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Cuando un amigo se va

Tiempo de lectura 4 min.

15 de septiembre de 2018. 20:51h

Comentada
Enrique Miguel Rodríguez Sevilla. 16/9/2018

Me van a permitir que le dedique mi pequeño homenaje, mi inmenso agradecimiento, mi recuerdo eterno a Manuel Garrido. Es posible que algunos se preguntarán «quién es este hombre». Sólo basta añadir que entre otras muchas actividades artísticas es el autor de las « Sevillanas del adiós». Para que inmediatamente a todos les afloren sentimientos parecidos a los míos, merece la pena recordar «Cuando un amigo se va», que es para el gran público el auténtico título. Pasó de ser una gran sevillana a convertirse en un himno que se hizo universal en la primera visita a Sevilla del Papa Juan Pablo II. Muchos recordarán aquel momento que en la fastuosa plaza del Triunfo, abarrotada, se empezó a escuchar a unos pocos que empezaron a cantar «Cuando un amigo se va». Las voces fueron creciendo hasta que miles de personas lo cantaban con un compás que solo en estas tierras andaluzas se puede producir. De pronto, se abre el portentoso balcón principal del Palacio Arzobispal y aparece el Papa solo y apoyado en la balaustrada se pone a oír aquel mensaje de amor que le canta Sevilla. Ver la cara de Juan Pablo era el reflejo de la felicidad. Posteriormente, la siempre recordada Paloma Gómez Borrero, que como es sabido tenía una gran cercanía con el Pontífice, contó en el programa de María Teresa Campos que el Papa le aseguró que había sido uno de los momentos más bellos de su Pontificado. Se aprendió la letra, incluso animó en alguna ocasión a Paloma a que se la cantara, cosa que ella no quiso hacer a pesar de ser una petición papal porque le causaban mucho respeto las sevillanas. Añadió que uno de los versos que más habían calado en Juan Pablo es aquel que dice «hay palabras que hieren, que no se deben decir». No me extrañó. En estos momentos tan agresivos que vivimos están mas vigentes que nunca. Otra de sus composiciones que pasó también a convertirse en himno fueron las sevillanas «Pasa la vida». Para mí además tenía doble connotación. Éste era el título del programa televisivo en el que yo trabajó por primera vez para «La Campos». Este título duró años porque Teresa siempre se resistió a cambiarlo. Decía con inteligencia que la letra te recordaba, y más en su profesión, en lo que no había que caer. Cierto es que los seres humanos tenemos una capacidad grande para borrar los «stop» que hemos puesto a nuestras vidas. En un artículo lleno de recuerdos y sentimientos quisiera contarles que a mi gran maestra, a mi gran amiga, no me gustaría verla transitando por los caminos profesionales en los que está en este momento. Ha sido única, lo ha conseguido todo y hay que saber bajarse en la parada adecuada. Seguir en el tren a toda costa no te lleva a ningún buen destino. Recuerdo que una de las más grandes estrella del cine universal, Bette Davis, en el ocaso de su legendaria carrera, insertó un anuncio en varios periódicos de gran tirada: «Madre de tres hijas, divorciada, estadounidense, 30 años de experiencia como actriz de cine. Conservo movilidad, más amable de lo que dicen, se ofrece para trabajo estable en Hollywood». Cuando los periodistas le preguntaron si lo necesitaba económicamente, ella contestó rotunda que «trabajo para estar viva». Otro reportero le preguntó que si con su grandiosa carrera no era ya suficiente gloria y ella, como en una de sus películas, apretando los dientes, respondió: «nunca es bastante». No quisiera ver a mi amiga en tan duro trance. Comprenderán porque me ha afectado tanto la muerte de Manuel Garrido. Afortunadamente Manuel tu estarás con nosotros siempre, acabo de oír «Pasa la vida» en la versión de Romero Sanjuán y he vuelto a vibrar como cuando hace más de 20 años escuché tus bellísimas sevillana por primera vez.

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