Medio Ambiente
Un escudo de séptima generación frente a los incendios
En una región densamente poblada como Madrid, proteger el medio ambiente no es un lujo ni un gesto simbólico
Hablar hoy de política forestal exige abandonar miradas simplistas. Durante décadas, la conservación del medio natural se ha entendido como sinónimo de no intervención, como si la mejor forma de proteger el bosque fuera dejarlo a su suerte. Sin embargo, el contexto actual —marcado por la acumulación de combustible vegetal y el aumento de incendios extremos— obliga a repensar esa lógica. En este escenario, el Plan de Impulso del Sector Forestal 2026-2030 se presenta como una apuesta valiente por una gestión activa y responsable del territorio silvícola de la Comunidad de Madrid.
Vivimos en una comunidad que cuenta con más masa forestal que nunca en su historia reciente. La superficie arbolada ha crecido de forma sostenida durante el último siglo hasta superar las 227.000 hectáreas, un dato que, lejos de invitar a la autocomplacencia, plantea nuevos retos de gestión. Un bosque más extenso y denso, si no se cuida adecuadamente, es también un bosque más vulnerable: a las plagas, a la falta de agua y, sobre todo, a incendios cada vez más intensos, rápidos e incontrolables. Son los llamados incendios de sexta generación, que no se apagan únicamente con más medios de extinción; se evitan actuando mucho antes de que aparezca la primera llama.
Es justo en ese marco donde surge el Plan Madrid Forestal, una estrategia que no se limita a sumar actuaciones, sino que propone una nueva filosofía ambiental y una nueva cultura del monte, con una concepción diferente, basada en criterios técnicos, con coordinación plena entre políticas de medio ambiente, agricultura, agua y emergencias, que exigen asumir que la prevención, aunque menos visible que la extinción, es siempre más eficaz y más justa. Y una idea sencilla, pero profundamente transformadora: gestionar el bosque no es degradarlo, es protegerlo. Y hacerlo bien es, hoy, una de las políticas ambientales más responsables que se pueden impulsar.
El Plan parte de una evidencia ampliamente contrastada: la necesidad de ordenar las masas boscosas, reducir densidades, mejorar la sanidad vegetal o crear discontinuidades en el paisaje no son agresiones al medio natural, sino medidas de autoprotección del propio ecosistema. Frente a la imagen del bosque intocable, se impone la del monte gestionado.
Pero la gestión forestal no puede entenderse de forma aislada. El verdadero salto cualitativo está en comprender el territorio como un sistema interdependiente. El bosque es biodiversidad, pero también es agua, suelo, paisaje, economía rural y seguridad para las personas. Un monte bien gestionado mejora la infiltración hídrica, equilibra la evapotranspiración, contribuyendo a la regulación de los recursos hídricos. También es más resistente frente a plagas y enfermedades y más seguro para quienes viven, trabajan o disfrutan de él.
En esta visión integral, y aún contando con el dispositivo más potente de Europa por hectárea de monte, la prevención de incendios deja de ser una política sectorial para convertirse en una auténtica infraestructura de seguridad ambiental. Herramientas como el pastoreo preventivo, donde contamos con un programa que ya suma más de 20.000 cabezas de ganado trabajando en las fajas cortafuegos de la región, rebajando el combustible disponible para que los medios de extinción puedan actuar cuando el fuego aparece, demuestran que es posible reducir el riesgo mientras se genera actividad económica y se fija población en el medio rural. Cuidar el monte también es cuidar a quienes lo habitan.
En una región densamente poblada como Madrid, proteger el medio ambiente no es un lujo ni un gesto simbólico: es una responsabilidad colectiva y una apuesta estratégica. Aquí, invertir en gestión forestal es invertir en futuro y adquirir un compromiso con la seguridad de los madrileños y la salud de sus paisajes. Nuestro Plan lo hace, con 160 millones de euros para contar con bosques vivos de verdad, resistentes, gestionados y vigilados, que no sean un museo que visitar, sino un lugar para disfrutar y del que poder vivir.
Nuestra ambición es proteger más y mejor nuestros bosques frente a la creciente amenaza de los incendios de “sexta generación”. Frente a ellos necesitamos impulsar políticas de séptima y proyectos de octava generación. El Plan Forestal, un escudo integral para el territorio, una nueva filosofía frente a los incendios y un modelo de cuidado del bosque para proteger la vida, el agua y el futuro, es ambas cosas.