La situación
Campaña a la desesperada
«Si el resultado final es negativo para el PSOE, no se le podrá sermonear, porque su tarea es ciclópea»
Nadie, ni en su partido ni fuera de él, podrá reprochar a María Jesús Montero que no se esfuerce para evitar que su candidatura pase a la historia como el ejemplo de una hecatombe electoral el 17 de mayo en Andalucía. Montero ha aceptado –sin desearlo– el martirio al que la ha conducido Pedro Sánchez, después de haber sido su número dos en todo: gobierno y partido.
Montero ha optado –quizá porque no tiene alternativa– por lanzar una campaña a la desesperada desde la propia convocatoria electoral, casi dos meses antes de la votación. Es así porque tiene poco tiempo y mucho territorio por reconquistar. Es así por el empeño de Sánchez (y quizá de la propia Montero) de no soltar la vicepresidencia del Gobierno hasta el último día posible, en la creencia de que ese oropel le serviría para engrandecer su candidatura, cosa que los sondeos no reflejan, de momento.
Entretanto, Juan Manuel Moreno ha optado por todo lo contrario: cadencia lenta frente a las prisas de Montero, voz templada frente a los clamores de Montero, campaña en aparente pausa frente a continuos actos a cara de perro de Montero. Y pintoresca estrategia nominal: Moreno se hace llamar Juanma, para humanizarse, como si fuese el vecino de la esquina; Montero le llama Moreno Bonilla, como si fuese un árbitro de fútbol y para desactivar el posible efecto-colega del «Juanma»; y Abascal (de nuevo opacando a su candidato, como en las demás comunidades) hace una gracieta sin gracia alguna, y bautiza como Moruno a Moreno. Qué chispa…
Los estrategas electorales tienen diferentes criterios sobre cómo deben desarrollarse las campañas, dependiendo de las circunstancias políticas de cada momento concreto. Se puede considerar que Montero no tiene otra opción que lanzarse a una campaña a tumba abierta. Puede salir bien, pero también podría ocurrir que la campaña se le haga demasiado larga, que sus argumentos se desgasten por el camino y que llegue desfondada a los últimos días, porque se quede sin resuello. Pero, si el resultado final es negativo para el PSOE, no se le podrá sermonear, porque su tarea es ciclópea.