Caída de Maduro
Del palacio al infierno: la cárcel de apuñalamientos, gusanos y muerte que ahora encierra a Maduro
El Metropolitan Detention Center (MDC Brooklyn) ha cobrado relevancia en los últimos años por su mezcla de abandono institucional y violencia cotidiana
Nicolás Maduro pasará sus primeras noches bajo custodia estadounidense en uno de los centros penitenciarios más temidos de Nueva York. El Metropolitan Detention Center (MDC Brooklyn), una prisión federal enclavada en el corazón del distrito neoyorquino, es conocida menos por su arquitectura imponente que por las historias de violencia, abandono y degradación humana que se acumulan tras sus rejas.
Maduro fue ingresado en el MDC el sábado por la noche, apenas horas después de una operación militar estadounidense en Venezuela que culminó con su captura. Allí permanecerá mientras enfrenta cargos graves, entre ellos conspiración de narcoterrorismo, importación de cocaína y posesión de armas de guerra. El contraste entre el poder que ejerció durante años y la celda que ahora lo espera es brutal: el MDC es un símbolo del colapso del sistema carcelario federal en una de las ciudades más ricas del mundo.
La prisión no es ajena a nombres conocidos. Por sus pasillos han pasado figuras como Sean 'Diddy' Combs, la traficante sexual Ghislaine Maxwell, el estafador del Fyre Festival Billy McFarland y el cantante R. Kelly, condenado por abuso sexual infantil. Todos aguardaron juicio en un entorno que abogados, jueces e internos describen como "inhumano".
Muertes dentro de la prisión
Antes del juicio de Combs, su defensa alegó ante la corte que "las condiciones del MDC no son aptas para la detención preventiva". No era una exageración retórica. En los últimos años, al menos cuatro internos se han suicidado y varios han muerto de forma violenta. En 2024, Uriel Whyte, detenido por cargos relacionados con armas, fue apuñalado hasta la muerte dentro del centro. Las cuchillas improvisadas —fabricadas con fragmentos de las propias paredes de acero— circulan con facilidad entre los reclusos.
Un interno identificado solo como Eli relató a medios locales que los apuñalamientos ocurren "un par de veces por semana". Describió armas caseras de hasta veinte centímetros y escenas de brutalidad cotidiana: presos atacados en los ojos, peleas sin supervisión y guardias que llegan tarde, cuando llegan. Videos obtenidos por la prensa han mostrado cucarachas en la comida, luces rotas, moho en las duchas y una suciedad persistente que convierte cada comida y cada baño en un riesgo sanitario.
El deterioro no es nuevo. En 2019, más de mil presos quedaron atrapados durante días en celdas heladas tras un apagón en pleno invierno, sin calefacción ni electricidad. Jueces federales han llegado a amenazar con anular sentencias antes que enviar a acusados vulnerables al MDC. En un fallo reciente, el magistrado Gary Brown calificó el centro de "peligroso" y "bárbaro", citando asesinatos y agresiones que ocurrieron sin intervención oportuna de los custodios.
Se trata de un panorama crudo: falta de atención médica, problemas graves de saneamiento, gusanos en la comida y una violencia endémica. "Todo lo que puede estar mal en una cárcel, está mal en el MDC, y lo ha estado por mucho tiempo", afirman quienes conocen el centro por dentro.
Detenidos de alto perfil
Pese a ese historial, este sitio de reclusión tiene experiencia con detenidos de alto perfil. Allí también esperaron juicio figuras como Sam Bankman-Fried y Michael Cohen. Según exfuncionarios penitenciarios, Maduro será recluido inicialmente en una unidad especial, separada del resto de la población carcelaria, un régimen habitual para presos con notoriedad pública o riesgos de seguridad elevados. Compartirá prisión, al menos temporalmente, con otros acusados de alto impacto, como Luigi Mangione, imputado por el asesinato del director ejecutivo de UnitedHealthcare.
La llegada de Maduro al MDC se produce además en un contexto político explosivo. El presidente estadounidense Donald Trump relató públicamente los detalles de la operación que condujo a su captura, describiendo una redada fulminante en una residencia "tipo fortaleza", con puertas de acero y una sala de seguridad que el líder venezolano no alcanzó a cerrar.
Ahora, lejos de palacios y escoltas, Maduro enfrenta la justicia estadounidense desde una celda en Brooklyn. El MDC, con su mezcla de abandono institucional y violencia cotidiana, se convierte así en el escenario final —al menos por ahora— de una caída que muchos consideraban impensable. En ese edificio gris, marcado por el ruido metálico de las rejas y el olor persistente a humedad, el poder ya no ofrece protección.