Tensiones en Irán

Así es como el conflicto de Oriente Medio entre Estados Unidos e Irán podría hundir todas las economías del mundo

La influencia de esta confrontación en el mercado internacional ya ha afectado a ciertos recursos como la gasolina, el diésel, el gas y otros combustibles

El aterrador arsenal oculto de Irán: misiles a Mach 15, drones en enjambre y ciudades subterráneas que desafían a EE UU
Así es como el conflicto de Oriente Medio entre Estados Unidos e Irán podría hundir todas las economías del mundoIranian Army Office

El conflicto geopolítico que enfrenta a Estados Unidos e Israel contra Irán se ha intensificado en las últimas semanas con ataques directos a nivel militar. Tras los bombardeos iniciales contra instalaciones estratégicas en territorio iraní, Teherán respondió con oleadas de misiles y drones dirigidas contra bases militares y objetivos en varios territorios del Golfo, lo que ha elevado el riesgo de que el conflicto se extienda a otros actores de la región. En los últimos días también se han registrado otras ofensivas contra infraestructuras sobre rutas comerciales clave, mientras varios gobiernos piden una desescalada urgente para evitar que la guerra se convierta en una crisis internacional de mayor alcance.

La presión ya se deja notar en los mercados energéticos. El petróleo y el gas han registrado subidas por el temor a interrupciones en el suministro procedente del Golfo Pérsico, una de las principales arterias energéticas del planeta. El barril de Brent Crude Oil se sitúa en 89,880 dólares, un precio elevado aunque en las últimas horas ha experimentado cierta desaceleración ante la posibilidad de un freno temporal en la actividad militar. Aun así, el futuro del conflicto sigue siendo incierto. La gran incógnita es qué ocurriría si la confrontación escalara durante un periodo prolongado y con participación internacional. La pregunta que sobrevuela a los analistas es clara. ¿Podría una guerra en Oriente Medio afectar a la economía de todos los países?

El shock energético como eje del impacto internacional

El primer mecanismo que explicaría ese posible impacto global sería un fuerte shock energético. Si los combates se intensificaran los bombardeos en generadoras petroleras o gasísticas en la región, como la última ofensiva de Israel, el suministro mundial podría verse alterado de forma inmediata. Analistas energéticos advierten de que en un escenario de guerra abierta los precios del petróleo podrían dispararse incluso por encima de los 150 dólares por barril, mientras el gas natural también sufriría subidas abruptas. El resultado sería una oleada de inflación energética que encarecería el transporte, la producción industrial y los bienes de consumo en prácticamente todas las economías.

El Estrecho de Ormuz: punto clave del comercio petrolero

Un segundo factor crítico es el control de los puntos estratégicos del comercio energético. El más importante es el Estrecho de Ormuz, un paso marítimo estrecho por el que circula alrededor de una quinta parte del petróleo que se consume en el mundo. Se estima que cada día atraviesan esta zona más de 20 millones de barriles de petróleo rumbo a Europa y Asia. Si la navegación se viera amenazada por ataques, minas o bloqueos militares, los buques petroleros podrían dejar de atravesarlo o afrontar costes de seguro extremadamente elevados. Esa situación provocaría interrupciones en el suministro y un encarecimiento inmediato del combustible en los mercados internacionales.

Un escenario así podría provocar un shock energético comparable o incluso más grave que el vivido durante la Crisis del petróleo de 1973. Aquella crisis comenzó tras la Guerra del Yom Kippur, cuando varios países árabes limitaron sus exportaciones de crudo y el precio del petróleo se multiplicó en pocos meses, provocando inflación, recesión y racionamientos de combustible en numerosas economías occidentales. En la actualidad, la economía global es todavía más grande y dependiente de la energía, por lo que una interrupción prolongada del suministro desde el Golfo podría desencadenar un impacto económico incluso mayor.

El efecto dominó del encarecimiento energético

La crisis energética no se quedaría en el precio del petróleo. Un encarecimiento prolongado de la energía suele desencadenar un efecto dominó en la economía global. Las industrias más dependientes del combustible verían dispararse sus costes de producción, algunas fábricas reducirían actividad y las cadenas de suministro podrían volver a sufrir tensiones similares a las que se vivieron tras la pandemia. En un contexto de precios altos y menor producción, el crecimiento económico mundial se ralentizaría mientras aumentan los riesgos de recesión en numerosas economías.

El impacto financiero: el último eslabón de la inestabilidad

A todo ello se sumaría el impacto financiero. Los grandes fondos soberanos de los países del Golfo gestionan billones de dólares invertidos en empresas tecnológicas, infraestructuras, inmobiliario y deporte en todo el mundo. Si la inestabilidad regional se agravara, estos fondos podrían congelar inversiones o repatriar capital para proteger sus economías. El resultado sería una reducción del flujo de dinero internacional, proyectos paralizados y mayor incertidumbre en los mercados financieros. En conjunto, la combinación de energía cara, comercio alterado e inversión en retroceso podría convertir un conflicto regional en una crisis económica global.

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