector agrícola contribuye directamente al PIB y al empleo, además de sostener amplias cadenas de valor en el medio rural y desempeñar un papel esencial en el equilibrio territorial. Su evolución, no obstante, está marcada por retos complejos que incluyen la adaptación o supervivencia a fenómenos climáticos externos, la optimización del uso del agua y la energía, la presión de los costes, los cambios regulatorios, etc. Frente a este complejo escenario, las empresas han tenido que intensificar su apuesta en inversión I+D+i para incorporar maquinaria avanzada, sistemas de agricultura de precisión, tecnologías basadas en GPS, sensores y desarrollo de variedades vegetales más resistentes y eficientes.
Con estas herramientas, quienes se dedican a esta actividad pueden mejorar la productividad e ir avanzando hacia esquemas productivos más sostenibles sin comprometer la rentabilidad. Y aquí es donde entra en juego la financiación: modernizar una explotación requiere de una inversión considerable cuyo retorno será a medio plazo, lo que exige productos bancarios adaptados a los ciclos del campo y la realidad de sus cultivos.

Agro Smart: financiación con enfoque estratégico
El volumen de la financiación a lo largo del año pasado (5.800 millones de euros, un 8% más que en 2024) es un claro reflejo del compromiso sostenido de Santander con este importante sector. Destaca en su oferta el denominado Fondo Agro Smart, un producto diseñado para impulsar proyectos vinculados con el crecimiento, la sostenibilidad, la innovación, la digitalización y la creación de empleo.
Se trata de un crédito que va más allá de una inyección económica puntual. Es un fondo que se estructura como un acompañamiento durante las distintas fases de desarrollo de las iniciativas empresariales del sector agrícola, como puede ser la reconversión de fincas en campos de cultivo más rentables, la creación de nuevas líneas de negocio y la mejora de los procesos de producción. Con este enfoque, la entidad bancaria reconoce que la competitividad del sector no depende únicamente de la producción primaria, sino que requiere recursos financieros flexibles y conocimiento especializado.
Cercanía y especialización
La red de oficinas es otro de los elementos diferenciales que presta la entidad bancaria. Las sucursales especializadas en Negocio Agroalimentario están distribuidas por el territorio nacional y cuentan con equipos que conocen la dinámica productiva local, los calendarios agrícolas y los marcos de ayudas públicas. Así, pueden adaptar las soluciones financieras a las necesidades concretas de cada cliente.
El efecto de estas líneas de financiación y acompañamiento es, sin duda, una mejora potencial de la competitividad del sector. La adopción de tecnologías de precisión, la reconversión hacia cultivos más eficientes y la profesionalización de la gestión financiera fortalecen la capacidad de las empresas para operar en mercados a nivel global. Para las pymes, que son la mayor parte del sector, el acceso a estos créditos reduce muchas barreras y permite acortar la distancia tecnológica con respecto a empresas más grandes.
Apoyar al campo implica, en última instancia, sostener uno de los pilares de la economía española y contribuir al equilibrio territorial. La capacidad del sector para adaptarse a los nuevos desafíos dependerá, en gran medida, de su acceso a recursos financieros y conocimiento técnico.
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