
Oriente Medio
Israel redobla su ofensiva contra Hizbulá en Líbano con una nueva invasión terrestre y más bombardeos
“Hizbulá ha cometido el error monumental de atacarnos”, asegura el primer ministro Benjamin Netanyahu

En el segundo día desde la entrada del Líbano en la guerra, Israel ha dejado claro, si es que alguna duda hubo, de que la campaña contra Hizbulá será severa y prolongada. La ofensiva en suelo iraní no impidió que las Fuerzas de Defensa golpeara con dureza los feudos de la organización proiraní en el sur del Líbano y en la periferia de su capital, Beirut, al tiempo que se producía la entrada de nuevas tropas israelíes al norte de la Línea Azul que sirve de demarcación provisional entre los dos países.
La operación, que Tel Aviv espera que sea la definitiva, contra el Partido de Dios dejaba a al cierre de este texto más de 90 muertos, de acuerdo al balance de las autoridades sanitarias libanesas, y de 30.000 desplazados, según Naciones Unidas en un país exhausto que vuelve a convertirse en teatro bélico de una confrontación que por mucho lo rebasa.

Una vez más en la turbulenta historia de las dos naciones, un nuevo contingente de soldados israelíes cruzó ayer la frontera en una operación anunciada el pasado lunes. El ministro israelí de Defensa, Israel Katz, anunció ayer que su ejército se haría con “nuevos territorios estratégicos en el Líbano a fin de impedir ataques y proteger localidades israelíes fronterizas”, los cuales se suman a las cinco posiciones que las FDI ya controlaban desde el otoño de 2024 (y que no abandonaron desde entonces a pesar de la tregua en vigor entre Israel e Hizbulá desde el 27 de noviembre de aquel año). Además, las autoridades militares israelíes habían informado horas antes de la creación de una zona tampón en el sur del Líbano.
Así las cosas, las fuerzas israelíes volvieron a atacar desde el cielo distintos puntos del sur libanés y de la periferia meridional de Beirut, feudo en la periferia de la capital de la organización terrorista proiraní. En el curso de una visita a la base aérea de Palmachim, situada en el norte del país, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu anunciaba que sus fuerzas “continuarían respondiendo con una fuerza aún más grande y suplementaria”, según recogía el diario Yedioth Ahronoth. “Nuestros pilotos sobrevuelan en estos momentos el cielo de Teherán y el del Líbano. Hizbulá ha cometido un error monumental al atacarnos”, aseveraba el jefe del gabinete israelí en compañía de su ministro de Defensa, Israel Katz, y del jefe del Estado Mayor de las FDI Eyal Zamir.
Fuentes militares israelíes aseguraban ayer haber acabado en las últimas horas al sur de Beirut con alto mando de la Fuerza Quds de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Reza Khazaei, considerado “mano derecha” del responsable en la entidad iraní del reabastecimiento de armas de Hizbulá desde la República Islámica. Además, la aviación israelí bombardeó en la madrugada de ayer las sedes de dos de los principales medios de comunicación vinculados a Hizbulá, la televisión Al Manar y la radio Al Nour, ambos situados en los suburbios del sur de Beirut.
Pero la ofensiva israelí en el país levantino no sólo está teniendo como objetivo a Hizbulá, pues también han sido objetivo en las últimas horas fuerzas paramilitares como Yamaa Islamiya o Yihad Islámica Palestina. Uno de los bombardeos de las fuerzas israelíes destruyó ayer dependencias de la primera -la rama libanesa de los Hermanos Musulmanes- al norte de la localidad de Sidón, en el sur del Líbano. Mientras tanto, la Embajada de EEUU en Líbano, anunciaba ayer su cierre hasta nueva orden.
Después de más de un día sin reivindicar ningún ataque, la organización chií reclamaba ayer la autoría de cuatro lanzamiento de proyectiles en dirección a Israel y anunciaba haber abatido un dron israelí sobre los cielos de la localidad de Nabatiyé, en el sur del país de los cedros. Ayer, el vicepresidente del Consejo Político de Hizbulá, Mahmoud Qomati, afirmaba que su organización no tiene otra opción que “regresar a la resistencia”.
La ofensiva vuelve a hundir el ánimo de un país hastiado por una nueva guerra como de la que su territorio es escenario desde la madrugada del lunes. Al menos 30.000 personas se han visto obligadas hasta ahora a abandonar sus hogares en el sur y el valle de la Becá, adonde en los últimos meses y merced a la tregua en vigor decenas de miles de familias comenzaban a retomar sus vidas después de la severa ofensiva israelí contra Hizbulá de finales de 2024.
La nueva campaña israelí contra una Hizbulá agónica y en modo suicida vuelve a golpear el conocido como Dahiyeh, un suburbio de aluvión que acoge al grueso de la comunidad chií en el entorno de Beirut y donde la organización dirigida durante más de tres décadas por Hassan Nasrallah sigue concentrando gran parte de sus hombres y arsenal.
Horas después de que el Gobierno libanés anunciara la prohibición de las actividades militares de Hizbulá, el presidente del país de los cedros se reunía con los embajadores en Beirut del conocido como Grupo de los Cinco -EEUU, Francia, Arabia Saudí, Egipto y Qatar- y con la coordinadora especial de Naciones Unidas para el Líbano, Jeanine Hennis-Plasschaert, a fin de insistir que el uso de la fuerza en el país corresponde en exclusiva al Estado libanés y presionar a Israel para que termine cuanto antes una ofensiva cuyo final se atisba a esta hora lejano.
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