El buen salvaje
Begoñistas
Bolaños defendiendo a Begoña durante su viaje a China es un Fu-Manchú acariciándose las puntas de las uñas
Con cada nuevo caso de presunta corrupción política aparecen periodistas y tertulianos que dan la sensación, falsa, de que se han sacado un título exprés de Derecho contra el fascismo de tribunal. Me maravillo de lo mucho que culturiza y educa la trinchera. Lenguaje jurídico, lecciones sobre cómo instruir un caso, opiniones sobre lo que está o no probado antes de juzgarse, una genial verborrea y una sintaxis compleja llena de frases largas y farragosas que nos llevan por un camino de sopor y desvergüenza. Son los palmeros que conocen, como si lo hubieran parido, los vericuetos oscuros del juez Peinado y que hacen el trabajo sucio al Gobierno, embarrado en defender a la mujer del jefe porque de su honra depende el futuro. Esto es como la ceremonia del pañuelo de las gitanas, con un bote de tomate frito por si acaso.
El magistrado de la Kitchen, sin embargo, se queda corto. Algunos todavía están cavilando cómo enlazar a Feijóo y a Francisco Martínez. ¿No hay ninguna foto en un barco, aunque sea creada por Inteligencia Artificial? Tiene bemoles. La plantilla ideológica se coloca en el caso que uno decida y sale a pagar o a devolver hostias. Por eso en estos días de tribunales hediondos nos engancha el culebrón de los Ábalos y Koldos. Lo primero, por las fascinación capilar de encontrar al que era un Mr Proper de libro convertido ahora en un gigante con flequillo y, también, por su lenguaje cutre que se entiende a la primera. Puta 1 llamando a Puta 2. Cambio.
Bolaños defendiendo a Begoña durante su viaje a China es un Fu-Manchú acariciándose las puntas de las uñas, un Gargamel crecido en la democracia del engaño. Pasa lista cada mañana para comprobar que todas sus piezas se han movido en la dirección correcta. Con cuatro frases se desarma a un juez y se le deja en puñeteras pelotas pero, como bien dice el presidente del Gobierno, en ese conjunto de obviedades que son sus ruedas de Prensa, el tiempo pondrá a cada uno en su sitio. Menos a él.