Protestan en Irán
Las protestan en Irán ponen contra las cuerdas al régimen
El Gobierno iraní ha respondido al descontento del pueblo con represión y un apagón informativo
Nunca antes el régimen nacido de la Revolución Islámica de 1979 había sido contestado en las calles iraníes como en las dos últimas semanas. Lo que comenzó el 28 de diciembre como una protesta de un grupo de comerciantes del Gran Bazar de Teherán asfixiados por la penosa situación económica, pasó a movilización general antes de convertirse en desafío existencial para el régimen de los mulás. Como otras veces, los antecedentes más inmediatos en 2022 y 2023, Teherán ha optado por el mismo libreto de otras veces: la represión sin contemplaciones contra los manifestantes y el apagón informativo -no funcionan ya ni Internet ni los teléfonos móviles- hasta lograr contener la protesta y ganar nuevamente algo más de tiempo.
Sin embargo, hay evidencias de que el escenario es distinto al de ocasiones anteriores. La dureza esperada de las fuerzas de seguridad, que han acabado con la vida de al menos cuarenta personas y detenido a 2.000 más, según balance de la ONG HRANA, no han arredrado a los centenares de miles de iraníes que se vienen echando a la calle día tras días hartos de un régimen no sólo anacrónico en su autoritarismo y fundamentos ideológicos, sino que también hace aguas en su gestión cotidiana.
Los abundantes recursos naturales iraníes no le sirven ya ni para garantizar el suministro eléctrico o de agua, la escalada sin fin de precios ha empobrecido a sus clases medias y la corrupción no es ya disimulable. Además, el hundimiento en tiempo récord del 'eje de la resistencia' -financiado con dinero del Estado iraní durante décadas- indigna. Hay un momento -que ningún politólogo ni historiador hubiera previsto hace apenas tres o cuatro semanas, a pesar de que hacía tiempo que las proporciones de los ingredientes del cóctel eran ya perfectas- en que la historia se acelera. Y el miedo deja de ser un escollo insalvable. Y este ha llegado, al fin, a Irán.
La bandera monárquica, hasta hace poco un símbolo entre proscrito y arrumbado comienza a salpicar las manifestaciones como símbolo de cambio y democracia. Por el contrario, la de la República Islámica es arriada, como ocurrió anteayer en Mashhad. La toma de edificios públicos por parte de los manifestantes. Los gritos de "muerte a Jamenei" y de "viva el príncipe heredero". Tanto si la teocracia islámica logra sobrevivir a esta Primavera Persa que estalla tres lustros después de que lo hiciera en el mundo árabe también en un cambio de año la erosión de autoridad sufrida por el régimen marca ya un antes y un después en sus casi cinco décadas de historia. La suerte de la República Islámica está echada.
Tras el éxito de convocatoria de las protestas de este jueves, el líder supremo iraní y jefe del Estado, el ayatolá Alí Jamenei, volvía ayer a reclamar la palabra para asegurar que "no cederá" ante las protestas. Lejos de admitir las razones económicas, políticas y sociales del malestar popular, el líder iraní, de 86 años, pedía a sus fuerzas de seguridad que aplasten sin contemplaciones una revuelta protagonizada por "vándalos" instigados por intereses extranjeros.
"Un tipo que se sienta lleno de arrogancia, que se dedica a juzgar al mundo entero, debería saber que los déspotas y las arrogantes potencias del mundo acaban siendo derrocadas exactamente en el apogeo de su orgullo”, aseveraba Jamenei sobre el presidente estadounidense, al que acusa de ser el catalizador de la revuelta. Mano dura y nacionalismo, fórmula imbatible hasta ahora.
Un régimen vulnerable
Con la calle persa en su máxima agitación, la caída de la teocracia iraní es ahora una posibilidad real, aunque un cambio profundo en un régimen construido lenta y minuciosamente durante casi medio siglo requerirá mucho más que protestas callejeras. El analista político hispano-iraní Daniel Bashandeh cree que el régimen es ahora "vulnerable" y resume por qué estamos en un escenario distinto: "A diferencia de otras protestas, pueden identificarse cuatro factores clave: la amenaza de Estados Unidos; la pérdida de poder regional de Irán y el debilitamiento de sus aliados; reivindicación de Reza Pahlavi en varias zonas con protestas; y la rápida respuesta pública de Jamenei". "El líder supremo ha reaccionado en este caso con prontitud, enmarcando su discurso en la confrontación con Estados Unidos con el objetivo de cohesionar a sus partidarios, lo que puede interpretarse como un signo de urgencia y vulnerabilidad", añade el especialista hispano-iraní.
En medio del apagón, la noche del viernes será clave en la evolución de los acontecimientos. Por segunda jornada consecutiva, el príncipe heredero de la vieja monarquía persa, Reza Pahlavi, volvía a los iraníes a salir en masa a la calle desde su exilio en Washington DC. Está previsto que el hijo del último sha aterrice el martes en Mar-a-Lago para lo que espera sea su entronización simbólica ante Donald Trump y el mundo