Quisicosas
El burka como posibilidad europea
Hemos luchado tanto para ser libres y tantísimo por la igualdad que me resulta humillante la escena
Cubrirse es una obligación por la que hemos pasado muchas reporteras. A veces entraña un simple pañuelo y otras un chador (taparse el cuerpo entero, dejando libre el rostro), un nicab (sólo los ojos descubiertos) o un burka (cobertura completa, como en Afganistán). Recuerdo haberme caído en Quom, ciudad sagrada de Irán, porque tanta tela no es fácil de administrar. Me tropecé en la acera y acabé en el suelo, admirando la pericia de las locales. Pero en Persia sólo se lleva chador en entornos muy religiosos y, en aquel caso, yo iba a entrevistarme con un ayatolá, un clérigo chií de mucha autoridad.
Ahora bien, Europa es distinta. Mi continente es el de la libertad griega, la ley romana, la revolución francesa y el humanismo cristiano. Aquí he llegado a ver hombres completamente desnudos paseando tranquilamente por el centro de Madrid en los días del Orgullo. ¿Por qué siento tanta perplejidad cuando diviso a algunas saudíes caminando por mi ciudad como fantasmones negros, detrás de sus maridos? Hemos luchado tanto para ser libres y tantísimo por la igualdad que me resulta humillante la escena. Confieso que no la soporto, me rebelo ante la posibilidad de que mi hija presencie semejante espectáculo.
El Corán aconseja modestia y recato en la mujer, pero la interpretación de este mandato es muy variada. La cosa es controvertida en nuestros países occidentales, porque no permitimos otras prácticas que sí amparan otros países, como la poligamia. Mahoma tuvo varias mujeres y también los judíos antiguos, pero aquí entendemos que eso es contrario a la dignidad femenina.
Se ha producido una interesante circunstancia ahora. El PSOE admite el burka, en defensa de la libertad religiosa consagrada por la Constitución, y la derecha de PP, Vox y Junts quieren prohibirlo. Aducir razones de seguridad (que taparse el rostro dificulte las labores policiales) es complicado, porque ni los pasamontañas ni los antifaces están limitados en España.
A las cristianas nos da pavor que se prohíba a las monjas usar toca o a los creyentes llevar una medalla o cruz claramente ostensibles -como ocurre en Francia entre los funcionarios, que no pueden exhibir símbolos religiosos- pero a muchas nos espantan el nicab o el burka.
El debate no es fácil y nada ayuda que Junts coincida con Vox y PP, pero se niegue a votar su propuesta diciendo que los de Abascal son "un partido anticatalán, antifeminista y en contra de los derechos humanos". El partido de Puigdemont ha presentado -y es completamente incoherente- otro proyecto de ley prácticamente idéntico.
¿Qué es más democrático, prohibir como en Francia o permitir como en Alemania? De verdad que no consigo establecer si deben flexibilizarse las islámicas europeas o debo flexibilizarme yo.
