Crimen

Un hombre paga el alquiler de un piso durante 20 años para mantener intacta la escena del crimen de su esposa: el caso por fin se resuelve

La detención de una mujer de 69 años en Japón vuelve a destacar un asesinato cometido en 1999, cuya escena fue preservada durante dos décadas por el viudo de la víctima

Namiko Takaba junto a su hijo Kohei Takaba y su marido Satoru Takaba
Namiko Takaba junto a su hijo Kohei Takaba y su marido Satoru TakabaSatoru Takaba/Via Jiji Press

El asesinato de Namiko Takaba, ocurrido el 13 de noviembre de 1999 en su vivienda de Nagoya, volvió a ocupar titulares en Japón tras la detención de una mujer de 69 años como presunta responsable del crimen.

La víctima tenía 32 años cuando fue hallada sin vida en su domicilio. En el interior de la vivienda también se encontraba su hijo Kohei Takaba, de apenas dos años en aquel momento, que fue hallado ileso. Durante más de dos décadas, el caso quedó sin resolver.

A pesar de las pesquisas realizadas en 1999, la investigación no logró identificar a un sospechoso y el caso quedó estancado durante años.

Un giro tras dos décadas de silencio

La reapertura del expediente y la aplicación de técnicas forenses más avanzadas, junto con nuevos estudios de material genético, permitieron revisar de forma minuciosa las evidencias custodiadas desde finales del siglo pasado. Ese análisis renovado del ADN resultó determinante para identificar a la sospechosa y proceder a su arresto.

Uno de los elementos más destacables del caso fue la decisión del esposo de la víctima, Satoru Takaba, de mantener intacta la escena del crimen. Durante 20 años asumió el pago del alquiler del apartamento donde ocurrió el asesinato, con el objetivo de preservar cualquier indicio que pudiera resultar útil en el futuro.

La vivienda permaneció cerrada y sin modificaciones, convertida en un espacio detenido en el tiempo a la espera de nuevos avances.

Según reporta la prensa japonesa, el viudo habría desembolsado alrededor de 22 millones de yenes (alrededor de 120.000 euros) a lo largo de ese periodo.

Además, repartió panfletos sobre el caso cerca de estaciones de tren junto a su hijo, ofreciendo declaraciones a distintos medios para evitar que el suceso cayera en el olvido y mantener la presión pública sobre las autoridades.

El marco legal también influyó en la evolución del proceso. Antes de 2010, el delito de homicidio en Japón prescribía a los 25 años. Sin embargo, una reforma del código penal eliminó la caducidad para los crímenes más graves, lo que permitió que la causa siguiera abierta cuando se cumplieron más de dos décadas del asesinato.

De acuerdo con las autoridades, la mujer detenida había coincidido en la escuela con el esposo de la víctima. Los investigadores apuntan a que podría haber actuado movida por sentimientos personales hacia él y resentimiento hacia la víctima.

Con la detención, uno de los casos sin resolver más prolongados del país ha entrado en una nueva fase judicial.

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