Perfil
Emmanuel Grégoire, el heredero incómodo que gobernará París
El candidato socialista tomó distancia de los aspectos más criticados de Anne Hidalgo sin renegar de su legado
París se ha dejado conquistar este domingo por un hombre de izquierda que, hasta ahora, se había movido entre bastidores del poder municipal y que hoy está sentado en la silla de alcalde: Emmanuel Grégoire. No es un outsider ni un fenómeno electoral repentino. Es, más bien, el producto paciente de una carrera construida desde dentro del aparato socialista parisino, con ambición calculada, rupturas estratégicas y una paradoja central: ser continuidad… sin parecerlo.
Nacido en 1977 y formado en el Instituto de Estudios Políticos de Burdeos, Grégoire pertenece a esa generación de figuras socialistas que crecieron a la sombra del poder local. Durante más de una década fue consejero de París y, sobre todo, primer adjunto de la alcaldesa Anne Hidalgo entre 2018 y 2024, una posición clave en la gestión cotidiana de la capital.
Ese cargo —discreto para el gran público, central para el funcionamiento de la ciudad— lo convirtió en el verdadero operador político del Ayuntamiento, encargado de negociar, ejecutar y sostener las políticas municipales.
Su salto nacional llegó en 2024, cuando fue elegido diputado en París, derrotando al entonces ministro Clément Beaune en primera vuelta, lo que consolidó su perfil político más allá del ámbito local. Pero su verdadero movimiento estratégico fue otro: lanzarse como candidato a la alcaldía sin el aval inicial de su propia jefa política.
La historia de Grégoire no se entiende sin su conflicto con Anne Hidalgo. Cuando la alcaldesa intentó imponer al senador Rémi Féraud como su sucesor, Grégoire desafió al aparato establecido y ganó la primaria socialista con más del 52,61 % de los votos. Este episodio de rebeldía marcó un punto de inflexión: dejó de ser visto como un simple heredero y se convirtió en un candidato autónomo, incluso incómodo para su propio campo.
La ruptura con la alcaldesa no solamente lo fortaleció, también le permitió construir un discurso propio: el de la “reconciliación de los parisinos”, una forma elegante de tomar distancia de los aspectos más criticados de la era Hidalgo sin renegar de su legado.
La hormiga discreta
A nivel de imagen pública, Emmanuel Grégoire no es una figura que domine las masas ni las apariciones en televisión. No tiene, por ejemplo, el perfil mediático ni la fuerza verbal de su principal rival de estas elecciones, Rachida Dati, pero eso no impidió que le arrebatara el triunfo.
Grégoire es más bien una hormiga laboriosa y discreta. Sus propios aliados lo describen como un hombre metódico, de estilo técnico y muy trabajador. Sus críticos le acusan de falta de ambición, de frialdad, pero especialmente, de prolongar una continuidad de 25 años de la izquierda, a la que le falta carácter para gerenciar una de las capitales del mundo.
En cuanto a su programa de gobierno, Grégoire se ha concentrado en tres ejes fundamentales que son, sin sorpresas, elementos clave de la tradición política de izquierda: vivienda, especialmente el costo del alquiler y la fuerte batalla contra los apartamentos turísticos; la transición ecológica, con más espacios verdes, más bicicletas y menos coches; y los servicios públicos urbanos, que incluirían sistemas de limpieza más modernos y meriendas gratuitas en las escuelas.
En el tema relativo a la vivienda, verdadero dolor de cabeza en París, Grégoire propone la construcción de 60.000 nuevas residencias sociales, la renovación de más de 200.000 viviendas y la lucha contra la especulación y los abusos del mercado. De hecho, Grégoire ha planteado la creación de una “brigada del alojamiento” para controlar irregularidades. Para sus adversarios, su política podría facilitar la ocupación ilegal de apartamentos y más aún, mantener la fuerte impunidad que reina en ese sector.
Grégoire también llega a la alcaldía con un primer gran incendio que apagar: el escándalo de agresión sexual en varios centros de actividades extracurriculares de París, contra doce niños de entre 3 y 9 años. Una sucesión de errores en la contratación de personal, acompañada de una falta de acción y un silencio doloroso, han ido destapando caso tras caso. En 2025, unos cuarenta animadores de escuelas parisinas fueron suspendidos por presunta agresión sexual contra menores.
Grégoire ha reconocido la gravedad del caso sin matices: lo ha calificado de “insuportable”, prometiendo que será el primer dossier que atenderá al llegar a la alcaldía. Sin embargo, ha tenido el cuidado de desmarcarse de una responsabilidad directa. Grégoire ha señalado que, como primer adjunto de Anne Hidalgo, no tenía a su cargo ni el reclutamiento ni la gestión operativa del personal de esos centros.
En conclusión, la victoria de Emmanuel Grégoire no es la de un líder carismático que arrasa, sino la de un equilibrio político bien construido: una izquierda suficientemente unida que supo alejarse de La Francia Insumisa - partido de la extrema izquierda cada más desprestigiado - y la evolución de un alcalde adjunto que se cocinó a fuego lento tras bastidores hasta hacerse inevitable.