Movilidad
Coche eléctrico, más puntos de recarga, pero el mismo problema: 1 de cada 4 no funcionan
España cerró 2025 con 53.072 puntos de recarga de acceso público, un 37% más que en 2024. 16.340 cargadores están fuera de servicio
La electromovilidad avanza en nuestro país de forma lenta. Las ventas de coches cien por cien eléctricos siguen creciendo a buen ritmo, aunque todavía está por debajo de la media europea y, sobre todo, por lo previsto. Sin embargo, el proceso de despliegue de la infraestructura es todavía peor. La cifra, que a primera vista parece muy positiva, esconde sin embargo una realidad mucho menos optimista: casi uno de cada cuatro puntos instalados no funciona. En concreto, 16.340 cargadores están fuera de servicio, un 43% más que un año antes, lo que pone en cuestión la eficacia real del despliegue de infraestructura para el vehículo eléctrico del Gobierno.
Los datos, recogidos en el último Barómetro de Electromovilidad elaborado por ANFAC, confirman que 2025 ha sido el año con mayor número de instalaciones desde que se realiza este informe. Sin embargo, el crecimiento cuantitativo no ha ido acompañado de una mejora equivalente en operatividad, mantenimiento ni conexión a la red eléctrica, lo que convierte parte del esfuerzo inversor en una infraestructura meramente estadística. De hecho, si todos los puntos instalados estuvieran operativos, España contaría con 69.412 cargadores públicos. La diferencia entre la cifra real y la potencial refleja uno de los grandes fallos del modelo actual: se instalan puntos, pero no se garantiza su puesta en servicio ni su funcionamiento continuado.
El indicador global de electromovilidad, que combina penetración del vehículo electrificado e infraestructura de recarga, sitúa a España en 22,9 puntos sobre 100, tras avanzar 7,4 puntos en 2025. El dato permite recortar ligeramente la distancia con la media europea (35,5 puntos), pero sigue evidenciando un retraso estructural. Y, sobre todo, deja claro que el avance no se debe tanto a la red de recarga como al empuje del mercado de vehículos electrificados. El verdadero motor de la electromovilidad en 2025 fue el mercado. La penetración del vehículo electrificado creció 11,2 puntos, hasta alcanzar los 32,6 sobre 100. La reactivación del plan MOVES III en abril cambió de forma clara la tendencia, permitiendo que desde junio la cuota de electrificados se mantuviera por encima del 20%.
En otras palabras, cuando hay incentivos claros y previsibles, el conductor responde. Pero ese crecimiento no ha ido acompañado de una red de recarga acorde al ritmo de matriculaciones. El resultado es una paradoja cada vez más evidente: se venden más coches eléctricos, pero la infraestructura no avanza con la misma solidez, especialmente fuera de los grandes núcleos urbanos. A nivel europeo, España ha recortado cuatro puntos de distancia respecto a la media continental, pero sigue muy lejos de los países líderes. Noruega, Países Bajos o Alemania avanzan con modelos más coherentes, donde despliegue, operatividad y potencia de carga forman parte de una estrategia integrada, no de una simple suma de puntos instalados.
Mucha carga lenta; poca carga rápida
El problema no es solo cuántos puntos hay, sino qué tipo de puntos. El 70% de la red pública española sigue siendo de baja potencia (hasta 22 kW), lo que implica tiempos de recarga mínimos de tres horas. En 2025 se instalaron casi 10.000 puntos de este tipo, reforzando un modelo poco compatible con el uso del coche eléctrico como vehículo “para todo”.
La red de carga rápida (a partir de 150 kW) creció un 58% y alcanzó los 5.151 puntos, pero sigue representando apenas el 10% del total. Aunque el 71% de estos cargadores rápidos se sitúan en zonas interurbanas, solo suponen el 17% de la red interurbana, lo que limita seriamente los desplazamientos de larga distancia. La tecnología ya permite cargas superiores a 100 kW en la mayoría de los modelos actuales. El cuello de botella, por tanto, no está en los vehículos, sino en la planificación, la tramitación administrativa y la conexión efectiva a la red eléctrica. Madrid, Navarra y Cataluña lideran los indicadores de electromovilidad, con la capital destacando especialmente al acercarse a la media europea. Pero el mapa nacional sigue mostrando grandes desigualdades. Comunidades como Ceuta, Melilla o Canarias avanzan a un ritmo testimonial, mientras otras retroceden posiciones en el ranking.
Esta fragmentación territorial evidencia la ausencia de una estrategia homogénea a nivel nacional. La electrificación avanza allí donde hay recursos, coordinación y voluntad política, mientras se estanca en otras zonas, ampliando la brecha entre territorios. Desde ANFAC se insiste en que 2025 ha sido un año clave y en que la cooperación entre administraciones y sector ha dado frutos. Es cierto que se han superado por primera vez las 100.000 matriculaciones de turismos eléctricos en un año, pero también lo es que la experiencia del usuario sigue siendo irregular y, en muchos casos, frustrante. La proliferación de puntos fuera de servicio, la escasez de carga rápida y la lentitud en los procesos administrativos minan la confianza del consumidor. Sin una red fiable, visible y operativa, el coche eléctrico seguirá siendo percibido por muchos como una opción condicionada, no como una alternativa real al vehículo de combustión.
2026, como señalan desde el sector, debería ser el año de pasar de los anuncios a la ejecución. No basta con instalar más puntos: hay que asegurarse de que funcionen, de que carguen rápido y de que estén donde el usuario los necesita. Porque, de lo contrario, la electrificación corre el riesgo de convertirse en una carrera de cifras… sin llegar nunca a la meta.