Renovables y nuclear garantizan el suministro eléctrico durante el confinamiento

La demanda eléctrica ha caído por encima del 20% debido al parón industrial. El COVID-19, además, ha limpiado el mix. Más de un 75% de la demanda se ha cubierto con energías no emisoras de CO2. Pero, ¿cómo se garantiza en centrales críticas esenciales como las nucleares la producción y la seguridad de los trabajadores? Este mix tan limpio, ¿seguirá cuando se recupere la demanda?

El virus ha producido una fuerte caída de la demanda eléctrica. Los días de Semana Santa ha llegado a bajar un 16% respecto al año anterior. «Después de una inicial caída del 7,5% en la primera semana de confinamiento y una cierta estabilización en la segunda semana en torno al 10%, en los últimos días, desde el 31 de marzo, se ha registrado un descenso del 18,9%, comparado con el mismo periodo del ejercicio precedente. Además, hemos detectado detectado cómo la forma de la curva para esta época del año –con puntas de consumo por la tarde – está variando. La mayor actividad en los hogares se nota», escribe Beatriz Corredor, presidenta del Grupo Red Eléctrica (REE) en un artículo en Cinco Días.

Otra de las consecuencia es que el mix ha reducido sus emisiones de CO2 e impulsado la generación renovable. Según datos del operador del sistema (REE), «el 75,6% de la producción eléctrica procedió de tecnologías limpias. Las renovables han cubierto en algunos momentos hasta el 50% de la demanda y la nuclear, más o menos una cuarta parte de ella».

El coronavirus, además, está afectando (como en el resto de sectores) al modo de operar. Sobre todo, en las centrales nucleares. «Ascó I (Tarragona) y Almaraz-Trillo (Cáceres) han reprogramado sus recargas de combustible previstas para este mes. En el caso de Almaraz la recarga número 27 estaba prevista para el 29 de marzo y se ha suspendido suspendido hasta que las condiciones sanitarias lo permitan», explican desde Foro de la Indsutria Nuclear Española. Las recargas conllevan un montón de operaciones, hasta 9.000, que se realizan aprovechando la parada para reponer combustible y se hacen, en función de cada central, cada 12, 18 o 24 meses. Ya que hay que detener el reactor, se emplea ese tiempo (hasta 40 días) para pintar, hacer mantenimiento y mejoras de diseños. Estas actividades rutinarias suponen que el número de trabajadores que operan esos días en instalaciones como Almaraz llegue a los 2.500.

La reposición del combustible gastado sí se está llevando a cabo para seguir con la producción. Y es que estas centrales dan un servicio considerado esencial por el Gobierno. Además, la energía que generan es de las primeras que cubren la demanda por su estabilidad (la eólica y la solar producen cuando hay sol y aire.

Este martes empezaba el cambio en la central de Cáceres. «El 14 de abril se ha iniciado una parada de la Unidad I para para llevar a cabo estos trabajos, que tendrán una duración de 24 días y contará con la participación del personal mínimo esencial. Unos 250 trabajadores de empresas contratistas se incorporan a la planta. Entre otras medidas de protección de la salud, se ha asegurado el confinamiento previo de los profesionales, se controlará diariamente la temperatura a través de cámaras térmicas y se realizarán test rápidos al personal proveniente de zonas de riesgo», explican desde Almaraz.

Una operación rutinaria por la que, a grandes rasgos, «se sustituye un tercio de los elementos combustibles. Primero se para el reactor; luego se abre la vasija y se sacan los elementos desgastados para cambiarlos por otros. Como si se tratara de un tetris se van reponiendo por la parte exterior y sustituyendo los elementos del centro. En este lugar es donde se desgasta más, así que de esa forma se aprovecha al máximo. El combustible gastado quedará en las piscinas de la central», explica Jordi García Orellana, profesor de Física del Instituto de Ciencia y Tecnologías Ambientales de la Universidad Autónoma de Barcelona.

UN MIX ¿DEFINITIVO?

¿Qué pasará con este mix tan libre de CO2 cuando la demanda se recupere? «Hasta cierto punto es una crisis a corto plazo y algo meramente coyuntural porque el cambio no viene de la oferta. En cuanto baja la demanda es normal que las renovables ocupen más parte de la tarta. La nuclear es más o menos fija y está en la base. Las últimas en entrar son la hidráulica o el gas, centrales que tienen más fácil el apagado y encendido de la producción. Eso sí, en cuanto la demanda se recupere volverán a entrar las energías más emisoras. Sí puede haber una segunda derivada si para salir de la crisis se apuesta por primar una recuperación sostenible y ‘verde’. Sin embargo, nadie tiene ni idea de lo que pasará», opina Pedro Linares, del departamento de Organización Industrial de la Universidad de Comillas. Desde la Asociación de Empresas de Energías Renovables coinciden en esta visión coyuntural. «En marzo la mitad de la generación eléctrica ha sido renovable, pero hay que diferenciar entre el efecto coyuntural de lluvia y borrascas que ha impulsado la hidráulica y eólica, y el efecto más estructural de contar con mayor potencia renovable que permite aprovecharlo, gracias a las subastas de 2016 y 2017».

Por mucho que desde Europa y otras organizaciones defiendan la posibilidad de que la recuperación sea verde, hay señales que indican que estamos volviendo a las andadas en lo que a energía se refiere. China vuelve a quemar carbón para recuperar el músculo económico, mientras reabren sus fábricas. Algunas plantas ya han duplicado los niveles de producción y quema respecto a febrero, informan medios internacionales. «China ya tiene 99.7 GW de capacidad de carbón en construcción y otras 106.1 GW planificados. La recesión económica causada por COVID-19 corre el riesgo de aflojar aún más las inversiones en energía de carbón», alerta el Foro Económico Mundial.

El sector renovable también teme posibles consecuencias, sobre todo para el autoconsumo, un sector que empezaba a despuntar. «Experimentará un menor crecimiento debido a la muy posible recesión económica, que afectará a los principales clientes: industria y pymes», dicen desde Appa. En cuanto al futuro de la nuclear, se encuentra en un momento de debate. Sus defensores creen que es un pilar para dejar de emitir gases de efecto invernadero, y sus detractores recuerdan que hay otras consideraciones medioambientales de por medio. La disparidad de actitudes va desde el cierre, previsto en España entre 2027 y 2035, hasta seguir con la apuesta.

China, por su parte, tiene en construcción unas 50 unidades. «Muchas centrales, por ejemplo las españolas, están operando muy por encima del tiempo para el que fueron diseñadas y seguimos sin resolver el problema del almacenamiento de los residuos», matiza Orellana.