
Guerra en Oriente Medio
Dimite el jefe antiterrorista de EE UU por su oposición a la guerra
Joe Kent considera que Irán «no representaba una amenaza inminente»

El director del Centro Nacional de Contraterrorismo de Estados Unidos, Joe Kent, presentó este martes su dimisión en desacuerdo con la guerra impulsada por el presidente Donald Trump contra Irán, en lo que constituye la primera salida de alto nivel en el segundo mandato del mandatario por un desacuerdo en política exterior.
En un mensaje publicado en la red social X, Kent anunció que abandonaba el cargo “con efecto inmediato” tras concluir que no podía “apoyar en conciencia la guerra en Irán”. En la carta adjunta, el ya exfuncionario sostuvo que Teherán “no representaba una amenaza inminente” para Estados Unidos y aseguró que la decisión de iniciar el conflicto estuvo influida por “la presión de Israel y su lobby en Estados Unidos”.
La Casa Blanca reaccionó de inmediato. Trump calificó la dimisión como “algo positivo” y desestimó las críticas de Kent, a quien acusó de ser “débil en seguridad”. “Si alguien no cree que Irán es una amenaza, no queremos que trabaje con nosotros”, afirmó el presidente desde el Despacho Oval.
La renuncia se produce en un contexto de creciente controversia sobre los fundamentos del conflicto. Tras el inicio de los ataques, la Administración Trump justificó la ofensiva alegando la existencia de una amenaza inminente por parte de Irán, incluyendo posibles ataques contra fuerzas estadounidenses en la región. Sin embargo, informaciones presentadas por el Pentágono ante el Congreso contradijeron esa versión, al señalar que Irán no tenía planes de ataque inmediatos salvo en respuesta a una agresión directa.
Este contraste ha incrementado el escrutinio sobre el uso de inteligencia para justificar la intervención. En ese sentido, las declaraciones de Kent adquieren especial relevancia, dado su papel en la coordinación de información sobre amenazas terroristas y seguridad internacional.
El senador demócrata Mark Warner, vicepresidente del Comité de Inteligencia del Senado, coincidió parcialmente con el diagnóstico del exfuncionario. Aunque criticó posiciones previas de Kent, afirmó que “no existe evidencia creíble de una amenaza inminente que justificara precipitar a Estados Unidos en otra guerra en Oriente Medio”.
El caso también ha puesto de relieve divisiones dentro del propio movimiento que respalda a Trump. Si bien las encuestas muestran un amplio apoyo entre votantes republicanos —un 77% respalda los ataques contra Irán, según un sondeo de NBC News—, algunas figuras influyentes del entorno conservador han expresado reservas. Entre ellas destacan el comentarista Tucker Carlson y el podcaster Joe Rogan, quienes han cuestionado la estrategia exterior de la administración.
La figura de Kent añade complejidad al episodio. Exmilitar con más de dos décadas de servicio y once misiones de combate, también trabajó como oficial de la CIA antes de integrarse en la administración. Su perfil combina experiencia en seguridad nacional con un historial político controvertido, marcado por su cercanía a posiciones del movimiento MAGA y por polémicas relacionadas con teorías conspirativas y vínculos pasados con figuras de la extrema derecha.
Antes de asumir su cargo, Kent fue asesor de la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, y participó activamente en el debate político tras las elecciones de 2020. Durante su confirmación en el Senado, recibió críticas de legisladores demócratas, aunque finalmente fue ratificado por un margen estrecho.
Su salida deja vacante un puesto clave en la estructura de seguridad estadounidense, encargado de coordinar información sobre amenazas globales, incluidas organizaciones terroristas, redes criminales y actores estatales hostiles.
Más allá del impacto inmediato en la administración, la dimisión reabre un debate recurrente en la política exterior estadounidense: el uso de inteligencia para justificar intervenciones militares. Las comparaciones con la guerra de Irak, mencionadas explícitamente por Kent en su carta, han comenzado a reaparecer en el discurso público y político.
En paralelo, la justificación de la ofensiva por parte de Trump ha evolucionado con el tiempo. Inicialmente centrada en la protección de intereses estadounidenses y la prevención de amenazas, la narrativa ha incorporado también referencias al programa nuclear iraní, al respaldo de Teherán a grupos armados y, en ocasiones, a la posibilidad de un cambio de régimen, aunque esta última ha sido matizada por otros miembros de la administración.
En este escenario, la dimisión de Kent introduce un elemento adicional de incertidumbre. No solo por el vacío institucional que deja, sino por el cuestionamiento directo que plantea sobre la base del conflicto.
A medida que la guerra avanza, el foco se desplaza progresivamente desde el frente militar hacia el terreno político, donde las decisiones estratégicas comienzan a ser objeto de un escrutinio más intenso tanto dentro como fuera de Estados Unidos.
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